Mural de Gerardo Montagno en el Colegio Militar

Por estos días, cuando la palabra militar es sinónimo de animadversión para algunos, y las obras murales nos remiten invariablemente a “los tres grandes” (Rivera, Siqueiros y Orozco), el artista Gerardo Montagno plasmó al fresco cuatro de las sedes históricas del Heroico Colegio Militar, rindiendo además un “discreto homenaje” a otras figuras del muralismo: El Doctor Atl, Francisco Moreno Capdevila, Jorge González Camarena y Saturnino Herrán.

Así, las sedes de los colegios militares: Fuerte de Perote, en Veracruz (1823-1828); Castillo de Chapultepec (1833-1849), ahora Museo de Historia Nacional; Popotla (1920-1976) y Tlalpan (de 1976 a la fecha), quedaron inmortalizados en el fresco que le tomó a Montagno (Ciudad de México, 1964), cuatro meses de labor.

La creación artística se llama Historia de los colegios militares a ojo de águila, misma que se puede visitar todos los jueves a partir del mediodía en el Heroico Colegio Militar 1-C de Tlalpan, mediante visitas guiadas. El mural de 70 metros cuadrados está desplegado en cuatro paredes, un par de ellas miden 6.70 por 1.90 metros, en lo que respecta a Tlalpan y Perote; y de 8.60 por 1.90 los referentes a Chapultepec y Popotla, situados al centro.

Historia de los colegios militares a ojo de águila se ubica a lo largo de un pasillo en el área de Intendencia, en la Sala de Trofeos del Colegio; conforme indica su título y explicara el pintor, posee como figura clave a un águila –símbolo de los colegios militares– que emprende el vuelo del antebrazo de un cadete en El Fuerte de Perote, haciendo un recorrido cronológico de los recintos hasta llegar a Tlalpan y ser recibida por dos cadetes (un hombre y una mujer).

Cada colegio se representó desde un ángulo distinto respecto al resto, y en los colores y pinceladas de los cielos se conjuga el tributo hacia los muralistas citados. De esta manera, el de Perote (que solía ser un fuerte), se ve desde una vista aérea, dominado por un cielo en tonos azul y ocre que hacen alusión al trabajo de Gerardo Murillo, el Dr. Atl (1875-1964).

El de Chapultepec, es observado por Montagno desde la parte posterior donde se presume que el cadete Juan Escutia, envuelto en la bandera tricolor se lanzó al barranco durante la invasión de los Estados Unidos a nuestro país, el 13 de septiembre de 1847, cual símbolo de aquella histórica defensa nacional con los también jóvenes soldados irlandeses del Batallón de San Patricio. Ahí, el cielo desgrana tonos rojos y azulados, haciendo referencia al trabajo de Francisco Moreno Capdevila (1926-1995).

El de Popotla se mira desde un costado, con montañas y cielos más dramáticos en sublimes coloraciones naranja y ocre, referencia al trabajo de Jorge González Camarena (1908-1980);  y el cuarto de la actual sede en Tlalpan, de frente y con horizontes en rosa, morado y violeta, su homenaje estético a Saturnino Herrán (1887-1918), el artista que Montagno admira más. Y explica:

“Busqué distintas tomas de los Colegios para que no quedaran todos de frente, yo le mostré mis ideas al general Arturo Romo, director de Intendencia en el área donde queda el mural; también al general brigadier André Georges Foullon Van Lissum, director del Heroico Colegio Militar, y llegamos a un punto de acuerdo. Pero donde sí me impuse un poco fue en los colores de los cielos, quería dejar algo con un significado muy mío y rendir homenaje a esos geniales muralistas, más allá de los ‘tres grandes’.

“Para mí este trabajo al fresco tiene un gran significado porque creo que se ha perdido el amor al muralismo, y es en buena parte porque las instituciones lo han descuidado”, expresó el pintor, egresado de la Escuela Nacional de Artes Plásticas del INBA en 1985, y exalumno de Pedro Hernández, discípulo de Diego Rivera.

El mural se inaugura de manera oficial este fin de mes.

Cartilla del rock

Montagno se dio a conocer cuando inauguró en diciembre de 1990 el Mural al rock mexicano.

Incluía a Saúl Hernández y Alfonso André (Caifanes); Paco Huidobro y Leonardo de Lozanne (Fobia); Lalo Tex (Tex Tex); Rita Guerrero y Poncho Figueroa (Santa Sabina); Rubén Albarrán (Café Tacvba); Paco Barrios El mastuerzo (Botellita de Jerez); Kenny Avilés, y Cecilia Toussant, en la muralla izquierda del ahora extinto antro Rockotitlán, siendo además programador musical allí, “en la esquina de Insurgentes Sur y California”.

Aquel fresco desapareció por negligencia de Tony Méndez, bajista de Kerygma y a la postre, dueño de Rockotitlán.

Hacia 2006 estrenó la muestra Mortalidad y continuidad  en el Polyfórum Cultural Siqueiros: 30 cuadros de 15 rockeros como Rita Guerrero, Kenny Avilés, Julieta Venegas (de Tijuana No), Memo Briseño (de El séptimo aire), Alex Lora (del Tri), Rubén Albarrán, Arturo Huízar (de Luzbel), Lalo Tex y Johnny Laboriel. A todos los recreó “vivos y muertos, bajo la premisa de saber cuestionarlos sobre su  legado, e incluyendo también un documental y un disco”.

La segunda parte del proyecto fue Trascendencia, donde pintó a 18 grupos musicales, intelectuales y periodistas. Y una tercera, Perseverar y morir, sobre los músicos del rock mexicano que marcaron parte de la historia musical nacional. Dicho tríptico le tomó once años.