De acuerdo con los datos aportados por el historiador Ramón Sánchez Flores (1938-2004), el pasado 10 de junio el Zoológico de Chapultepec cumplió 126 años desde que se decretó su edificación, y en septiembre estará cumpliendo 120 de haberse comenzado a construir.
A pesar de los detractores del mantenimiento de animales en zoológicos, su existencia es una necesidad social, cultural y educativa; y ante la crisis ambiental que vivimos, constituye un gran apoyo a algunas líneas de investigación científica, pero sobre todo, a proyectos de conservación de especies. Mantener animales en cautiverio es una faceta de la relación hombre-animal que a través de la historia ha tenido diversas manifestaciones a las que nuestro país nunca fue ajeno. Así, la historia nacional registra la existencia de zoológicos prehispánicos tanto en lo que hoy es Michoacán, como en los jardines de Nezahualcóyotl señor de Texcoco; antecedentes del zoológico de Moctezuma que deslumbró a los conquistadores a su arribo a la gran Tenochtitlán y que posteriormente fue destruido por órdenes de Hernán Cortés.
Después hubo una pausa de más de 350 años, en los que no se conocen crónicas ni testimonios de la existencia de una institución similar en México. Sin embargo, construir y mantener un zoológico en la capital del país fue una demanda social desde el siglo XIX, como puede ser constatado por diversas notas periodísticas publicadas en esa época; como La Patria Ilustrada (24 de marzo de 1884), donde Joaquín Gómez Vergara se lamentó que en México no existiera un lugar de recreo semejante a los zoológicos de Europa y señaló al bosque de Chapultepec como un lugar apropiado para establecer uno o un jardín botánico.
También debe sumarse la influencia europea que marcó al gobierno del general Porfirio Díaz, particularmente francesa, plasmada en diversos ámbitos sociales y culturales de México; por ejemplo en la arquitectura que enseñoreó la Ciudad de México en aristocráticas colonias como la Juárez (actual Zona Rosa) y la Roma, donde las diversas expresiones del art nouveau embellecieron las calles con sus estructuras y fachadas.
El más antiguo de México
Esas razones permiten entender que el 10 de junio de 1890 el presidente Díaz haya rubricado, de su puño y letra, el acuerdo que ordenó la edificación del Museo Zoológico de Chapultepec, asignándole un presupuesto de 1 670 mil pesos para la construcción de jaulas y su mantenimiento, información publicada en febrero de 1990 por Sánchez Flores, y fortalecida con los resultados de la presente investigación hemerográfica de finales del siglo XIX. Lo cual otorga a este zoológico el título de honor de ser el más antiguo de México. El segundo, por su antigüedad, es El Centenario de la ciudad de Mérida, Yucatán, bautizado con ese nombre porque fue fundado en 1910; cuando se conmemoraron los primeros 100 años de la gesta de independencia.
Con las instrucciones precisas y la rúbrica de tan alta investidura, lo esperado hubiera sido que los funcionaros subordinados siguieran con el diligente desarrollo del proyecto. No obstante, no ocurrió así.
Un lustro más tarde, la redacción de El siglo Díez y Nueve, importante diario capitalino de la época, publicó un editorial titulado “Un buen proyecto” (29 de enero de 1895); donde se afirmó que era una triste realidad que nuestro país careciera de un zoológico, a pesar de los que habían mantenido los aztecas en una época en que eran desconocidos en Europa. Y que a pesar de que la Ciudad de México recibiera la herencia de ambas civilizaciones (mexica y española), hasta enero de 1895 se carecía de los que nuestros antepasados habían tenido cuatro siglos antes. El mismo diario publicó el 3 de septiembre de 1896, que finalmente se había escogido un terreno donde se aclimatarían animales del país y refirió que ya contaba con tapires, pumas, leopardos, osos y coyotes.
De acuerdo a las crónicas de la época, el Zoológico de Chapultepec se localizó inicialmente al final del Paseo de la Reforma, donde hoy se encuentra la entrada principal del bosque y el monumento a los Niños Héroes. Años después trasladaron sus instalaciones al área poniente, en los linderos de lo que hoy conocemos como El Chivatito. En la publicación Arquitectura de 1922, se citó que la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas (SCOP) cedió los predios situados al poniente, para construir las instalaciones del zoológico y el jardín botánico, e inicialmente ambos estuvieron adscritos al Museo de Historia Natural.
En los inventarios de los primeros animales registrados en 1890, se muestra una marcada preferencia por los felinos (leones, tigres y linces), úrsidos (osos) y cánidos (coyotes y zorros), así como aves anseriformes (gansos y patos); especies muy atractivas y de alto valor de exhibición. Años más tarde, El Contemporáneo (1899) de San Luis Potosí, publicó que un banquero australiano de apellido Chunkiying obsequió al general Díaz una colección de “fieras” australianas trasladadas desde California, cuyo destino sería el Zoológico de Chapultepec. Y el mismo año el popular Diario del Hogar publicó que el gobernador de Chihuahua había regalado un león africano. También se albergaron avestruces, que se consideraban aves de gran potencial pecuario.
