En la plaza de Mezquitic, un árbol de la vida colocado por el ayuntamiento local durante la administración pasada divide a las comunidades wixárikas de Santa Catarina Cuexcomatitlán y San Andrés Cohamiata. Aunque estos últimos admiten que los diferendos territoriales datan de hace medio siglo, los problemas se avivaron en los últimos meses porque los de Santa Catarina impiden a sus vecinos acudir a su centro ceremonial; en respuesta, los de San Andrés bloquearon un tramo carretero para impedir que les llegue la ayuda de Prospera.
SAN ANDRÉS COHAMIATA.- Desde hace medio siglo, los habitantes de esta localidad wixárika están enemistados con sus vecinos de Santa Catarina Cuexcomatitlán por problemas territoriales.
Sin embargo, los diferendos se recrudecieron en los últimos meses, lo que amenaza la estabilidad en esa zona de Mezquitic, el municipio indígena más pobre y grande de Jalisco, según se lee en uno de los escasos señalamientos ubicados en la vía de asfalto deteriorado.
Los últimos dos bimestres, los lugareños de San Andrés Cohamiata, conocida como Tatei-Kie –Nuestra Madre, en wixárika– decidieron bloquear la entrega de apoyos económicos del programa federal Prospera a la localidad de Los Cajones, perteneciente a Santa Catarina.
La medida afecta a más de 100 familias, pues han dejado de recibir los 3 mil pesos bimestrales que utilizan para comprar alimentos. Hoy, tampoco pueden ingresar a esa comunidad los vehículos que venden comida a los pobladores de Santa Catarina, todos ellos wixárikas.
El gobernador tradicional de San Andrés Cohamiata, Luis Carrillo Jiménez, admite: “Tenemos problemas entre comunidades. Estamos bloqueando el camino, por eso no pueden entrar (los vehículos de Prospera). Primero –dice– debe resolverse el conflicto que tenemos; ya después podrán pasar”.
La animosidad entre ambas comunidades wixárikas se exacerbó durante la pasada administración de Mezquitic, cuando el ayuntamiento colocó un árbol adornado con la flora y fauna de la zona en la plaza local, en uno de cuyos costados está un indígena vestido con la ropa tradicional de Santa Catarina, lo que disgustó a los vecinos de San Andrés. “Faltamos nosotros, sólo pusieron a esos inútiles”, dice uno de ellos a la reportera.
Sobre una posible tregua con Santa Catarina, Carrillo Jiménez comenta: “No nos dejan entrar a donde tenemos nuestro sitio sagrado por allá en su comunidad, por eso hay que devolver la palabra. No nos dejan entrar desde el año pasado porque hay problema de territorio, nos quitaron mucho.
“Nosotros queremos que vean lo que se siente; así nos hicieron a nosotros. Les estamos devolviendo su palabra.”
–¿Podrían dialogar? –se le pregunta a Carrillo.
–No quieren. Nos hemos juntado cuatro veces y no (llegamos a nada).
Diálogos infructuosos
El conflicto entre ambas comunidades indígenas tiene más de 50 años, comenta Rosalío Rivera, encargado del Centro Ecoturístico Wixárika, ubicado en San Andrés Cohamiata.
“Nosotros no habíamos intervenido porque consideramos que somos hermanos; pero ellos, los de Santa Catarina, no. Según nuestro título virreinal, nuestro territorio llega hasta el río, pero el Diario Oficial dice que es más.”
Sin embargo, cuando llegó el Programa de Certificación de Derechos Ejidales y Titulación de Solares (Procede), le quitaron terreno a San Andrés en favor de Santa Catarina. En lugar de negociar, dice Rivera, en diciembre pasado Santa Catarina les cerró el centro ceremonial y ahora pide más terreno para abrirlo.
En respuesta, San Andrés cerró el acceso al cerro de El Niño para evitar que el apoyo de Prospera les llegue y retrasen la instalación de los postes de luz y la infraestructura del camino a Los Cajones.
–¿Correrá la sangre? –se le pregunta a Rivera.
–Ellos (los de Santa Catarina) le apuestan a los flechazos y machetazos, pero San Andrés dice que esa no es la solución. Los necios son el Consejo de Ancianos; y aunque los jóvenes sí quieren solución, les lavan el coco.
