Castillo regala millones a sus amigos

Cuestionado por su ineficiente desempeño al frente de la Conade y por su pésimo papel como proveedor de insumos deportivos a la delegación mexicana que asistió a los Juegos Olímpicos de Río, Alfredo Castillo, el funcionario que le quitó todo el presupuesto a varias federaciones deportivas con el argumento de que gastaban sin transparencia, no sólo se llevó a su novia a Brasil sino que a siete de sus amigos les regala puestos y becas. Ellos ganan hasta 100 mil pesos al mes; es decir, hasta cinco veces más que quienes obtuvieron medallas olímpicas o los entrenaron…

El director de la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (Conade), Alfredo Castillo, utiliza recursos públicos del Fondo para el Deporte de Alto Rendimiento (Fodepar) para pagar sueldos de casi 100 mil pesos mensuales a un grupo de amigos, a quienes hace pasar como entrenadores de atle­tas de élite: Israel Valero, presidente de la nueva Federación Mexicana de Pelota Vasca y Frontón; Ricardo Langre, a quien quiso imponer como presidente de la Federación Mexicana de Tenis; Julio César Everardo, representante del basquetbolista Gustavo Ayón y organizador de certámenes, y Bruno Rodríguez, un administrador de negocios.

A estos nombres se suman los de María Tzinnia Macías González, una psicoterapeuta que estudió en el Instituto Mexicano de la Pareja; Luz María Bárbara Pérez Zaragoza, una “técnico en dietética”, a quien los atletas no conocen, y Jorge Iván Martínez Rentería, un entrenador de TRX (un tipo de acondicionamiento con ligas).

El objetivo del Fodepar es destinar recursos públicos al desarrollo de los atletas de élite de México para garantizar su éxito en las competencias internacionales más importantes.

De acuerdo con las reglas de operación, el dinero de este fideicomiso puede usarse para el pago de becas o estímulos económicos a los atletas, sus entrenadores e integrantes de los equipos multidisciplinarios, como fisiatras, nutriólogos o médicos.

Pero el director de la Conade, al que el presidente Enrique Peña Nieto ratificó el viernes 26, paga a sus amigos montos que no ganan ni los entrenadores más exitosos del país. Además, justifica ese desvío de recursos públicos con el argumento falso de que sus amistades atienden a los atletas de élite. Y lo peor: ha retirado completamente el apoyo a federaciones enteras arguyendo que malgastan sus recursos.

Montañas de dinero

Estos datos fueron proporcionados por la propia Conade a través de la solicitud de acceso a la información número 1113100019216. En los documentos, aparece que Israel Valero Martínez recibe 96 mil 200 pesos. Él fue nombrado por Castillo presidente de la Federación Mexicana de Pelota Vasca y Frontón fuera de toda legalidad, mediante una comisión reorganizadora.

La antigua Federación Mexicana de Frontón, A. C. fue desconocida por la Conade en septiembre de 2015 por “malos manejos” (Proceso 2077). Lo más grave en el caso de Valero Martínez es que recibe una beca que se paga con recursos públicos, además funge como servidor público –sin serlo– y al mismo tiempo preside una federación.

Valero apenas tiene una “carrera técnica”, según consta en la información entregada por la Conade. No se dice cuál, pero se señala que su profesión es la de entrenador de frontón. Estudió en el Instituto Secundario Berenguer Dalmau, en Valencia, España, una escuela que goza de escaso prestigio.

Antes de ingresar al fideicomiso Fodepar, fungió como subdirector de Apoyos Educativos y Administrativos del Centro Nacional de Desarrollo de Talentos Deportivos y Alto Rendimiento (CNAR) cuyo salario neto era de 17 mil pesos.

La Conade justificó la beca a Israel Valero porque supuestamente entrena a los frontenistas Julia García, Arturo Perales, Ariatna (sic) Cepeda de la Mora, Arturo Rodríguez Faisal, Paulina Castillo, Daniel García Barajas, Isaac Pérez y Gustavo Miramontes.

El salario de Israel Valero es desproporcionado. Iván Bautista, entrenador del clavadista Germán Sánchez, medalla de plata en Río 2016, y también segundo lugar en Londres 2012 junto con Iván García en plataforma sincronizados, cobra en Fodepar una beca de 81 mil pesos. Para la Conade, vale más el trabajo de Valero Martínez que el de quien ha trabajado para darle dos preseas olímpicas al país.

Ricardo Langre Castellanos, quien se ostenta como “director de tenis de Conade”, un cargo inventado para poder acomodarlo en el sector público, en realidad es un becario del fideicomiso CIMA.

Langre percibe 81 mil pesos mensuales desde el 1 de noviembre de 2015 como “entrenador”. Su trabajo consiste en “dar seguimiento a los procesos de perfeccionamiento técnico en las disciplinas de conjunto y raqueta pertenecientes a las federaciones mexicanas de deporte convencional. Apoyo para los atletas que practican la disciplina de tenis”.

