La barbarie regresa a Pumas UNAM, multiplicada

Hace un año, un muchacho estuvo a punto de morir en una de las novatadas de los equipos de futbol americano de la UNAM. Contritas y demagógicas, las autoridades universitarias ordenaron que se acabaran las iniciaciones. Pero este año se repitieron. Un joven atleta, con una carrera brillante, se negó a pasar por ese ritual de golpes y humillación, y el equipo lo hizo a un lado. A esa irracionalidad se sumó la de Raúl Rivera, antiguo head coach de los Pumas, quien defendió la práctica vejatoria, contraria a los principios universitarios y a los más elementales derechos humanos.

Alejandro García Rosado es un quarterback de 18 años. Siete de los 11 años de su carrera como jugador de futbol americano los ha pasado en equipos de distintas categorías de los Pumas de la UNAM. Por sus cualidades fue invitado a subir a la Liga Mayor, aunque por su edad podría jugar un año más en Intermedia. Alejandro estudia en la Facultad de Ingeniería de esa casa de estudios y vive cerca de Ciudad Universitaria.

Pero Alejandro no va a jugar con los Pumas CU. No va a cristalizar su sueño de pertenecer al equipo de la universidad más importante de México. No va a vestir el uniforme azul y oro porque se rehusó a participar en la novatada. Alejandro no quiere ser chancleado por los veteranos del equipo hasta que le revienten la carne del pecho y de las nalgas de tantos golpes. Tampoco quiere someterse a los castigos que forman parte del ritual de iniciación.

Alejandro es seleccionado nacional de la categoría under 19 que está participando en el Mundial en Harbin, China. Cuando regrese a México, el próximo martes 12, no tendrá dónde jugar. Aunque a regañadientes, el coach Otto Becerril le entregó una carta de liberación para cambiarse de equipo, pero el muchacho no tiene un lugar seguro en otro. Y pese a que la Dirección General del Deporte Universitario asegura que están prohibidas las novatadas, Alejandro sabe que no tiene condiciones para quedarse: rompió un código no escrito.

El 10 de mayo, al término de la práctica del equipo de Liga Mayor Pumas CU, los veteranos del equipo le dieron la “bienvenida” a los novatos. Los hicieron ir a las regaderas, los obligaron a desnudarse y, así, los golpearon reiteradamente en el pecho con las chanclas que utilizan para bañarse. Son las famosas “chanclizas” que forman parte del rito de iniciación o de los “filtros” que los jugadores más jóvenes están obligados a pasar si aspiran a formar parte del equipo de Liga Mayor. En este equipo el talento deportivo no es suficiente.

Aquel día, cuando Alejandro García vio que los veteranos se fueron a los baños, sabía que no se salvaría de la chancliza.

Le sorprendió que aquello ocurriera, porque en julio del año pasado, el entonces director de Actividades Deportivas y Recreativas de la UNAM –ahora Dirección General del Deporte Universitario (DGDU)–, Severino Rubio, emitió un comunicado en el que anunció que se cancelaría “cualquier actividad del proceso de iniciación que ponga en riesgo la salud de nuestros jugadores. A partir de ahora, serán reguladas y supervisadas por un equipo médico que dictaminará las actividades a realizar”.

La medida se tomó a raíz de que un jugador novato, Juan Francisco Espinoza Martínez, terminó en terapia intensiva en estado grave, con neumonitis (intoxicado por vía tópica y por inhalación) y quemaduras de segundo grado como consecuencia de los ejercicios extenuantes, las golpizas y la pintura de aceite que le aplicaron en el cuerpo durante la novatada de 2015 (Proceso 2023).

Alejandro García Rosado era jugador de los Tigres del CCH Sur cuando esto ocurrió. Le causó tal impacto que su papá, Marco García, un exjugador de los Cóndores que en 1974 también fue golpeado y vejado en la novatada, se aseguró con Rubio de que su hijo no tendría que pasar por ese filtro. De lo contrario, no seguiría en la organización de futbol americano de la UNAM.