En el contexto de la historia
A pesar del exotismo de la fauna silvestre exhibida, al parecer no había mayores atractivos, porque hasta 1910 este lugar aún no figuraba entre los paseos habituales de quienes vivían o visitaban la capital.
Es necesario citar que en 1912 el zoólogo francés Gustave Loisel, publicó L´Histoire des Ménagerie de l´Antiquité à nos jours, donde clasificó la historia y evolución de los zoológicos del mundo en cuatro etapas: 1) Antigüedad y Edad Media (desde el origen de la humanidad hasta el siglo XIV), donde los animales tuvieron un valor utilitario y fueron considerados bestias crueles, demoniacas e insensibles. 2) Renacimiento (siglos XV y XVI) caracterizado por las colecciones de animales mantenidas por la nobleza para su esparcimiento. 3) Tiempos modernos (siglos XVII y XVIII), cuando los animales en exhibición fueron usados como modelos de estudio por los naturalistas y artistas de la época. y 4) Época contemporánea (siglos XIX y XX, hasta nuestros días), donde el modelo de exhibición concebido por el comerciante de animales Carl Hagenbeck permitíó mantenerlos en condiciones semejantes a sus hábitats.
Este modelo se propuso para mantener a los animales temporalmente, en espera de ser vendidos a circos y otros zoológicos, pero mejorando notablemente sus condiciones de alojamiento al colocarlos en espacios más amplios, sin barrotes, que se sustituyeron por fosos de seguridad y ambientados con estructuras semejantes a rocas e incluso vegetación. También se incluyeron albergues de asociación de especies que permitieron la convivencia de animales diferentes, como ocurre en los ecosistemas donde habitan. El prototipo que definió esta etapa, se construyó en Stellingen, Hamburgo y fue inaugurado el 7 de mayo de 1907. En México los pioneros de este modelo de zoológico fueron el ZooMAT de Chiapas (1942), San Juan de Aragón en la Ciudad de México (1964) y el Africam Safari de Puebla (1972).
Cimientos para el futuro
Después de tres décadas, el Zoológico de Chapultepec tuvo su primera remodelación en 1923, cuando pertenecía a la Dirección de Estudios Biológicos (DEB), cuyo titular era el ilustre investigador Alfonso L. Herrera, quien siguiendo las corrientes de la época estructuró una institución que agrupaba al jardín botánico, un museo de historia natural y el zoológico. Este último, desde su fundación, mantuvo un rezago en su diseño arquitectónico; afortunadamente entre 1992 y1994, durante la administración de Marielena Hoyo se remodeló bajo la conducción de los arquitectos Sherman-Yañes-Mikami.
En la actualidad los zoológicos deben cumplir el objetivo de la conservación integral, ya que anteriormente se basaban en un eje con cuatro objetivos: 1) exhibición recreativa; 2) educación; 3) investigación; y 4) conservación de especies de fauna silvestre. No obstante, el Zoológico de Chapultepec mantuvo su rezago hasta los años noventa, ya que desafortunadamente su evolución como institución de apoyo académico, se vio truncada cuando en 1929 la estructura de la DEB se transfirió de la Secretaría de Agricultura a la Universidad Nacional (actual UNAM); que acaba de obtener su autonomía, para constituir al Instituto de Biología, pero su administración se dejó a cargo del Departamento Central del gobierno de la capital. Don Alfonso L. Herrera murió en 1942, pero fue hasta el 30 de noviembre de 1945 cuando en su honor se le dio el nombre actual: Zoológico de Chapultepec Alfonso L. Herrera y se colocó su busto en bronce en la entrada principal, el cual durante la referida remodelación fue removido de su sitio y actualmente se desconoce su paradero.
La evolución institucional del Zoológico de Chapultepec continuó con la creación de la Unidad de Zoológicos de la Ciudad de México, cuyo primer titular fue el MVZ Juan Garza Ramos, y bajo la dirección de los médicos veterinarios: Fernando Gual Sill, Rafael Tinajero Ayala y José Bernal Stoopen; que lo situaron en la línea de trabajo para la conservación de especies, por lo tanto, a ellos se debe la concepción y organización del zoológico como una institución de apoyo a la educación e investigación y conservación de la vida silvestre. Lo que le permitió estar al nivel del de San Juan de Aragón, institución que desde lustros atrás fue el único espacio docente de apoyo a la educación superior y cumplía cabalmente con los objetivos del zoológico moderno. La Unidad de Zoológicos más tarde se transformó en la actual Dirección General de Zoológicos y Vida Silvestre, que en la actualidad administra a San Juan de Aragón, Los Coyotes y Chapultepec.
Los archivos históricos son celosos centinelas de los testimonios que revelan los orígenes del Zoológico de Chapultepec y sus avatares, que el pasado mes de junio debió celebrar los 126 años de haberse decretado su construcción, circunstancia que lo erige como un zoológico centenario, el más antiguo del México contemporáneo, y en muchos aspectos, el más importante de nuestro país.
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* Biólogo por la Facultad de Ciencias de la UNAM, especialista en el manejo de fauna silvestre, divulgador ambiental, asesor de zoológicos y director de Conservación Sin Fronteras, A.C.








