En Brasil “estamos en un caso de ruptura democrática, de golpe de Estado parlamentario”, afirma Dilma Rousseff en relación con su reciente destitución como presidenta de Brasil. Más aún, acusa al nuevo gobierno de “ilegítimo, golpista y usurpador”, y a su sucesor, Michel Temer, lo tilda de traidor. En entrevista con Proceso –realizada en Brasilia, a punto de dejar Palacio de Alvorada, residencia oficial de los presidentes brasileños–, Rousseff lanza una advertencia en el contexto de las crecientes manifestaciones de protesta en su país: “La represión va aumentar porque los que tomaron el poder ilegalmente no soportan que su verdadera naturaleza de golpistas sea revelada ante los ojos de Brasil y del mundo”.
BRASILIA.- Dilma Rousseff no tiene dudas: tras su destitución como presidenta de Brasil mediante un “golpe de Estado parlamentario”, su país es ahora dirigido por “un gobierno ilegítimo, golpista y usurpador”.
“Estamos en un caso de ruptura democrática, de golpe de Estado”, afirma en referencia al impeachment al que fue sometida por el poder legislativo. Y observa dos tendencias: “la revuelta popular” por parte de la población; y “la represión” desde el poder.
La expresidenta lanza estas advertencias en un contexto de crecientes manifestaciones callejeras en contra del gobierno de su sucesor, Michel Temer. El pasado 7 de septiembre, día de la independencia de Brasil, hubo marchas antigubernamentales en todas las capitales de los estados del país. En ellas la consigna fue unánime: “¡Fuera Temer!”
Las movilizaciones son un desafío para el nuevo mandatario, quien durante la primera reunión con sus ministros –justo después de su toma de posesión el pasado 31 de agosto– dijo: “No voy a permitir que me llamen golpista”.
Desde entonces la policía ha reprimido con violencia las manifestaciones de protesta, sobre todo las que se han llevado a cabo en la ciudad de Sao Paulo.
“Cuando era presidenta hubo centenares de manifestaciones en mi contra –recuerda Rousseff– pero jamás reprimí esas marchas, porque no me incomodaban. Son parte de la política y de la democracia.
“Ahora es muy diferente para los golpistas, porque se sienten atacados por ser tratados como golpistas y reprimen. Entonces, creo que la represión va aumentar en el país porque los que tomaron el poder ilegalmente en Brasil no soportan que su verdadera naturaleza de golpistas sea revelada ante los ojos de Brasil y del mundo.”
Rousseff recibió a Proceso el pasado martes 6, una hora antes de dejar el Palacio de Alvorada, residencia oficial de los presidentes brasileños, para dirigirse a Porto Alegre, donde reside gran parte de su familia.
Mientras transcurría la entrevista, en un salón contiguo empleados del palacio cargaban cajas de cartón y valijas. Ella incluso se lesionó una mano al cerrar una maleta. Una atmósfera de fin del reinado se sentía en cada gesto y en las miradas tristes de sus colaboradores, que también vaciaban sus oficinas.
Rousseff dice a este semanario que su destitución es resultado de una alianza de la oligarquía tradicional, los medios de comunicación y los partidos políticos que perdieron en cuatro ocasiones sucesivas las elecciones presidenciales. Considera que los integrantes de esta alianza impulsaron su desafuero con un propósito preciso: llevar a cabo un programa económico neoliberal que pone en riesgo los programas sociales que disminuyeron la desigualdad en el gigante sudamericano. Se muestra indignada por la situación que vive su país y, a la vez, esperanzada porque una parte de la población, en particular los jóvenes, se movilizan para defender la democracia.
–Usted denunció que le dieron un golpe de Estado parlamentario. ¿Considera que fue el mismo proceso que vivieron los expresidentes Manuel Zelaya en Honduras, en 2009, y Fernando Lugo en Paraguay, en 2012, que fueron destituidos por los congresos de sus países?
