Gobierno con faltas de ortografía

Desde hace poco más de un año, luego de que el priismo saliera más que damnificado en las llamadas elecciones intermedias y de que a la administración de Enrique Peña Nieto comenzara a irle como al Diablo con San Miguel en las pastorelas, el gobernador Aristóteles Sandoval y colaboradores que lo acompañan han tratado de asumir un bajo perfil que a ratos parece funcionarles.

Pero de repente ese buscado, o más bien rebuscado, bajo perfil se ha visto interrumpido por algunas fangosas metidas de pata de funcionarios de primer nivel, ya sea por percances como las inundaciones atribuidas a las obras de la Línea 3 del Tren Ligero, o acontecimientos escandalosos como el reciente secuestro colectivo en Puerto Vallarta, o iniciativas tan descocadas como la sustracción “autorizada” de una parte de las cenizas del arquitecto Luis Barragán para transformarla en la gema de una sortija de compromiso.

Ante esa clase de sucesos que, por más que se quiera, no pueden pasar inadvertidos, el primer círculo aristotélico de la comarca se ha visto obligado a salir de su marasmo para dar la apariencia de que en la administración estatal no están tirados en la bartola, que hay quien está al mando y sobre todo de que ellos y ellas están convencidos de no estar regando el tepache, aun cuando muchas cosas parecieran decir todo lo contrario en dependencias u organismos tan diversos del Ejecutivo de Jalisco como la Fiscalía General, Siteur (Sistema de Tren Eléctrico Urbano) y las secretarías de Turismo, Movilidad, Salud y hasta de Cultura, dependencia esta última en la que, aunque casi con un año de retraso, ¡tarde pero sin sueño!, vino a tronar el cohete del caso de la manipulación de los restos mortales Luis Barragán.

Hay quien acaba de decir que en este truculento caso el gobierno de Aristóteles Sandoval acabó haciendo uno de los peores ridículos en lo que va de la administración, al permitir y ser copartícipe activo en una rebuscada trama macabra de pretensiones estéticas y hasta de altruismo patrimonial, pues se ha dicho que el proceso de transformar en un diamante de 2.02 quilates la cuarta parte de las cenizas de Barragán (525 gramos) que se resguardaban íntegramente en la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres, fue realizado por la estadunidense Jill Magid con un propósito múltiple: realizar un performance “artístico”, intitulado The Proposal (La propuesta); rendirle un “tributo” al finado arquitecto tapatío, y tratar de “recuperar” su archivo, que desde hace dos décadas se encuentra fuera de México, luego de haber sido adquirido legalmente por una particular (Federica Zanco), a quien la mencionada performancera gringa pensaba hacerle “la propuesta” de intercambiar la diamantina sortija de compromiso, con los carbonizados y recarbonizados átomos de Luis Barragán, por el archivo de éste.

Este esperpento fue realizado con el consentimiento de parte de la parentela de Luis Barragán (ahora sí que con esa clase de parientes y dolientes, le sobran los malquerientes a la memoria del afamado arquitecto) y sobre todo con la intermediación y el activismo facilitador de funcionarios y exfuncionarios de la comarca, comenzando por la primera responsable (es un decir) de la administración estatal de las musas, según lo refirió, muy agradecida, la autora de esta rebuscada farsa negra, Jill Magid.

El revelador relato de ésta no tiene desperdicio: “El primer apoyo que tuve fue de Myriam Vachez, la secretaria de Cultura, que tuvo una gran influencia en lograr que los miembros del gobierno de Guadalajara aceptaran (que se abriera la urna con las cenizas de Barragán para extraer la cuarta parte de ellas). Finalmente el proyecto fue apoyado por el gobernador (sic) de Guadalajara y el Congreso del Estado de Jalisco. (…) El 23 de septiembre de 2015, removí de la urna depositada en la Rotonda 525 gramos de los restos cremados de Barragán. Inmediatamente volé con ellos a Coira, en Suiza, donde fueron cristalizados en un diamante de 2.02 quilates” (Reporte Índigo, 17 de agosto).

