‘‘Monsieur Chocolat’’

Dentro de la selección del Tour de Cine Francés, El señor Chocolate (Monsieur Chocolat; Francia, 2016) es la película con más posibilidades de llegar a todo tipo de público; la biografía de Rafael Padilla Chocolat, un esclavo cubano convertido en payaso célebre en el París de la Bella Época, combina la reconstrucción de un talento original, una tragedia personal, con una mirada al colonialismo de entonces a través de situaciones que espejan el racismo y las crisis migratorias de hoy en día.

Parte del atractivo del trabajo del realizador Roschdy Zem, actor de origen marroquí y rostro muy conocido en el cine francés, es su habilidad para dirigir escenas con pulso académico sin sacrificar la espontaneidad emotiva de sus personajes. Por más que la crítica francesa se diga poco convencida del resultado de esta superproducción, no hay un solo momento en que Chocolat (Omar Sy) deje de sentirse auténtico. Aunque se presienta una dimensión nefasta, como la de Edith Piaf (La môme) o la de La Venus negra, la frescura del niño nunca se empaña; una mayor dosis de truculencia con El señor Chocolate resultaría insoportable, como pornografía infantil.

Es clave la aportación de James Tierrée en el papel de Foottie, el payaso decadente que descubre a Rafael Padilla en un circo de mala muerte, y que logra reinventarse como artista formando un dúo con este negro indocumentado que asustaba a los niños con su imagen de caníbal encadenado.

Foottie funge como el Pigmalión de Rafael, y juntos revolucionan la imagen del clown con la creación de dueto sadomasoquista que va del Gordo y el Flaco hasta Vladimir y Estragón (Beckett). Artista de circo, director de teatro y músico, Tierrée es nieto de Chaplin; y aquí se halla a cargo de la coreografía de los números de Foottie y Chocolat; toma tiempo captar el arte de Tierrée, la cinta merece verse con detenimiento para apreciar el esfuerzo arqueológico que requirió desenterrar (en el sentido de entender y apreciar) el material documental de los hermanos Lumière, quienes filmaron a la pareja de cómicos. Sorprende el trabajo que desarrolla con su propio cuerpo y con el de la pareja; los números funcionan simultáneamente desde la mirada del público de entonces y con la perspectiva del actual; público que admira la plasticidad de la coreografía y enrojece con la humillación del sujeto negro.

El tema de la vergüenza es clave en El señor Chocolate, Roschy Zem no elabora discursos con ella, sólo hace que el espectador la comparta con los protagonistas desde diferentes ángulos. Un par de escenas retrospectivas muestran al niño esclavo antes de la guerra americana con Cuba, viendo a un mayordomo negro –probablemente el padre de Rafael– humillándose para hacer reír a los amos blancos. O en la medida en que la fama de Monsieur Chocolat crece y recibe patadas en el trasero, la vergüenza se desparrama por doquier; sólo que cada quien reacciona de maneras diferentes, el público del circo ríe con más fuerza y otros se hacen más sádicos.