Torreón, Coah.- Una gran expectación por escuchar en vivo a la gran diva del Metropolitan de Nueva York, los torreonenses se dieron cita en el Teatro Isauro Martínez, quien por derecho propio se ubica en la cúspide internacional del canto. Ha recibido la Medalla Nacional de las Artes que otorga el gobierno de USA, entre otras muchas distinciones en todo el mundo, y ha cantado en prácticamente todos las salas importantes del planeta, incluido el de Bellas Artes, México.
En Torreón se presentó acompañada por la Camerata de Coahuila, certeramente dirigida por Ramón Shade, director ya muy experimentado, y quedó demostrado que el conjunto ya alcanzó el nivel de excelencia apto para alternar sin menoscabo alguno a grandes solistas como José Carreras o Renée Fleming. Con sólo un ensayo, el maestro Shade, poseedor de un instinto musical poco común, la siguió con todo cuidado, la mimó e hicieron de cada pieza un verdadero bocado de cardenal.
Para abrir boca, la brillantemente difícil obertura de Las bodas de Fígaro de Mozart y en seguida apareció ataviada de un deslumbrante vestido azul; todo en ella es dulzura, su voz nunca es estridente ni incisiva, de agudos redondos, dotados de profundidad que aborda como si fueran fáciles, y sus constantes diminuendos y pianísimos ya legendarios son escalofriantemente bellos, pero colocados con precisión para ser audibles en todos los rincones del teatro.
Cantó para empezar el “Porggi, amor” de la misma ópera de Mozart, y ahí quedó muy claro que sigue siendo la reina. En seguida, dos fragmentos barrocos de Händel de las óperas Agripina y Julio César sin gritar, con gran legato y ágiles staccatos, un timbre excelso, no en balde es una de las favoritas del Met cantando Händel.
Siguió “La meditación” de la ópera Thaïs de J. Massenet, pieza orquestal con un estupendo solo de violín que bordó la joven concertino de La Camerata de Cohahuila: Romana Rudoman, y la Fleming nos obsequió otros dos fragmentos del aria “C’est Thaïs, l’idole fragile”, y de Manon” la famosa aria de la mesita “Adie notre petite table”. Terminó esta parte francesa con “Soirée en mer” de Camille Saint-Saëns y “Je t’aime quand meme” de la opereta Los tres valses de Oscar Strauss. Con gracia y alta escuela, pero sobre todo con un enorme placer por cantar que a la Fleming le brota por los poros.
Luego del intermedio, la obertura de La Cenicienta de Rossini para iniciar el repertorio italiano, y en seguida la canción “O del mio amato ben” de Stefano Donaudy y la maravillosa “Aprile” de Tosti. Lurgo “L’altra notte in fondo al mare” de Mefistófeles de Arrigo Boito, sin duda el punto culminante de toda la velada. Es poco usual que una soprano cante bien desde Händel y Mozart hasta Massenet y Boito, pero ahí estaba la Fleming haciéndolo.
La “Mattinata” de Leoncavallo, el “Malambo” de Ginastera, y el cierre con una apresurada “Estrellita” de Manuel M. Ponce, en un mal arreglo (cuyo autor no se consigna en el programa de mano), y deficiente fonética castellana. Y “La morena de mi copla”, paso doble del andaluz Carlos Castellano Gómez, donde la Fleming no podía estar más fuera de lugar, para decir lo menos.
Dos días después se presentó La Fleming en Bellas Artes, Ciudad de México con prácticamente el mismo programa pero con el pianista Gerald Martin Moore, excelso acompañante. Tuvo en Bellas Artes el mismo gran éxito que en Torreón, pero hay que decirlo, su voz se oye mejor con orquesta.








