Rebeliones partidistas

Londres.- El Brexit no sólo provocó una enorme incertidumbre económica y financiera en Gran Bretaña, sino también una crisis política y constitucional.

Una hora después de que se conoció el resultado del referéndum, el primer ministro, David Cameron, que se había jugado su futuro político al convocar el plebiscito y apoyar la permanencia del país en la Unión Europa (UE), anunció sorpresivamente su renuncia, arrastrado por el fracaso de su campaña.

El Partido Conservador está dividido desde hace años entre los parlamentarios eurofóbicos y los proeuropeos. Enfrenta además un éxodo de electores hacia el xenófobo Partido por la Independencia del Reino Unido (UKIP).

Esas divisiones internas empujaron a Cameron a convocar, contra su voluntad, el polémico referéndum, cuyo resultado provocó a su vez su caída, ocurrida sólo un año después de que su partido ganó la mayoría parlamentaria en las elecciones generales.

Siete días después del plebiscito, los principales aspirantes al cargo de primer ministro anunciaron su candidatura. Entre ellos se encontraba Boris Johnson, exalcalde de Londres y una de las caras más visibles de la campaña en pro del Brexit, quien aparecía como el favorito entre las filas de los tories (conservadores): contaba con el apoyo de más de 100 legisladores de su partido y asumía una posición más flexible a la hora de negociar con la UE una transición hacia el divorcio.

Pero el jueves 30 se bajó de la carrera por el liderazgo tory. Lo hizo después de que Michael Gove, ministro de Justicia y su compañero de filas, presentó en el último momento y de manera sorpresiva su candidatura.

Gove es, entre los candidatos, el de la posición más dura. Para él el Reino Unido debería mantener la promesa que se le hizo al electorado que votó por el Brexit: divorcio completo de la UE, nuevos acuerdos comerciales por fuera del bloque y control absoluto de las fronteras, lo que implica suspender el libre movimiento de personas y reducir el flujo migratorio al país.

También se postuló por el liderazgo del Partido Conservador la ministra del Interior, Theresa May, una política sobria y fría, con experiencia en cargos gubernamentales y quien apoyó la campaña por la permanencia en la UE. Los analistas consideran que podría asumir una posición más mediadora en las negociaciones con Bruselas.

El Partido Conservador deberá seleccionar a dos candidatos, los cuales serán sometidos al voto de unos 150 mil delegados este verano. El nombre del ganador se conocerá en octubre.

Esta es la primera vez en años que el Partido Conservador queda acéfalo en medio de una crisis económica y política tan grave en el Reino Unido, y muchos analistas comparan la situación con la crisis vivida en 1990 tras la renuncia de Margaret Thatcher.

Fractura laborista

Por su parte, el opositor Partido Laborista vive su peor crisis desde los años treinta. De hecho, tras la decisión de su líder, Jeremy Corbyn, de no renunciar a su puesto, el partido enfrenta la amenaza de una fractura entre el ala del centro y la de la izquierda.

Corbyn, quien en septiembre pasado ganó por amplia mayoría las elecciones internas del laborismo, recibió duras críticas por parte de sus parlamentarios debido a que no logró convencer al electorado de la conveniencia de permanecer en la UE. La mayoría de los tradicionales votantes laboristas del norte de Inglaterra desoyeron su campaña y apoyaron el Brexit. Muchos de ellos se dijeron cansados de no sentirse representados políticamente por el establish­ment en Westminster y Bruselas.

Los diputados laboristas acusan a su líder de realizar una campaña “tibia” y “no convincente” sobre el referéndum. Y tras los resultados de éste, Corbyn enfrentó una rebelión interna sin precedente. Una veintena de sus correligionarios renunciaron a sus puestos en el partido. De hecho, los diputados le dieron la espalda luego de que despidió a uno de los legisladores laboristas más respetados del partido, el muy crítico Hilary Benn.

Corbyn incluso enfrentó una moción por falta de confianza a su liderazgo, votada por 172 parlamentarios de su partido, es decir 80% de su bancada.

Pese a las presiones y a pedidos para que renuncie, Corbyn reiteró que no “traicionará” a los miles de afiliados laboristas que votaron por él en septiembre pasado, en especial a miles de jóvenes que salieron a marchar por las calles para pedir que termine la revuelta contra el líder de su partido. Ello amenaza con una sangría de votos por parte de votantes tradicionales laboristas, que podrían dar su apoyo al UKIP o los Liberales Democráticos, ambos casi sin representación en el Parlamento.

Angela Eagle, una de las parlamentarias rebeldes, logró el apoyo de medio centenar de diputados y se presentó como candidata a la dirección del Partido Laborista. Afirma que busca reunificar a su fracturado partido, que se encuentra atrapado en peleas internas y divisiones ideológicas que podrían terminar por destruirlo.

Así, el inesperado voto por el Brexit ha transformado el escenario político de Gran Bretaña, arrastrando consigo al primer ministro, provocando el ascenso de la ultraderecha en el país y amenazando con fracturar al Partido Laborista, algo impensable hace sólo algunos días.