–Creo que es el mismo tipo de golpe parlamentario. América Latina padeció de golpes militares en las décadas de los setenta y ochenta en contra de regímenes de izquierda que portaban proyectos populares y democráticos. Uso bastante la metáfora de un árbol para explicar la democracia. Si considera la democracia como un árbol, un golpe militar es como un hacha que además de cortar las ramas que representan el gobierno, también corta todo el tronco del árbol que representa la democracia, el régimen en sí.
“Lo que pasó en mi caso, con Manuel Zelaya en Honduras, Fernando Lugo en Paraguay, así como en los intentos sin éxito de desestabilizar a Evo Morales en Bolivia y Rafael Correa en Ecuador, no es un ataque con hacha, es un ataque de parásitos y hongos en este árbol que representa la democracia.
“Aquí en Brasil, este golpe parlamentario es el resultado de la alianza entre la oligarquía tradicional, los medios de comunicación que están en su mayoría controlados por cinco familias y los partidos que perdieron cuatro veces seguidas las elecciones presidenciales contra nosotros (el Partido de los Trabajadores, PT, que ha ganado todas las elecciones presidenciales desde 2003). Ellos no tienen fuerza política ni votos y entonces toman el poder de una manera ilegítima”.
La traición de Temer
A la pregunta sobre los errores que ella y su partido, el PT, cometieron y desembocaron en su destitución, Rousseff señala “el más evidente”: “Haber formado alianzas con personas que me han traicionado”, dice en clara alusión a Temer, quien fue su vicepresidente.
En marzo pasado, el partido que preside Temer, Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) –mayoritario en el Congreso– abandonó la coalición de gobierno de Rousseff, dejando a la mandataria vulnerable ante el proceso de desafuero. Luego, en abril, en vísperas de que la Cámara de Diputados admitiera el pedido de destitución de Rousseff, Temer –quien en su calidad de vicepresidente debía sustituir a la mandataria en caso de impeachment– filtró “por error” una grabación en la que éste ensayaba un discurso a la nación dando por hecho la salida del poder de la mandataria. Desde entonces, Rousseff lo tilda de traidor.
Durante la entrevista con Proceso, la expresidenta confiesa otro error que lamenta: optar por “ciertas medidas económicas” que resultaron fallidas.
Pone un ejemplo: para frenar la crisis económica en Brasil desde que comenzaba, creó un importante programa de exención de impuestos. “Sin embargo, los beneficiarios de estas exenciones no han creado a cambio puestos de trabajo ni han invertido en la economía”, dice.
Confiesa: “Me hubiera gustado hacer más, tanto en la cuestión social como en la reforma política, pero no tuve apoyo en el Congreso”.
Sobre el PT señala que “es evidente que también hubo errores: se comprobó que algunos miembros del partido se involucraron en actos de corrupción en el escandalo Petrobras y ya están pagando por eso. Aunque el partido no es el único involucrado en este escándalo, es hasta ahora el único investigado”.
Y es que por lo menos otros dos partidos están también involucrados en el escandalo: el PMDB de Temer y el Partido Progresista (PP). Ambos eran miembros del gobierno de coalición de Rousseff.
“Con el presidente Lula hicimos esta legislación que permite hoy en día investigar la corrupción. Antes del PT nunca se había investigado nada”, comenta.
Refiere que durante las administraciones de Lula (2003-2011), de las cuales ella formó parte, “se abrió la posibilidad de que la justicia usase la ‘delación recompensada’ para investigar casos de corrupción”. Se trata de una figura legal que permite a una persona delatar a los responsables de actos de corrupción a cambio de una reducción significativa de su sanción.
“No me parece justo que, si la ley es la misma para todos, solamente el PT sea investigado y condenado”, insiste.
–¿Cómo evalúa su gobierno?
–Estoy muy orgullosa de haber contribuido en la erradicación del hambre en Brasil. Hasta antes del gobierno del presidente Lula, los programas sociales eran demasiado pequeños para producir un efecto significativo sobre la miseria o el hambre. Eran programas que beneficiaban a entre 50 mil y 100 mil personas en un país de 200 millones de habitantes. A diferencia de éstos, nosotros hicimos programas sociales en gran escala que sacaron a 40 millones de personas de la miseria y erradicaron el hambre de Brasil.
