Inauguración olímpica

En mayo de este año se anunció que Carlos Slim había comprado los derechos de la transmisión de las Olimpiadas para su compañía Claro TV. En virtud de que en México tiene prohibido emitir contenidos en señal abierta, cedió la difusión de los Juegos a la televisión pública en sus canales aéreos, de manera exclusiva. Así, dejó sin este recurso a los dos oligopolios nacionales: TV Azteca y Televisa.

El grupo Carso se reservó internet para colocar las competencias. A la transmisión se tiene acceso en dispositivos fijos y móviles. En América Latina Claro TV es uno de los medios para obtener la señal de la justa deportiva.

En Río de Janeiro, a ritmo de samba y de capoeira, se inauguraron los Juegos Olímpicos 2016. El espectáculo inicial puso énfasis en la necesidad de preservar la naturaleza. Se representó la historia de Brasil, desde los pueblos originarios hasta el presente, aunque sólo en términos del paso de lo rural a lo urbano. Cientos de personas participaron en la coreografía que dibujó selvas, bosques, lagos, ríos, mares. Poco a poco las ciudades tomaron forma, muchos cuadrados se levantaron del piso, sobre ellos los bailarines realizaron contorsiones cada vez más modernas, hasta llegar al baile actual en las favelas.

La música tuvo un sitio destacado: “La chica de Ipanema” (una rubia vestida con un traje largo) caminó en diagonal sobre la pista a ritmo de la canción más popular de Brasil en el siglo XX. El famoso piloto Santos Dumont cruzó en su avión por encima de los asistentes al Estadio Maracaná. Se prendió el pebetero y los fuegos artificiales iluminaron el cielo carioca.

Ese primer día, tanto Canal 22 como Canal 30 de SPR y la extensa red de emisoras públicas de los estados pusieron en pantalla la inauguración.

El encargado de recoger las imágenes es el Comité Olímpico Internacional, que silenció todo lo que pudo el abucheo a Michel Temer, el presidente interino del país. Tampoco tuvimos imágenes de las protestas en las calles que hicieron necesario el desvío de la trayectoria de la antorcha olímpica.

La diferencia entre un canal y otro se produjo en la selección de comentaristas, de conductores y de calidad al aire: más nítida la de Canal 22 en la capital. Ambas tuvieron pocos cortes: el 22, de la empresa de Slim; el 30, del gobierno.

Con el paso de los días la transmisión de ambas cadenas se ha ido diferenciando. Sobresale por las horas al aire el Canal 30, por la sobriedad de los comentaristas y sus estudios. Canal 22 tiene el mismo material olímpico, pero al parecer Slim no le ofreció gratis las emisiones: abundan los comerciales, anuncios de toda la gama de productos de la empresa de telecomunicaciones. Si ese es el pago que el canal hace por obtener mayor audiencia o si lo que consigue con ello es dinero, aún no está claro.

El IFETEL, también en mayo, le otorgó a Canal 22 el título de concesión de “uso público”, que a las así clasificadas les impide lucrar. Ahora el instituto está en una encrucijada puesto que antes Canal 22 era una “concesión” que podía vender su tiempo, y en lugar de confirmarla como “concesión de uso comercial” la trasladaron a “uso social”. Canal 22 estaría ahora, en consecuencia, violando la ley.