Señor director:
Dos acontecimientos políticos recientes son motivo de reflexión. Ambos, registrados en junio de 2016, dieron como resultado el evidente avance de la derecha. El primero, en nuestro país, con el Partido Acción Nacional. El segundo, en España, con el Partido Popular.
La mayoría de los ciudadanos participantes en ambos procesos votó por el color azul. No obstante las particularidades de cada uno de éstos, el papel jugado por la izquierda ha provocado no sólo el estancamiento de esta corriente de pensamiento, sino también su evidente retroceso. Las causas de ello están a la vista y sólo quien cierra los ojos no alcanza a distinguirlas: el sectarismo y el dogmatismo.
Allá, al otro lado del Atlántico, tales fenómenos se observan en el actuar tanto del Partido Socialista Obrero Español como del denominado Unidos Podemos. Acá, en el territorio nacional, en una izquierda dispersa, confusa y vergonzosamente corrupta, cuya mayor expresión son el Partido de la Revolución Democrática y Morena.
El resultado electoral en ambos países muestra, con toda claridad, que para que la izquierda gobierne requiere irremediablemente de la unidad. Le guste o no a sus dirigentes, la unidad alrededor de una plataforma común, que surja de un diagnóstico real y objetivo de los problemas nacionales, es al día de hoy indispensable. Si en verdad existe la intención de anteponer los intereses del pueblo y de la nación a los meramente particulares y de grupo, se tiene que iniciar, o reiniciar, el proceso que lleve a ello.
A dos años de las elecciones federales de 2018, la izquierda, en forma autocritica, debe revisarse a sí misma: debe debatir su ¿qué hacer? Ante la crisis económica, política y social que hoy nos afecta como sociedad, debe encontrar el camino más adecuado para enfrentar el gran reto que representa la coyuntura política que se acerca.
Aún hay tiempo y se tiene que aprovechar. Debe entenderse que no existen soluciones mágicas para resolver los problemas que nos aquejan, pero es indispensable encontrar las mejores. Tampoco existen superhéroes con varitas mágicas transformadoras de la realidad. No. Lo que existe es una sociedad aquejada de múltiples problemas, cada vez más sumida en la miseria y en la desesperación que, ante la ausencia de cauces democráticos, puede encaminarse más temprano que tarde por veredas que también son posibles de recorrer.
Por ello, insisto, el debate sobre el ¿qué hacer? de la izquierda tiene que comenzar. Y para ello es necesario mirarnos en el espejo de los procesos políticos en comento. No hacerlo será una irresponsabilidad histórica que ya no se podrá justificar con nada.
La izquierda, hay que reconocerlo, así como se encuentra en estos momentos, no tiene posibilidad alguna de ganar la Presidencia de la República ni de gobernar al país. Quien afirme lo contrario peca de ingenuidad o es de sobra un mentiroso.
Atentamente,
Miguel Ángel Hernández Jiménez