“Creo que avanzamos mucho también sobre la cuestión de las mujeres. En primer lugar creamos un ministerio de las mujeres y hemos puesto en marcha todo un arsenal de leyes para luchar en contra de la violencia hacia ellas. Luego, todos nuestros programas sociales están dirigidos de manera prioritaria hacia las mujeres. Son ellas y no los hombres las que reciben los beneficios del programa Bolsa Familia. Lo hicimos así porque sabemos que las mujeres siempre van a considerar primero a sus hijos y este programa social es para los jóvenes y niños”.
Dice que ello también sucede en el programa de acceso a la vivienda: “Es la mujer la que se vuelve propietaria”.
“Un inmenso retroceso”
Al preguntarle qué piensa del programa económico de Michel Temer, que incluye una reforma en el sistema de jubilaciones, reducciones en los presupuestos de los programas sociales y privatizaciones importantes, la expresidenta responde:
–Lo considero como un gran paso para atrás, un gran retroceso en lo que habíamos alcanzado en términos de lucha contra la desigualdad que aún es inmensa en Brasil.
“En dos meses en el poder, (el gobierno de Temer) ya desmontó varios programas sociales muy importantes, como el del acceso a la vivienda. Este programa fue hecho para beneficiar al 80% de la población brasileña que gana hasta 2.5 salarios mínimos (unos 11 mil 6000 pesos mexicanos), lo que les imposibilita tener acceso a un crédito inmobiliario de los bancos y, por lo tanto, tienen que vivir en condiciones precarias”.
Afirma que su gobierno construyó más de 2 millones de viviendas y otros 2 millones están en construcción. Sostiene que el gobierno de Temer detuvo este programa “cuando queríamos llegar a 6 millones de casas en 2018, cuyos beneficiarios serían casi 35 millones de personas”.
“Pararon también programas muy importantes de educación: alfabetización para los más pobres, educación técnica para los trabajadores, programas de excelencia científica para los estudiantes”, dice.
Explica que “en este momento existen amenazas muy claras de perder muchos derechos para los trabajadores: quieren hacer una reforma de las jubilaciones, de manera inmediata, sin período de transición. Si lo logran va provocar una caída de los recursos muy importante para muchas familias”.
Señala además que “existe el riesgo de privatizar a Petrobras y a la explotación de las reservas de petróleo bajo el mar, reservas que fueron encontradas en 2006 y que todavía no hemos comenzado a explorar”.
Expone: “Pensamos que cada país debe proteger sus recursos naturales y minerales, su integridad territorial y su patrimonio. Eso tiene que quedarse como propiedad del Estado. Por eso, creo que toda esta política de este gobierno va ser un inmenso retroceso”.
–Según usted, ¿cómo va ser la reacción de la población?
–Hay ahora una ola muy conservadora en Brasil, que llega al extremo de ver personas defendiendo el regreso de los militares al poder. Incluso hubo un diputado que, en el momento en que se votó mi destitución, homenajeó a uno de mis torturadores”, comenta en referencia a las torturas que sufrió cuando fue detenida durante la dictadura militar.
“Eso es algo que no se había visto en Brasil –sostiene–. La derecha está creciendo tanto en Brasil como en el resto del mundo. Eso es una reacción frente a la globalización”.
Sin embargo, dice que existe “una luz al final del túnel y no creo que va ser fácil para este gobierno”.
Explica: “La juventud que se levanta ahora, que defiende los derechos sociales e individuales, la democracia, los derechos de los negros, las mujeres, no han aceptado el primer gobierno de Temer, que se presentó sin mujeres ni negros. Tampoco van a aceptar fácilmente todo este retroceso social, político, económico. Va a haber mucha lucha en Brasil, estoy segura de eso”.








