Es cabo del Ejército Mexicano, taekwondoín de talla internacional, venció la oposición hiperreligiosa de su madre… y se muere de nervios cuando está a punto de competir. Saúl Gutiérrez –quien acepta que no le gusta leer, pero a quien le encantan las narcoseries– es un gigante del tatami: mide casi dos metros y ha brillado en los torneos más importantes. Su mayor objetivo es triunfar en los Olímpicos. El jueves 18, en Río, tendrá la oportunidad de completar su palmarés, y toda la presión de traer a casa un metal dorado.
De los 125 atletas que integran la delegación mexicana en Río 2016, 21 figuran en la nómina de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena). Entre ellos, tres de los cuatro seleccionados de taekwondo: María del Rosario Espinoza, quien comanda al grupo de peleadores, es cabo auxiliar de educación física y deportes, al igual que Itzel Manjarrez (subcampeona panamericana) y Saúl Gutiérrez.
El cabo Gutiérrez no lee libros, pero le agradan las llamadas narcoseries. “Acabo de ver Señorita Pólvora –la historia de una niña, hija de un joyero capitalino, que se enreda con sicarios y traficantes–. Antes vimos El Cártel de los Sapos y El Señor de los Cielos.
“Me parece atractiva la forma en que esas personas han empleado su inteligencia de una mala forma. Han hecho todo para llegar a lo más alto. La mayoría empezó de abajo hasta convertirse en jefes. Es algo que se podría seguir, pero por el lado del bien. Por ejemplo, después de no ser nadie en el taekwondo, ¿por qué no llegar a ser campeón mundial o campeón olímpico?”, dice en entrevista.
–¿Te reflejas en ese mundo del narcotráfico? –se le pregunta.
–Pues hay que agarrar lo bueno de la vida…
Para Saúl, el desaparecido narcotraficante Amado Carrillo Fuentes fue “de lo más inteligente, al grado de proponerle al presidente que lo dejara trabajar libremente a cambio de pagar la deuda externa. Se me hace de ciencia ficción, algo difícil de creer…”.
Las historias de Joaquín El Chapo Guzmán son atractivas para el atleta. De él admira la forma en que se ha fugado y el tiempo que ha permanecido al frente de un cártel. “Al final cayó como todos, pero fue inteligente. Por todo lo que han hecho esas personas no son dignas de admirar. Al contrario, hay que exigirles que respeten la ley. Lo único que comparto es la determinación que tuvieron para hacer las cosas”.
Nacido el 28 de diciembre de 1992, Saúl se inició en el taekwondo a los 10 años en Querétaro, donde diariamente, cada vez que acompañaba a su madre a una cremería, cruzaban por una escuelita de taekwondo. Ahí recibió sus primeras lecciones.
De juvenil, los resultados fueron adversos. Sin embargo, las cosas cambiaron al cumplir los 16 años. Con las enseñanzas de otro entrenador, a los 17 años ganó el bronce en su primer campeonato nacional, y con ello su lugar en la selección nacional.
Aunque su madre lo apoyó al principio, después se convirtió en su mayor opositora, pues al volverse al cristianismo consideraba al taekwondo una disciplina tocada por el diablo. “Mi madre veía muchas cosas que eran producto del demonio. Me dijo que el taekwondo no era agradable para Dios”.
Para completar, la abuela materna también compartía las ideas de la hija. Por ello le pedía se saliera de “esa cosa” y se pusiera a trabajar. “Como le gustan las labores de limpieza, me sugería que me pusiera a trabajar en la limpieza de su casa ‘porque en el taekwondo nunca vas a lograr nada bueno’”.
Preocupado por la situación, su padre renunció al trabajo en Tlalnepantla y regresó a Querétaro para involucrarse en el desarrollo deportivo del hijo. Aprovechó para reunir a la familia con el pastor de la iglesia, con el fin de que les aclarara que el taekwondo no pertenece al mundo imaginado por su esposa.