O sea, que si de algo no hay duda es de la participación protagónica de la mencionada funcionaria estatal en esta comedia macabra, convencida como estaba de contribuir a un proyecto que, según su leal saber y entender, lejos de ir en desdoro o en deshonra de lo que representa Barragán, venía a enaltecerlo. Y por ello mismo en cierto momento –antes de que comenzaran a lloverle los reclamos, la burlas, las cuchufletas y hasta la sugerencia hecha por Fernando González Gortázar para que renunciara–, no pudo ocultar su desbordado entusiasmo, el cual la llevó a sincerarse y declarar paladinamente que a ella la “propuesta” necrófila de Magid era algo que no sólo le encantaba, sino que le parecía muy “poético”. ¡Órale! ¿Desde cuándo hacer el ridículo es un género poético?

Un escándalo de otro tipo fue el secuestro o “levantón” de seis personas en un restaurante de Puerto Vallarta a deshoras de la noche del pasado 14 de agosto. La tardía reacción de las autoridades policiacas estatales y del propio gobernador Aristóteles Sandoval sólo vino a poner en evidencia las precarias condiciones de seguridad pública en ese cotizado destino turístico, condiciones que, por cierto, no se diferencian mucho de las que prevalecen en del resto de la entidad, donde las personas viven con el “¡Jesús!” en la boca. Con el propósito de minimizar el suceso, tanto el fiscal general Eduardo Almaguer como el primer mandatario del estado salieron a decir que se trató de una disputa entre bandas adversarias del crimen organizado y que el gobierno no iba a permitir que pleitos entre hampones perturben la vida de los vecinos y visitantes de ese sitio de recreo. ¡Qué buen gag!

Lo curioso del caso es que tanto los secuestrados como los secuestradores se pasearon a sus anchas por Puerto Vallarta. Los primeros, entre los que se dice que figuraba un hijo de Joaquín El Chapo Guzmán, llevaban varios días vacacionando en ese lugar sin que ningún cuerpo de seguridad de la zona se hubiera percatado de su presencia, a diferencia de los captores, quienes llegaron por sus víctimas mientras éstas compartían una cena con varias acompañantes y quienes, por cierto, no fueron “levantadas”. A los únicos que se llevaron fue a los seis desaparecidos y de la policía (estatal, federal o municipal) ni sus luces.

El corolario del caso es que desde el sábado 20 de agosto comenzó a correr la especie de que los plagiados habrían recobrado su libertad, luego de una negociación en la que se menciona que fungió como mediador El Mayo Zambada. Y todo ello sin que, para variar, nuestras rebasadas fuerzas del orden hicieran algo, fuera del ridículo, por supuesto.   

Capítulo aparte merecen las dependencias estatales de nombre pomposo y cuya inflada, redundante, rebuscada o mal concebida denominación, hasta ahora ha sido inversamente proporcional a la labor realizada por quienes han estado al frente de ellas: Secretaría de Planeación, Administración y Finanzas; Secretaría de Ciencia, Tecnología e Innovación; Secretaría de Infraestructura y Obras Públicas; Secretaría de Medio Ambiente y Desarrollo Territorial, y entre otras, la Secretaría de Desarrollo e Integración Social.

Además de presuntuoso, el nombre de esta última es un verdadero gazapo, pues en todo caso debería titularse de “Desarrollo e Integración Sociales” y no “Social” en singular, a fin de que no cargue, como hasta ahora, con una evidente falta de concordancia. ¿O será que el “Desarrollo” que dice prestar dicha secretaría no es de índole “social”, sino mecánica, espiritual, aeronáutica, moral o hasta financiera, aunque no ciertamente gramatical? Ahora que de ser así, lo lógico sería que ello quedara especificado en el nombre de la dependencia, al no ser que se trate de un gobierno que asuma tener demasiadas faltas, incluidas las de ortografía.