Al margen de los sensacionalismos de la publicidad, del mercado, de los museos y de los nuevos héroes artísticos –como el chino Ai Weiwei, que en la semana del 15 de agosto encantó a las redes sociales sólo porque visitó el barrio de Tepito en la Ciudad de México–, desde el pasado mes de junio se ha presentado en la calle de Cuernavaca 62, en la Colonia Condesa de la ciudad capital, un proyecto que con el título de Obra en obra, sobresale porque se concentra en el placer de crear.
Discreto y con una gran calidad plástica, el proyecto –organizado por los arquitectos Fernando Tapia, María Jaime, Pablo Velázquez y Jimena Hogrebe–, consistió en invitar a diez artistas para que intervinieran, de manera individual y durante diez fines de semana, los espacios de una casa en construcción. Si bien la idea no es nueva, lo que la hace atractiva es la intimidad de la creación y exhibición. Realizadas por artistas de reconocida trayectoria media con un presupuesto muy modesto, las intervenciones consisten en propuestas libres, sin intereses legitimatorios o comerciales.
Iniciado el 25 de junio con Luis Felipe Ortega, en el proyecto participaron, entre otros, Héctor Falcón, Gonzalo Lebrija, Perla Krauze, Enrique Rosas, Javier Areán, Laureana Toledo y, este 27 y 28 de agosto, Rivelino. Al margen de las acertadas intervenciones formalistas de la mayoría, las propuestas de los tres últimos resultan especialmente interesantes tanto por la relevancia coyuntural de los temas, como por su resolución.
Crítico ante el abuso de poder político y reflexivo por la paráfrasis que el pasado mes de julio hizo el gobernador de Chiapas, Manuel Velasco, en torno de las palabras que pronunció el expresidente Díaz Ordaz antes de la matanza del 2 de octubre de 1968 (“Hemos sido tolerantes hasta excesos criticables”), el pintor Javier Areán representó en dos muros interiores de la casa una vista pictórica de los edificios de Tlatelolco. El concepto de su intervención se basó en convertir los murales en una ventana que colocada en la privacidad de una realidad social –la Condesa–, pudiera mirar hacia otra y diferente realidad social.
Por su parte, Laureana Toledo convirtió el espacio en un centro de acopio para apoyar a los maestros que están en contra de las Reformas Educativas, que luchan contra la detención y matanza arbitrarias de maestros y activistas en Oaxaca.
Y por último Rivelino que, bajo el título “¿El Ejército, de quién?”, ha invadido este fin de semana los tres pisos de la casa con muchísimos soldaditos de plástico pintados de dorado. Utilizados como líneas dibujísticas, los soldados guían al espectador y configuran tanto mapas de zonas nacionales e internacionales en conflicto, como siluetas de asesinados. Utilizados como metáfora del ejército, los soldados resguardan algunos ejemplares de los libros de texto gratuito sesenteros y montañitas de yeso que simulan droga, se enfrentan entre ellos, confrontándose con el espectador a manera de un pelotón de fusilamiento. Concebida con una poética lúdica que se mantiene en la insinuación, la intervención se convierte en inquietante relatoría de una realidad que, desgraciadamente, no es de juguete. El horario de apertura es de 12:30 a 18:00 horas.