–¿Hablaron con el gobernador de Santa Catarina, Jesús Minjarez Robles?
–Ya tuvimos como cuatro o cinco (reuniones) con él…
En una de ellas, realizada el año pasado en Mezquitic, estuvo el alcalde Misael Cruz de Haro, quien es wixárika; el de Bolaños, Juan Carlos Rodríguez Mayorga, así como representantes de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas y los gobernadores de las comunidades wixárikas de San Sebastián, Santa Catarina y San Andrés.
“Los de Santa Catarina no aceptan razones y se salieron”, cuenta Rivera.
El 2 de junio último, el gobernador tradicional de San Andrés, Carrillo Jiménez; el presidente de Bienes Comunales, Ángel Bautista Parra, y el del Consejo de Vigilancia, Miguel Muñoz Ramírez, así como nueve comisarios locales enviaron un escrito a las autoridades de los tres niveles de gobierno para informarles sobre el cierre del camino que conduce a la localidad de Los Cajones.
En el documento les informan sobre su asamblea del 27 de mayo último, en la cual tomaron esa decisión. El objetivo, expusieron, es instalar “una mesa de diálogo” para que tengan acceso libre a los lugares sagrados de Teekata, Aitsarie, Teopa, Takutsita, N+Ariwame Ta y el Santo Patrono de Santo Domingo (Paritsika Hapaxuki), pues son patrimonio cultural del pueblo wixárika.
Y añadieron: “San Andrés Cohamiata no está en contra de los programas gubernamentales para Los Cajones, por lo que les solicitamos que busquen la forma de hacer llegar sus programas o su apoyo por otras vías alternas”.
Riqueza natural, pobreza humana
Mezquitic se encuentra en la meseta boscosa de la Sierra Madre Occidental, entre los valles de los ríos Bolaños al este y el de Jesús María-Huaynamota al occidente.
Tiene una superficie de 3 mil 568 kilómetros cuadrados y es el municipio más pobre de Jalisco. La población mayoritaria de sus 418 localidades, entre las que destacan El Chalate, Los Amoles y Nostic, es wixárika.
San Andrés Cohamiata es como un paraíso perdido donde la riqueza del entorno natural contrasta con la miseria de sus habitantes, según comprobó la reportera en un recorrido por la zona, donde abundan bosques de pino, encino, oyamel y cedro.
El poblado está a 2 mil 500 metros sobre el nivel del mar y, según el censo del Instituto Nacional de Estadística y Geografía 2010, tiene mil 317 habitantes que se dedican a la siembra de maíz, calabaza y frijol. Sus calles son de tierra y desde 2013 cuentan con electricidad.
Es común observar en los techos de las viviendas antenas de televisión de paga del servicio Sky o VeTV.
Para llegar a la localidad desde Guadalajara es necesario recorrer 500 kilómetros por carretera, que se cubren en 10 horas, y otras cinco por caminos de terracería; los que están pavimentados tienen innumerables baches y circulan pocos vehículos.
Otra opción es tomar el taxi aéreo Marakame Huichol en el aeropuerto Ixtlán del Río, Nayarit. El vuelo dura 35 minutos, pero sólo hay servicio los lunes, miércoles y sábados.
A partir de Huejuquilla El Alto, la vía para llegar a San Andrés es complicada, sobre todo a la altura de Santa Cruz de los Tepetates, donde termina el camino pavimentado. Para proseguir es necesario desplazarse en una camioneta 4X4, una troca o un camión.
Rosalío Rivera, uno de los impulsores del proyecto del Centro Ecoturístico, ha intercedido varias veces ante el gobernador Aristóteles Sandoval Díaz para que cumpla su palabra de terminar la vía Santa Cruz de los Tepetates-San Andrés.
El 19 de abril de 2015 el diario Milenio Jalisco informó que en junio de 2014 el gobierno estatal anunció la construcción de ese tramo carretero, con un presupuesto de 7 millones de pesos.