Sólo atiende a dos deportistas: Marcos Madrid y Yadira Silva. Ambos participaron en los Olímpicos de Río. Lo paradójico es que Madrid y Silva son tenistas de mesa.

El verdadero entrenador de Silva es Roberto Madrigal. Ella vive y entrena en Tabasco. La atleta confirmó a la reportera que no conoce a Langre y que éste nunca se ha involucrado en su preparación. Madrid radica en París y entrena en un centro de alto rendimiento de esa ciudad.

En la justificación para ser contratado, Langre indica que su nivel de estudios es maestría y que estudió en el Instituto Tecnológico de Monterrey. Sin embargo, en el Registro Nacional de Profesiones de la Secretaría de Educación Pública (SEP) no aparece su nombre como poseedor de una cédula profesional.

La profesión de Langre que la Conade reportó es la de “financiero”, lo que sea que eso quiera decir. Langre es uno de los mejores amigos de Castillo. Se conocieron en el Club Raqueta Bosques, donde Langre, un extenista, fungía como director de tenis.

Nadie la conoce

María Tzinnia Macías González fue dada de alta en Fodepar el 1 de enero de 2016 con un salario mensual de 96 mil 200 pesos. Según la información proporcionada merced a la misma solicitud, fue contratada como psicoterapeuta para “dar seguimiento psico-pedagógico en las disciplinas de fuerza rápida y pertenecientes a las federaciones mexicanas de deporte convencional”.

Los atletas a los que brinda servicios son los seleccionados nacionales de clavados: Rommel Pacheco, Rodrigo Diego, Dolores Hernández, Melany Hernández, Alejandra Orozco, Paola Espinosa, Germán Sánchez, Iván García y Jahir Ocampo. Todos ellos participaron en Río 2016.

Pero esto es falso. La reportera consultó a los entrenadores de estos atletas, la china Ma Jin e Iván Bautista, y ambos dijeron que no la conocen y que no atiende a los clavadistas. Bautista refirió que el psicólogo de García y Sánchez se llama Javier Ibáñez. Por cierto, a este psicólogo la Conade nunca le ha pagado.

Esto significa que los atletas olímpicos están siendo utilizados para justificar que con recursos públicos se le pague a Macías González.

La información entregada refiere que ella tiene una maestría en el Instituto Mexicano de la Pareja, que los logros relevantes en su campo laboral son “terapia individual y de pareja” y que antes de entrar a Fodepar trabajó en la Revista Mexicana de Logoterapia (2003) y en la Secretaría de Gobernación “en el análisis del perfil psicológico 2013-2014”.

Mientras Conade le paga a Macías, la psicóloga de las tiradoras Alejandra Zavala y Zumaya Goretti, Emma Arzola, no está en Fodepar. Zavala, cuarto lugar en la prueba de pistola de aire a 10 metros en Río, recibió atención psicológica que le permitió mejorar 15 lugares respecto de Londres 2012.

Julio César Everardo Cabrera también es becario en Fodepar: 81 mil pesos al mes. Es el representante del basquetbolista Gustavo Ayón en México. Ayón es el jugador consentido de Castillo. Por sus méritos deportivos en la NBA (la liga de Estados Unidos) y ahora en el Real Madrid, el director de la Conade se aplicó para ganarse su confianza.

La documentación que proporcionó Conade justifica la beca de Everardo –desde el 1 de marzo de 2016– con el mismo criterio que aparecen Langre y Valero: “dar seguimiento a los procesos de perfeccionamiento técnico en las disciplinas de conjunto y raqueta pertenecientes a las federaciones mexicanas de deporte convencional”. Es claro el copiar-pegar.

Es licenciado en Administración de Empresas con maestría en Auditoría y Control de Gestión por la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP), donde también estudió Ayón. De 2011 a la fecha ha auxiliado al basquetbolista para organizar clínicas, conseguir patrocinadores, realizar actos de mercadotecnia, etcétera.

La Conade reportó como logros la aplicación del plan de trabajo administrativo y coordinación del programa deportivo con el coach de la selección varonil de basquetbol, Sergio Valdeolmillos, durante 2013 y 2014 (rumbo al Mundial) y declara que obtuvo “recursos financieros de diferentes entidades de gobierno y marcas patrocinadoras”.

En 2015 gestionó con la Conade la realización del plan de trabajo de la selección para los Juegos Panamericanos de Toronto 2015 y el Preolímpico de FIBA Américas, donde México no calificó a los Juegos Olímpicos. En resumen: todo lo que tenga que ver con la selección de baloncesto varonil pasa por Julio César Everardo Cabrera.

Lo curioso es que, en Fodepar, los atletas a quienes brinda servicio –y por lo cual se justifica que reciba una beca– son los seleccionados de volibol de sala.

La reportera preguntó a Jorge Azair, entrenador nacional de este deporte, por el trabajo que desempeña Julio César Everardo con el equipo. La respuesta: “No conozco a ese señor. No sé quién es”. Y ni Azair ni ninguno de los seleccionados nacionales de volibol, que estuvieron en Río 2016, forman parte del fideicomiso Fodepar. Lo único que tienen es la promesa de la Conade de que ya los van a integrar.

