Odessa, UCRANIA.- El pasado fin de semana se llevó a cabo la séptima edición del festival Mute Nights (Noches silentes), uno de los eventos más importantes en el histórico puerto de Odessa, ubicado al noroeste del Mar Negro, en Ucrania.
Con dos proyecciones diarias al aire libre que registraron llenos totales, el festival es uno de los pocos a nivel mundial especializados en este tipo de espectáculos que combinan clásicos de la cinematografía silente con la música interpretada en vivo.
El tema central de este año fue la emancipación femenina desde el punto de vista de varias culturas, inaugurando el viernes 8 con el clásico ucraniano Taras Tryasylo (1926), dirigido por Peter Chardynin y musicalizado en vivo por Andrey Pokaz en las percusiones y Jacob Taruntsov en el piano, quienes con una banda sonora muy enfocada en la improvisación y con un desempeño instrumental muy interesante tuvieron muy buena respuesta del público.
La segunda proyección fue una joya del expresionismo alemán de 1921 titulado Hintertreppe (La puerta trasera), de Leopold Yesner y Paul Leni, que fue acompañado por Julinoza, una joven y talentosa pianista originaria de Odessa, cuya música, pese a ser interpretada con gran destreza, estuvo desconectada de la trama y del estilo del filme dejando un sentimiento anticlimático.
La musicalización realizada por el grupo experimental Supremus a la cinta de Victor Sjöstrom titulad The Wind (1928) y estelarizada por Lilian Gish, resultó ser una total decepción pues los músicos parecieron más interesados en demostrar sus habilidades como instrumentistas que acompañar las imágenes de este notable trabajo del cine estadunidense.
Contrario fue el caso de la música compuesta por el ucraniano Anton Baibakova para el documental Nebyvalyi pokhod (El alza sin precedentes) de 1931, cuya interpretación a cargo de las pianistas Sofía y Barbara Turtan, el contrabajista Cyril Machynskyy y el percusionista Andrew Nadolskyy, fluyó perfectamente junto a las imágenes contrastantes de la pobreza reinante en la Rusia de Stalin, pese a la rápida industrialización propuesta por el dictador, captadas en celuloide por Mikhail Kaufman, hermano de Denis Kaufman mejor conocido como Dziga Vertov.
Pero lo mejor llegó al final del tercer y último día de proyecciones, con la película The Goddess (La diosa), un gran clásico del cine chino de 1934 dirigido por Wu Yonggang y estelarizado por Ruan Lingyu, quien cometiera suicidio a los 24 años, poco tiempo después de terminar este trabajo.
La música estuvo a cargo del acordeonista bieloruso Yegor Zabelov, quien capturó la esencia de la trama y acompañó a la perfección las imágenes de esta obra maestra del cine mudo.
Se dice en estos casos que cuando una musicalización en vivo permite olvidarse de la música y concentrare en la trama de la película, el músico hizo bien su trabajo; fue el caso de Zabelov, quien con sólo un acordeón y un tambor realzó la belleza y el drama con una sinceridad absoluta en su composición e interpretación.