Pero la promesa de que se acabaron las novatadas se esfumó el 10 de mayo, cuando ninguna autoridad impidió la chancliza a los novatos. Con el consentimiento del staff de coucheo, los veteranos los golpearon.

“Se dijo que no iba a haber ese tipo de actos. Subí a Liga Mayor, estuve semana y media entrenando y cuando se presentó la primera bienvenida me fui antes de que nos pegaran. Cuando mis compañeros se empezaron a ir a las regaderas, me fui. Los veteranos los estaban esperando en los baños. Uno de los veteranos nos dijo que nosotros ya sabemos que tenemos que pasar por esto y que quien no quiera mejor que se largue, porque jugar en los Pumas tiene un costo”, cuenta García.

El rito menos universitario

Las “bienvenidas” ocurren generalmente los viernes. Los novatos se van a las regaderas, se desvisten y se bañan con agua fría mientras cantan el himno nacional o alguna otra canción que se le ocurra a los veteranos. Si los jugadores consideran que la cantaron mal, no la supieron interpretar o nada más porque sí chanclean a sus compañeros. Los encargados de golpear son los jugadores de quinto año, los veteranos de cada una de las posiciones en el campo y el capitán del equipo.

“Tengo compañeros que están aquí en la selección y me enseñaron cómo tienen todo abierto el pecho. Los veteranos de la posición te dicen: ‘Es viernes y te quedas a bañar’ y ya sabes que vas a los chanclazos. Desde el lunes te dicen: ‘Te tienes que aprender tales canciones porque quiero que me las cantes’. Te meten a bañar y debes estar cantándolas. Si no te las aprendes te pegan. Si consideran que aunque te la sepas no la cantaste bien, también te toca chancla. Ven muy gracioso tenerte encuerado bañándote con agua fría cantando y dándote chanclazos.”

–¿Por qué no quieres pasar la novatada? –se le pregunta.

–Es un sueño jugar para la Universidad, pero no al costo de poner en riesgo mi integridad. Hay jugadores que ni siquiera son estudiantes de la UNAM y otros ni estudian. Poner en manos de ellos mi integridad no es algo que yo quiera.

–¿Cómo ven entre los jugadores que un compañero se rehúse a ser chancleado o a pasar la novatada?

–Los veteranos dicen: “Yo pasé por esto para subir al equipo, ¿por qué él no lo va a pasar? Si yo pagué ese precio para jugar en los Pumas que él también lo pague”. Te ven como que eres un cobarde, que no tienes méritos para jugar.

–¿Cuál es tu opinión sobre estas agresiones?

–No veo bien que haya que pagar un precio por jugar en Liga Mayor. En mi caso, desde pequeño he representado a la universidad y lo he hecho de buena forma. Es un acto muy violento y muy poco racional: “Vamos a pegarte hasta que ya no aguantes y si pasas puedes jugar”. No es lógico que tus compañeros te maltraten para decir que tienes méritos. Ponen la dignidad de los novatos por los suelos. Veo mal no sólo la novatada de Pumas, sino las de cualquier equipo.

–¿El resto de los novatos sí está dispuesto a soportar esto?

–Tampoco les gusta pero saben que es requisito y lo quieren cumplir, aunque se pongan en riesgo. Ellos sí aceptan jugar ahí a cualquier costo. No entiendo su forma de pensar. Si desde la escuela te inculcan el respeto, te enseñan a cuidarte, si desde tu casa te enseñan lo mismo… Mis papás me inculcaron ser responsable y respetuoso y a cuidarme.

–¿Esta decisión te generó un rompimiento con tus amigos?