Siempre el tenis

Otro amigo de Castillo que goza de un estímulo económico en el sistema de becas de atletas de élite es Bruno Rodríguez Billerbeck, quien ingresó a Fodepar en enero de 2016 bajo la misma justificación que Langre. Otro copy-paste.

Los atletas a quienes la Conade asegura que atiende son Mauricio Astorga, el número 1,123 en el ránking mundial ATP, Alberto Rojas, rankeado 1,423 del mundo, y Kevin Carpenter, quien ya se retiró.

Rodríguez Billerbeck, un exjugador Copa Davis, reporta como logros relevantes en su campo laboral sus resultados como tenista en activo. Su beca asciende a 81 mil pesos mensuales.

Resulta paradójico que un entrenador que atiende a atletas profesionales que no están en la élite del deporte tenga este beneficio mientras, por ejemplo, Santiago González y Miguel Ángel Reyes Varela, la pareja que representó a México en Río 2016, no tienen derecho a una beca.

Y no podrían tenerla porque aunque son los mejor rankeados del país en dobles (lugar 54 y 117, respectivamente) no cumplen con los criterios del fideicomiso.

Rodríguez Billerbeck se ostenta como entrenador, pero también aparece en el directorio del CNAR con el cargo de subdirector de Apoyos Educativos y Administrativos, es decir, es un servidor público y a la vez becario. Goza de una oficina, tiene asignada una extensión telefónica y un correo electrónico institucional.

Los 81 mil pesos que cobra como entrenador son los mismos que devenga el coreano Young In Bang, entrenador nacional de taekwondo, y representan el doble de lo que gana la instructora de nado sincronizado Adriana Loftus. El dueto con el que ella trabaja, Nuria Diosdado y Karem Achach, finalizó en Río en el lugar 11. A cambio de ese resultado, Loftus percibe 40 mil pesos.

Eugenio Chimal, el entrenador de la triatleta Claudia Rivas –que terminó en un histórico noveno sitio olímpico– tiene una beca de 49 mil pesos. E incluso la beca de Rodríguez está por encima de lo que perciben los entrenadores del medallista de bronce en pentatlón moderno Ismael Hernández: Octavio Angelito tiene una beca de 41 mil pesos; Héctor Bedolla, de 24 mil, y Juan Carlos Nemer, de 34 mil. La subvención del medallista es de 20 mil pesos.

Así, mientras los instructores que contribuyen a conseguir metales olímpicos tienen subsidios que corresponden a su formación académica y resultados deportivos, Jorge Iván Martínez Rentería recibe mensualmente 80 mil pesos.

Es entrenador de TRX, licenciado en interdisciplinarios (sic) y con maestría (no dice en qué). Refiere haber estudiado en Australia, Tailandia, San Francisco y Michigan; también que contribuyó a que la nadadora Emily Silver ganara plata en Beijing 2008, supuestamente fue campeón con la Juventus de Italia en la Champions League (sic) y trabajó en la NFL y la NBA; en el Liverpool, en el Barcelona, en el Corinthias de Brasil, y en México con el Cruz Azul, Pachuca y Santos.

Fue presentado por Castillo como un preparador físico. Ingresó a Fodepar el 1 de julio de 2015. En respuesta a la solicitud de transparencia se informó que atiende a atletas que participan en Juegos Olímpicos y Mundiales de categoría mayor y juveniles, pero en el documento sólo se leen los nombres de cinco taekwondistas juveniles: Victoria Abril Ávila, Paulina Armería, Rubén Nava, Andrés Beceiro y Ashley Arana.

Sin embargo, el preparador físico de la selección juvenil de taekwondo es Sergio Heredia. En el equipo nadie conoce a Martínez Rentería.

El grupo de nueve nutriólogos que atiende a los deportistas de alto rendimiento reciben entre 18 mil y 24 mil pesos mensuales a través de Fodepar. Son licenciados y algunos cuentan con maestría en nutrición. Cada uno se especializa en alguna o varias disciplinas. En tanto, Luz María Bárbara Pérez Zaragoza se embolsa 52 mil pesos a cambio de nada.

La información que se desprende de los mismos documentos indica que su labor es “dar seguimiento nutricional en las diversas disciplinas pertenecientes a las federaciones mexicanas de deporte convencional”.

¿A quiénes atiende esta técnico profesional en dietética que se preparó en el Centro Universitario del Estado de México, A. C.? La dependencia federal informó que “brinda atención a los deportistas hospedados en Villas Conade siendo responsable de coordinar y dar seguimiento a las diversas situaciones que se presenten dentro de las instalaciones quienes llevan a cabo su preparación para participar en diversos eventos deportivos nacionales e internacionales”.

Pero en las instalaciones de Conade nadie la conoce. Ni un atleta. Ni en el conmutador.

Eso sí: los directamente involucrados en la obtención de medallas reciben de entre 18 mil, 30 mil y, en el mejor de los casos, 42 mil pesos.