“El pastor veía el taekwondo como algo bueno. Nos expresó que muchas veces no sabemos la forma en que Dios nos va a utilizar y creía que el taekwondo podría ser una herramienta para que llevara un cierto mensaje a la población o, en su caso, convertirme en ejemplo para la sociedad. Aun así, mi mamá siguió con esa idea durante un buen rato.”
Simplemente, dice, no contaba con el apoyo de su madre. “Ahora que ya se cambió de iglesia llegó a un punto de reflexión y ya se deslindó un poco. Es muy creyente, pero ya dejó de ser tan devota. Desde hace un año, mi mamá ya me apoya en mi deporte, incluso toda su familia, principalmente mis tías”.
Para entonces, los padres de Saúl afrontaban problemas en su relación. Después del encuentro con el pastor iniciaron los trámites de divorcio. Ahora ya están separados.
“De las razones de la separación de mis padres, simplemente tenían muchos problemas, y el taekwondo fue uno de los problemas extra.”
El divorcio de los padres, lejos de convertirse en un obstáculo en su desarrollo deportivo, de cierta forma le ha “servido bastante” a Saúl Gutiérrez para madurar a una temprana edad. “La situación que vivieron mis padres me hacía tener más ganas de seguir en el taekwondo y triunfar”.
Las cosas tampoco marcharon bien en cuestiones económicas desde que el padre renunció al trabajo. Por ello, papá e hijo incursionaron en el comercio informal, vendiendo tintes para el cabello en un tianguis.
El deportista mide 1.92 metros de altura, que antes era limitante en la disciplina pero ahora es una fortaleza de Saúl, campeón de los Juegos Panamericanos Toronto 2015 y bronce en el Campeonato Mundial en Rusia 2015.
“El taekwondo era para chaparritos, porque era una disciplina de mucha velocidad, pero ahora con el cambio del sistema electrónico ya es de toque, para lo cual la distancia resulta de gran ayuda. El taekwondo ha cambiado, al grado de que la mayoría de los países cada vez incluyen a competidores muy altos.”
Saúl es un competidor de elevada estatura para su división (–68 kilos) y sus rivales difícilmente logran darle alcance. “Mi punto más fuerte es el físico, que en un principio era una de mis debilidades, pero ahora tengo mucha habilidad para impactar en el rostro del adversario, lo que me ha ayudado para ganar muchas peleas.
“Una de nuestras principales limitantes de los deportistas altos es que somos muy descoordinados, pero una vez que consigues superar esa parte se convierte en una de tus principales fortalezas.”
Por su complexión física, sus maestros solían decirle que en realidad equivocó su elección en el taekwondo. Todos los días se encontraba a un entrenador de atletismo que insistentemente trataba de convencerlo: “¿Qué haces en taekwondo? Tu futuro está en el atletismo”.
“Me considero una persona bastante nerviosa. A pesar de mi preparación física, me pongo nervioso y me canso muy rápido. Por ese nerviosismo perdí la final del Grand Prix, en diciembre pasado en México. Le iba ganando a Lee Dae Hoon, el coreano bicampeón mundial y subcampeón olímpico, pero al final por los nervios me cansé de inmediato, y fueron determinantes: al momento que me fui –a punto del oro– estaba fundido. Si las cosas salen como lo planeado, puedo estar dentro de las preseas. A los Juegos Olímpicos vamos los 16 mejores del mundo por un mismo objetivo: la medalla para el país.”
Para superar esa ansiedad, Saúl Gutiérrez trabaja con un sicólogo desde hace medio año. “Los nervios me han acompañado desde que nací. Tampoco soy afecto a hablar ante los medios de comunicación, porque hasta en eso me pongo muy nervioso, me bloqueo. Además, tampoco me gusta ser el centro de atención; prefiero un perfil bajo”.
Saúl debutará en los Juegos Olímpicos el 18 de agosto en la Arena Carioca. “Si las cosas salen como lo planeado, puedo estar dentro de las preseas. A los Juegos Olímpicos vamos los 16 mejores del mundo por un mismo objetivo: la medalla para el país”.








