La Cineteca Nacional organiza una retrospectiva sobre Rainer Werner Fassbinder (Bad Wörishofen, 31 de mayo de 1945-Munich, 10 de junio de 1982) con algunas de sus cintas más significativas, además de un par de mesas redondas sobre la disidencia sexual y política de este notable realizador, calificado como el Balzac alemán. Dramaturgo, actor, hombre orquesta del cine, modelo del autor total capaz de ocuparse y reiventar todas y cada una de las funciones del cineasta, como dirigir, diseñar, componer o editar.
No es nada descabellado atribuir la estatura de Honoré de Balzac (Tours, 1779-París,1850) a este director que en un corta existencia, además de su trabajo en el teatro, dejó un legado de 40 filmes. Desde cine clubes, institutos y campus universitarios en todo el mundo, la obra de Fassbinder formó y educó el gusto y la mirada de jóvenes e intelectuales que descubrían en la inclemente destrucción del mosaico de la sociedad de la República Federal Alemana, los mitos de la reconstrucción económica de la posguerra, el racismo, las relaciones de poder, la hipocresía de la revolución sexual y su explotación sicológica.
En Francia se hablaba del melodrama distanciado, técnica de la que se valía Fassbinder para dramatizar la trivialidad de los esquemas que enmascaran el sometimiento sexual y económico; tal El comerciante de las cuatro estaciones (1978), historia de un vendedor ambulante de fruta destruido por su búsqueda de amor con las mujeres que lo rodean. Y aunque, ciertamente, la obra de Fassbinder no puede reducirse a influencias como Brecht o Godard (ni a su vida personal), la presencia del melodrama de Douglas Sirk (El cielo puede esperar), con su especie de doble vínculo afectivo y estético que se permite disfrutar el sentimentalismo a la vez que denunciar la hipocresía sexual, es la raíz de su árbol genealógico. De tal bifurcación partirá Almodóvar.
Aspecto clave del cine de Fassbinder es su obsesión por la escenografía; su sello, la composición plástica, el automatismo de sus personajes; la metáfora visual de Las amargas lágrimas de Petra von Kant, la gran modista rodeada de maniquíes acomodados en diferentes poses a lo largo de la película, es central en todo su cine. El maniquí significa estereotipo social y distancia emocional respecto a la sensiblería del melodrama; pero es justamente esta distancia y confinamiento del sentimiento en la determinación social de donde proviene el dolor del personaje y el impacto emocional en el espectador. Así también del gusto de Fassbinder por Jean Pierre Melville (París, 1817-1973) y el cine negro americano con su código de gánsters, relaciones viriles de poder y mujeres castigadas porque se atreven a ser malas. Más importante aún son todos los personajes marginales de Fassbinder: aquellos como la prostituta, el homosexual, el inmigrante, incapaces de adaptarse a los esquemas, y por lo tanto, los peor castigados.
Melodrama, tragedia social sobre el mito del milagro alemán, heroína única, calca del perfil de la mujer alemana de la posguerra, y alegoría de una nación, El matrimonio de María Braun (1979), protagonizada por Hanna Schygulla (Polonia, 25 de diciembre de 1943), la sublime actriz fetiche del director, sería su obra más equilibrada.








