El cinturón de Neruda, pieza clave

VALPARAÍSO.- Al momento de morir, el poeta Pablo Neruda pesaba “un mínimo de 89.15 kg y un máximo de 92.75 kg, estimándose como peso más probable aquel que estaría entre 90.96 y 91.56 kg”.

Esta es la principal conclusión a la que llegó la doctora Cecilia Albala Brevis, encargada de la Unidad de Nutrición Pública del Instituto de Nutrición y Tecnología de Alimentos (INTA) de la Universidad de Chile, en un estudio –fechado el 1 de agosto– que tuvo por finalidad determinar el peso probable de Neruda al momento de su muerte.

Este informe fue anexado al expediente del caso Neruda, y es dado a conocer en exclusiva por Proceso.

“Estos pesos corresponden a la clasificación de sobrepeso para el caso del cálculo con estaturas de 175 a 178 cm –estimadas para Neruda– de acuerdo con la clasificación de la OMS (Organización Mundial de la Salud) (…) y también de acuerdo a la clasificación que utiliza el Ministerio de Salud”, agrega Albala en su informe.

Este análisis fue posible gracias al último cinturón de Neruda, en el que aparecía remarcado el orificio utilizado antes de morir. Este hecho permitió establecer la circunferencia de la cintura del escritor: 109 centímetros.

Esa medida, unida a la estatura explicitada en el pasaporte diplomático de Neruda (1.78 m), más la edad al fallecer (69 años), y consideraciones estadísticas de la población chilena, fueron las variables con que Albala llegó a las citadas conclusiones. Este informe complementa uno entregado el 10 de mayo con los mismos fines.

En entrevista, el sobrino y familiar más cercano de Neruda, Rodolfo Reyes, expresa que ésta es una prueba pericial “muy importante, porque demuestra que Neruda no padecía caquexia por cáncer terminal”, como señaló el urólogo tratante de Neruda, Roberto Vargas Salazar, en el certificado médico de defunción.

Considerando que la caquexia cancerosa “es un estado de desnutrición total de la persona” –abunda–, el certificado de defunción “no se corresponde con la verdad y es completamente fraudulento”.

Reyes se refirió a las fotografías del cadáver de Neruda tomadas horas después de su fallecimiento por el reportero gráfico del Jornal de Brasil Evandro Teixeira. “Éstas evidencian que Neruda no estaba desnutrido, todo lo contrario”.

Y relata lo que pasó cuando Neruda fue sacado de La Chascona, su casa de Santiago: “Tomé el ataúd por la parte trasera y no me lo pude… tuve que pedir ayuda”.

El autor de las fotografías dio a conocer sus impresiones de lo que sintió cuando las tomó. “Recuerdo que Neruda tenía un semblante muy tranquilo, sereno. No parecía haber pasado por alguna enfermedad. Por eso pienso que él no murió de manera natural”.

Eso lo declaró telefónicamente a los policías investigadores del caso Neruda, según se consigna en el Informe 123/1002 de la Brigada de Inteligencia Policial Metropolitana, de la Policía de Investigaciones de Chile (PDI), de 16 de agosto de 2016, firmado por el inspector Gonzalo Gárate.

El médico forense Luis Ravanal señaló a este semanario (Proceso 1934) que en las fotos de Teixeira se observa “la imagen que uno conoce de Neruda respecto de la contextura de su rostro. (…) No se ve en ningún caso el aspecto facial de una persona caquéctica”.

Este perito señaló que la caquexia pudo haberse descartado desde 2013 –todavía no lo ha hecho el juez Carroza– si se hubieran analizado “más profundamente” los informes bioquímicos y de estructura de huesos, realizados en la Universidad de Murcia. “(Allí se constata que) la composición ósea está dentro de rangos adecuados. (…) Si hubiese existido un estado de caquexia, todos los elementos proteínicos que forman las estructuras óseas, la médula ósea, se habrían visto alterados”, expresó Ravanal.

El Programa de Derechos Humanos del Ministerio de Interior, en otro informe del caso Neruda –del 25 de marzo de 2014–, estableció que Vargas Salazar extendió el certificado de defunción “vía telefónica, desde su domicilio, sin examinar al paciente, anomalía que se ha justificado en la circunstancia de haber estado vigente el toque de queda”.

En ese documento se destaca como una grave irregularidad que a Neruda no se le haya practicado autopsia.

“Otra poesía”

Neruda fue inhumado el 25 de septiembre de 1973. Entonces quedó instalado en el mausoleo que la familia Dittborn tiene en el Cementerio General, en Santiago.

Neruda no tenía tumba ni testamento al momento de morir.

El 1 de mayo de 1974 la esposa de Neruda, Matilde Urrutia, recibió en el Hotel Crillón una carta de Marta y Elena Dittborn, en la que le pedían que a la “brevedad posible” retirara a Neruda de dicha cripta: “Precisamos de ella para proceder a algunos cambios”.

El 7 de mayo los restos del poeta fueron trasladados –en completo sigilo y ante un reducido grupo de amigos– a un humilde nicho del mismo camposanto: el 44 de la calle México, frente al patio 29, que fue usado durante la dictadura militar de Augusto Pinochet para arrojar cuerpos de ejecutados políticos. En enero de 1985 Matilde sería depositada muy cerca de Neruda, pero no junto a él.

El funeral oficial de Neruda y Urrutia se realizó en Isla Negra el 12 de diciembre de 1992. Poco antes –el 24 de noviembre– fueron exhumados sus restos para trasladarlos a una urna nueva y de mejor calidad. La operación se verificó a partir de las 20:00 horas, cuando la necrópolis había cerrado sus puertas. Primero se sacó el cajón del poeta. Era una urna metálica y sin cubierta de madera.

Reyes, que es presidente de la Sucesión Neruda, fue el único familiar presente aquella noche de primavera. “Cuando sacamos el ataúd tenía los colores de la bandera nacional, blanco, azul y rojo. Fue muy emotivo… Era otra poesía de Neruda”.

Cuenta que al abrir el cajón vio que Neruda “todavía tenía unas prendas, parte de su camisa y la chaqueta se conservaban muy bien”. Ésta era de color beige, tipo inglesa.

“Lo más impresionante y emotivo es que parecía que Neruda estaba plácidamente dormido, con su cráneo hacia el lado izquierdo, como buen izquierdista… Si tú le ponías un poco de masa corporal, de piel al cráneo, era Pablo Neruda.”

Los restos de Neruda se pasaron a una urna pequeña ubicada en un ataúd más grande. “Cuando estábamos en eso, un panteonero enganchó el cinturón de Neruda con un palo, lo levantó lentamente y lo alejó de la urna. Yo me percaté de eso y pensé: ‘Una vez que se termine de depositar los huesos, lo reintegrarán’”, prosigue Reyes.

El cinturón es oscuro, y resulta imposible determinar su color a simple vista.

“Cuando estaba todo listo alguien nos pide autorización para sellar la urna. Entonces dije, dirigiéndome al panteonero: ‘¿Qué va a hacer con el cinturón’?”, rememora Reyes.

–Eh… bueno… es que como está sucio… –le respondió el sepulturero.

–¡No! ¡Déjelo adentro! Es el cinturón de Neruda.

“Cosa extraña: ese cinturón es hoy una prueba muy importante en la causa”, remata el hijo de Rodolfo Reyes Candia, el hermano de Pablo Neruda.