–Me dijeron que cuando los chanclearon les dijeron: “Bueno, ya tuviste tus chanclazos y ahora ahí te van más porque tu amiguito los dejó. ¡Qué clase de compañero es el que se va! Los que le tocaban a él te los voy a dar a ti”. Y hubo como un cierto reclamo, quizá de broma, pero sí les pegaron más.

El 12 de mayo García Rosado envió una carta al titular de la DGDU, Alejandro Fernández Varela Jiménez, en la que pidió que lo ayudara a obtener la carta de liberación que, según el reglamento de la Organización Nacional Estudiantil de Futbol Americano (ONEFA), necesita para jugar en otro equipo de esta liga u otra.

En su misiva solicitó ser liberado de los Pumas para irse a otra organización cuyos principios “no lastimen ni hagan daño a nadie”. Le pidió que haga una evaluación de la serie de anomalías y prácticas de esta “iniciación de hermandad”, porque “agreden física y moralmente, porque además de los golpes físicos se es humillado por los veteranos con la aprobación del cuerpo técnico, que lo fomentan al permitirlo.

“Jamás podré cambiar mi forma de pensar respecto de esta violencia, aun cuando mi pasión y amor por el equipo lo he demostrado en la Intermedia 2016, generando 13 pases de anotación y 11 anotaciones por carrera, líder de toda la Liga durante la temporada, sin embargo, de poco, o más bien de nada sirvió (…) es por ello que solicito su ayuda para la entrega de mi carta de liberación que me permita practicar este deporte en otro equipo donde no existan estas prácticas arcaicas y humillantes que ponen en riesgo la integridad física y hasta la vida.”

En respuesta, Fernández Varela le informó por escrito que desde el 4 de mayo se prohibió realizar “cualquier tipo de actividad hostil” y que el cuerpo técnico “no aprueba ni fomenta” estas prácticas. Le dijo que por haber violado las normas y para evitar que se repita, los responsables de dicho acto serán cesados de manera inmediata. También le pidió que se quedara con el equipo.

De ese oficio, el funcionario turnó copia a Raúl Rivera, ex head coach de los Pumas, ahora coordinador de Deportes de Contacto de la UNAM y actual presidente de la ONEFA. Aunque Otto Becerril es el head coach del equipo, Alejandro García y sus padres tuvieron que reunirse con Rivera.

Como si fuera el dueño de los jugadores, al estilo del “Pacto de Caballeros” del futbol mexicano, Rivera –quien de acuerdo con su nuevo cargo no tendría ni por qué haber estado enterado de este tema– le dijo al jugador y a sus padres que ni él ni Otto Becerril le darían la carta.

Los retó: “Así te la dé el rector de la UNAM, yo, como soy el presidente de la ONEFA, no te la voy a hacer válida, porque la única firma que vale es la mía. Si te quieres ir vas a tener que descansar dos años para poder cambiarte de equipo”, relatan los García que les dijo Rivera

La reunión con Rivera fue áspera. Su argumento fue que él (aunque ya no es el head coach) lo tenía contemplado para ser el quarterback de los Pumas y que “él no va a hacer nada para atentar contra el equipo”. “Fue un ‘si no juegas conmigo no juegas con nadie’”, refiere el jugador en entrevista. De nada sirvió que durante meses el muchacho le expresara su temor hacia los golpes y prácticas abusivas.

Narra la madre de Alejandro: “Me dijo: ‘A ver, señora, ¿qué es lo peor que le puede pasar a su hijo?’ Le contesté: ‘Que quede parapléjico’. ‘No, señora, eso no es lo peor. Lo peor es que se muera y hasta ahorita no se me ha muerto uno’. Le dije: ‘Pero el año pasado estuvo uno muy cerca’. Y contestó: ‘Pero no se murió’. Le dije que no quiero que mi hijo sea el primero. ‘Mire, señora, yo le diría que en los Pumas no están los mejores jugadores, sino los que están convencidos de lo que tienen que pasar para estar aquí’. Él mismo reduce así lo que significa ser un jugador en este equipo”.