La localidad de La Laguna, ubicada a hora y media de San Andrés en vehículo, es casi intransitable. Para llegar a la Casa de Salud es necesario cruzar un río cuya anchura es de ocho metros y pasar a un lado de una cascada, así como escalar cerros llenos de piedras, esquivar zanjas profundas y caminar despacio por una estrecha brecha, para evitar caer a la barranca.
El inmueble funciona también como albergue y lo atienden una enfermera y un médico 20 días continuos al mes; los 10 restantes se van con su familia.
El médico critica al personal de Prospera porque, dice, no anota de forma correcta las claves de las localidades, por lo que las dosis de suplementos alimenticios no llegan a tiempo; asimismo, la lista de los wixárikas que acuden a los servicios de salud, una de las condiciones para permanecer en el programa federal, no está actualizada.
Algunos indígenas se molestaron por esas irregularidades, por lo que advirtieron al médico que si el gobierno federal les retira el apoyo económico, lo colgarían de un árbol que está al fondo de la brecha.
Apoyos precarios
El 29 de junio de 2014, como parte de la Cruzada Nacional Contra el Hambre, representantes del gobierno federal y estatal realizaron un evento para anunciar la instalación de 130 baños de 2 por 2 metros que carecen de agua, pues el líquido escasea en la región. Los usuarios deben acarrearla en cubetas de la represa que se encuentra a un kilómetro y medio de la localidad y la suben al tinaco colocado en la parte superior.
Cada uno tiene una calcomanía con el logo de la Secretaría de Desarrollo Social y la leyenda: “En mi hogar sí hay baño digno”. Algunas viviendas tienen una pequeña placa con una leyenda similar, refiere el gobernador de San Andrés.
En las calles, donde abundan rótulos de “se vende gasolina” –que almacenan en bidones, alrededor de los cuales juegan los niños–, los adultos miran con recelo a quienes no son de la comunidad.
Muchos no hablan español, y los que acceden a responder a los fuereños cuando son increpados, son parcos. Sobre los apoyos federales que reciben las mujeres a través de programas como Prospera para la compra de alimentos, sus esposos se los arrebatan y los gastan en cerveza.
Uno de los lugareños comenta a la reportera: “Las empresas nos están envenenando: la Corona, la Coca, la Pepsi y Sabritas. Yo ya les dije: no quiero ver borrachos.
“El apoyo que reciben las mujeres es para los niños. Es un hecho que un niño bien alimentado aprende mejor. ¿Cómo es que vamos andar envenenando (a nuestros hijos?).
“Me da coraje que a veces no haya leche, pero cerveza sí hay, y hasta (te la dan) fiada. Es una tristeza. Los jóvenes traen la idea de que hay un evento y dicen que van a tomar. Es que tenemos la culpa los papás. El vicio debe tener medida”, señala.
El día que los funcionarios de Prospera llegan con los recursos federales es común que transiten detrás de ellos los camiones repartidores de la cerveza, refrescos o comida chatarra. Uno de los habitantes refiere que llegan llenos y se regresan vacíos. También es común que se instalen puestos de ropa y de fayuca en la plaza de San Andrés.
En la localidad no hay líneas telefónicas y la señal de celular sólo se capta en algunos puntos del poblado. La reportera le pregunta a una de las mujeres que tiene un celular cómo recibe las llamadas. Ella muestra el aparato y responde: “Si usted se mueve hacia aquel matorral, puede encontrar señal; hay como tres lugares donde se pone uno y puede llamar”.
En San Andrés, los niños de entre seis y 12 años se trasladan cada domingo por la tarde a la primaria. Tienen que caminar dos horas y media para llegar. Cruzan veredas llenas de riachuelos, piedras y lodo, cargando sus mochilas en su espalda.
La mayoría de los menores usan huaraches de plástico, otros andan descalzos y visten sus ropas tradicionales; una niña lleva en sus manos un par de tenis para que no se le ensucien. Cuando ven que la camioneta 4X4 circula por la vereda intransitable, la detienen y piden al chofer un aventón para llegar más rápido a la escuela.
Un profesor de la zona comenta que los menores permanecen en un albergue que fue rehabilitado hace poco más de dos años y cada viernes por la tarde regresan a sus precarias viviendas; la mayoría son de adobe, sólo algunas están construidas con ladrillo.








