“Arte para la nación” 2

Como el curador James Oles optó por una selección “más instintiva que racionalizada” –como señala en el catálogo–, la muestra Arte para la nación que se presenta en la Galería de Palacio Nacional en la Ciudad de México no es tan interesante por las obras que exhibe, sino por lo que devela sobre los valores y funcionamiento del Comité de Selección de Pago en Especie.

Un Programa dependiente del Servicio de Administración Tributaria (SAT) de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP).

Integrado por dos representantes que sólo tienen voz –uno de la Secretaría de Cultura y otro del SAT– y ocho expertos en artes plásticas que tienen voz y voto, el comité, además de seleccionar las obras que merecen ser recaudadas, las clasifica como simple pago fiscal o como patrimonio cultural de la nación que será destinado para exhibición en museos. Privilegiado con su propia auto-reproducción –cuando cumplen cuatro años, los miembros salientes proponen a sus sustitutos y los otros integrantes deciden por votación–, el comité tiene una presencia endogámica en esta exposición ya que el curador James Oles es uno de sus miembros.

Dividido en dos productos que corresponden a una exhibición y un cuestionable catálogo que excede las obras y firmas que se muestran en las salas –pero que resulta especialmente interesante tanto por la rigurosa investigación histórica del Programa Pago en Especie realizada por la directora de la galería, Susana Pliego, como por la reproducción de los decretos publicados en el Diario Oficial que han reformado el Programa desde 1975–, el proyecto curatorial, para señalar los puntos fuertes de la colección se basó en una selección conservadora y arbitraria de firmas, que se realizó a partir de su “omnipresencia” en la historia del arte nacional o en la escena contemporánea, y la eliminación de autores “sin presencia alguna en internet”.

Con base en lo que señala Oles en el catálogo, las firmas restantes que tenían alguna relevancia crítica o valor de mercado no sobrevivieron la última depuración.

Sin disimular sus preferencias, el curador incluyó varias obras de los mismos artistas en distintas secciones de la exposición. Entre ellos, Carla Rippey, Jan Hendrix, Vargas Lugo y, especialmente, Vicente Rojo, de quien se exhiben ocho piezas. Con presencias predecibles por el éxito comercial de las galerías a las que pertenecen o pertenecieron, se encuentran creadores de la Kurimanzutto, Labor y OMR. De esta última, se incluyen espléndidos pintores que promovió en los años ochenta como Dulce María Núñez, Javier de la Garza y Rocío Maldonado. Entre las obras más sobresalientes destacan pinturas de Ilse Gradwohl y la selección Los cuadernos de la mierda de Francisco Toledo.

Nahum B. Zenil y Pedro Reyes, aun cuando presentes en el catálogo, no se incluyen en la exposición.

Y por último, como conclusión, la muestra comprueba la pertinencia de reestructurar las becas tanto eméritas como del Sistema Nacional de Creadores. Si por cinco obras vendidas se debe entregar una al SAT, es evidente que varios de los artistas que gozan, han gozado o están solicitando las becas del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca) no deberían obtenerlas.