Luego de tratar inútilmente de trabajar como empleada doméstica para varias familias de clase alta de la ciudad de Nueva York, la pequeña Eleanora Fagan (7 de abril de 1915) fue encargada por su madre Sadie, quince años mayor que su hija, a la elegante señora Florence Williams quien poseía una lujosa casa ubicada en la Calle 141 en el barrio de Harlem de la misma ciudad.
La joven Sadie Fagan no sabía que en realidad la mansión de la señora Williams era un burdel, en el que poco tiempo después su pequeña hija de apenas 13 años de edad ejercería el oficio de la prostitución, a cambio de 20 dólares por cliente. En alguna ocasión, Eleanora se negó a atender a Big Blue Rainier, un mafioso amigo de los jefes policíacos, quien enojado por el desprecio la hizo encarcelar y la chiquilla pasó un rato prisionera en un hospital en Brooklyn. Tras pleito con una compañera, se le trasladó a la prisión de Welfare Island donde fue maltratada constantemente e incluso temió morir.
Cumplida su condena de cuatro meses, regresó con la madre. Su situación económica era precaria y un día, al recibir la notificación de desalojo de su vivienda, la joven salió a buscar dinero: su madre llevaba días en cama.
Caminó por las calles de Nueva York y nadie le daba trabajo; ya entrada la noche habló con uno de los dueños del restaurante Pod’s and Jerry’s, y le pidió una audición como bailarina. La verdad era que no sabía bailar, pero su desesperación la llevó a una triste y vergonzosa audición que fue interrumpida casi inmediatamente. El pianista que la había acompañado se apiadó de ella y le preguntó si sabía cantar, a lo que ella respondió:
“¡Claro que sé cantar, eso no es nada del otro mundo…!”
Ella había cantado toda su vida, pero nunca se le había ocurrido que serviría para ganar dinero. Interpretó “Traveling All Alone” (“Viajando en soledad”) de J.C. Johnson (1896-1981), canción que describía perfectamente su estado de ánimo. Su interpretación llamó la atención a la poca gente que ya se encontraba en el lugar, y ese día ganó 57 dólares entre su sueldo y propinas.
Comenzó a cantar por 18 dólares semanales y la costumbre era que las mujeres que bailaban y cantaban en los clubes nocturnos pasaran a las mesas a recoger las propinas que el público quisiera darles. Eleanora se negó rotundamente a hacerlo, lo que le ocasionó problemas con sus compañeras quienes la comenzaron a llamar Lady (“dama”) en tono de burla.
Su carrera tomó curso una vez que comenzó a cantar en el club Log Cabin; cambió su nombre a Billie, en homenaje a la actriz neoyorquina Billie Dove (1903-1997) y adoptó el apellido de su padre, el guitarrista Clarence Holiday. Así nació Billie Holiday.
Algún tiempo después se hizo muy amiga del saxofonista sureño Lester Young (1909-1959), quien incluso vivía con ella y su madre. Fue él quien volvió a decirle Lady, pero con un significado totalmente distinto: agregó la última sílaba de su apellido y comenzó a llamarla Lady Day (Dama del día), como se le ha conocido en todo el mundo.
Billie Holiday tuvo una carrera musical muy exitosa; es una de las voces más admiradas y celebradas en la historia del jazz, aunque su vida personal siempre fue turbulenta pues sufrió violencia intrafamiliar y un intento de violación de chiquilla. Además de caer en la drogadicción y el alcoholismo, tuvo varios encarcelamientos más y grandes decepciones amorosas.
La gran Lady Day murió de cirrosis hepática en el Hospital Metropolitano de Nueva York en un verano de hace 57 años, justamente el 17 de julio de 1959.