El papá del jugador cuenta que a un receptor (Max Hernández) los veteranos lo castigaron porque no llevó agua al campo. Al final del entrenamiento fue chancleado brutalmente. A otro (Alejandro Prado) lo metieron a un tambo de agua fría y con hielos. Tuvo que ser hospitalizado y casi le dio neumonía.

“Eso pasó después de la carta que nos dieron, donde dice que está prohibido cualquier acto de maltrato, bullying o discriminación. Y eso nadie lo dice porque si se quejan, los corren del equipo. Cuando le dije a Rivera lo que le hicieron a Max su respuesta fue: ‘Voy a hacer que lo corran’”, explica Marco García.

Uno de los castigos que los veteranos le pusieron a Alejandro García fue entregarle una lista de productos como toallas, tapetes de baño, filtro solar, crema para evitar las estrías, entre otros, que debía entregar para no ser chancleado. Adquirirlos habría representado un gasto de casi 5 mil pesos, que la familia del jugador no tiene. Los integrantes del staff de coucheo terminaron comprando los productos para entregarlos a los veteranos y que no le pegaran al jugador.

García es un quarterback que sabe pasar el balón y también correr. Al equipo le interesaba mantenerlo. Trataron por todos los medios de convencerlo de que aguantara los golpes.

El 19 de mayo, García Rosado le escribió una carta a Enrique Graue Wiechers, rector de la UNAM, explicándole su situación. Le pidió que lo ayudara a conseguir la carta de liberación y le recalcó que las opciones que le dio Raúl Rivera son en perjuicio de su persona: jugar otro año en categoría Intermedia, “retrasando mi iniciación en Liga Mayor para evitar represalias por parte de los jugadores actuales”, o dejar de jugar dos años para conseguir su libertad.

Jamás recibió una respuesta. El 22 de junio, la DGDU le entregó la carta de liberación, tramposamente con fecha del 16 de mayo.

Palabrería oficial

En entrevista con Proceso, Fernández Varela asegura que Alejandro García Rosado se fue de los Pumas porque “tiene otro proyecto de vida”.

“Le expliqué que ya no va a haber novatadas, que hemos logrado avances importantes y sólo tendremos una ceremonia de iniciación con un sentido de sensibilidad y de espíritu universitario. No va a haber golpes, alcohol ni nada que ponga en riesgo la seguridad física y emocional de los novatos ni que atente contra la dignidad de las personas. Eso lo trabajamos en equipo con el staff y con los jugadores. Se acordó, se pactó y se firmó. Habrá pruebas físicas supervisadas por el personal médico y un evento muy bonito en el centro del campo y el juramento de los novatos.”

Según el funcionario, durante mayo y junio se reunió con los capitanes saliente y entrante y con el head coach, de tal manera que en cuestión de días logró concientizarlos y acabó con una práctica que durante más de 60 años la UNAM ha tolerado y consentido. Quien viole este acuerdo, incluso fuera del campus, será sancionado con la expulsión del equipo, asegura.

Por la chancliza del 10 de mayo, según informó, cinco jugadores fueron inmediatamente expulsados: Írving Alejandro Ovando Salgado (tercer año), Ébner Panamá Diez (tercer año), Miguel Ángel Núñez Mendoza (cuarto año), Carlos Miguel Allan Huesca Hernández (tercer año) y Josué Escobar Rivaz (segundo año).

–¿Existen las condiciones propicias para seguir en Pumas? –le pregunta la reportera a García Rosado.

–Es muy difícil. Ellos pueden prometerte muchas cosas, pero estando ahí todo puede pasar. En los baños los jugadores se vuelven locos. A Rivera le dije que si me asegura que no me van a tocar, me quedo. Pero me contestó: “No te lo puedo asegurar. Los jugadores hacen lo que quieren. Yo doy la orden de que no te peguen, pero si ellos lo hacen, no me puedo meter”.