En la mente del asesino

Fort Pierce, Florida.- Una semana después de la masacre en Orlando, la intersección de Yosemite y la calle 17, en Fort Pierce, Florida, aún no recobra su habitual parsimonia de pequeño barrio costero.

Junto a la maraña de patrullas del condado de Santa Lucía y las cintas amarillas que impiden el acceso al condominio Woodland a quien no sea residente, se agrupan vendedores ambulantes, turistas curiosos que toman fotos y vecinos que miran el espectáculo con expresión sombría.

El condominio donde vivía Omar Mateen tiene un color grisáceo. El humor de algunos de los residentes que logran pasar la cinta amarilla también es grisáceo: están hartos de la prensa. Llevan siete días sorteando policías, autos, cámaras y trípodes para llegar a la verja de entrada a sus hogares.

En Fort Pierce sólo hay otra dirección donde también hay ajetreo de periodistas y policías: la vivienda de Seddique Mateen, padre de Omar, un afgano que emigró a Estados Unidos tras la invasión rusa de 1979 y que sólo abrió su puerta al diario The Washington Post para expresar dolor y su versión de los hechos. Pero sus testimonios son tan contradictorios como esta historia.

Una semana después, las razones por las cuales un neoyorquino de 29 años disparó un rifle AR-15 calibre .223 y una pistola semiautomática contra más de 100 personas en el club gay Pulse, van reconstruyéndose lenta y turbiamente como un rompecabezas engañoso.

“Yo soy el tirador”

Pasadas las tres de la tarde del domingo 12 el Estado Islámico (EI) utilizaba su agencia propagandística, Amaq, para acreditarse el atentado y decir que Mateen era uno de sus combatientes.

Hasta el jueves 16 el Buró Federal de Investigación (FBI) no había establecido ningún vínculo entre la masacre y el EI. Los voceros de la agencia han descartado que el grupo hubiera entrenado a Mateen.

La conexión entre el fundamentalismo islámico y la masacre del Pulse la estableció el propio asesino minutos antes de la barbarie. Investigadores de la policía dijeron a la prensa que Mateen llamó al número de emergencias 911 mientras conducía rumbo al Pulse y declaró lealtad al EI y admiración por los hermanos Tsarnáev, fundamentalistas de probados lazos con Al-Qaeda, responsables del atentado en el maratón de Boston en 2013.

Las autoridades aún no han publicado el contenido de la llamada al servicio de emergencias, pero algo ha quedado claro para los investigadores del caso: Mateen tenía especial interés en dejar claro que esa noche su motivación para asesinar homosexuales era religiosa.

Incluso fue más allá: a las 2:45 de la madrugada, mientras llevaba a cabo la carnicería, Mateen llamó a la estación de noticias NEWS13, que cubría la tragedia. Su llamada la atendió el productor Matthew Gentili. “Se me aceleró el pulso cuando escuché a un hombre jadeando, agitado, mientras decía: ‘Yo soy el tirador; soy yo, yo soy el tirador’”.

Gentili ha viajado también a Fort Pierce durante esta cobertura continua. Comenta al reportero que no pudo preguntarle nada. “Se oían muchos gritos alrededor. De repente el hombre dijo que lo hacía por el Estado Islámico, y empezó a hablar en un idioma que yo no entendía; quizás era árabe o quería hacerlo pasar por árabe”, comenta el productor televisivo.

La insistencia en achacar su crimen al radicalismo islámico en lugar de confirmar esta causa ha provocado que la policía la descarte. De hecho, el primero en rechazar esta versión fue su padre: “Yo creo que él estaba alardeando”, dijo Seddique Mateen a The Washington Post.

Para el director del FBI, James B. Comey, desde 2013 Mateen realizaba una especie de búsqueda de una ideología extremista que se ajustara a él. “Y no al revés, según es lo usual”, dijo Comey a la prensa.

De hecho Mateen fue investigado en 2013 por, al parecer, expresar simpatía por dos organizaciones en particular: EI y Hezbolá.

“Evidentemente no distinguía la contradicción. Aunque ambos son grupos terroristas y tienen al Islam como origen fundamental, el Estado Islámico promueve un islamismo sunita y Hezbolá uno chiita. En muchos sentidos son contrarios. De hecho, en Siria Hezbolá es aliado de Bashar al-Assad en la guerra contra EI y Al-Qaeda”, dijo Comley.

Si la tesis del extremismo religioso no parece convencer efectivamente a los investigadores, ¿cuál fue el verdadero motivo detrás del salvajismo que arrancó la vida a 49 personas e hirió, en algunos casos de gravedad, a otras 53 en el club nocturno Pulse?

“Un cliente de fin de semana”

Jim van Horne se ha convertido en una especie de celebridad local en Orlando. Sobre todo después de la matanza del domingo 12. Quizás sea por su carisma o porque a sus 71 años es uno de los clientes homosexuales más fieles y longevos del Pulse.

Van Horne no tiene ninguna duda de que Mateen era un homosexual reprimido. “Era lo que diríamos un cliente regular de los fines de semana”, dice al reportero. “Habrá ido al Pulse unas… qué sé yo, 12, 15 veces. Siempre intentaba ligar con hombres. Pero era un poco desagradable. No caía bien. Se comportaba agresivo y nervioso. Eso les pasa a muchos gays primerizos. Yo lo recuerdo, una vez me dijo que estaba recién separado de una novia o una esposa”.

Esa exesposa es Sitora Yusufiy, de 27 años, quien ha puesto más sustancia a la teoría del posible homosexualismo de Mateen: “Cuando nos conocimos, él me habló de que tenía un pasado de vida nocturna que había quedado atrás. Nunca mencionó que fueran clubes de ese tipo, aunque quizás en algún momento lo sospeché. Yo sentía que él quería huir de esa parte de él. No puedo decir que fuera gay. A su padre sí se lo escuché decir una vez, durante una discusión con él”.

Estas declaraciones de Yusufiy a Erin Burnett, de CNN, no han sido confirmadas por el padre de Mateen. Más bien las ha rechazado: “Omar se crió en un ambiente de respeto por las familias. Esas personas (los gays) ya tienen de antemano su castigo en Dios”.

Pero la avalancha de testimonios sobre una posible homosexualidad encubierta ha sido indetenible.

“Conozco a alguien que tuvo algo que ver con él. Un hombre”, dice Josh Soriano, joven estudiante de comunicaciones que vive en Yosemite, prácticamente al cruzar la calle del condominio Woodland, donde Mateen vivió.

Soriano es puertorriqueño, homosexual, y se resiste a todos los pedidos que le hace este reportero para hacer contacto con su amigo. No acepta dar más detalles. Pide que se le entienda: “Si él ha ‘sobrevivido’ en el anonimato a toda esta semana con la prensa revisando todo, ha sido porque no ha hablado con nadie, absolutamente nadie. Su actual pareja y yo hemos tenido que servirles casi de terapeutas. Tiene una depresión horrible”.

Quienes sí han dado sus nombres y sus testimonios son Cord Cedeño y Kevin West, ambos clientes habituales del club Pulse, y quienes afirman que fueron contactados por Mateen a través de Grinder, una aplicación telefónica para ligar entre homosexuales.

“De hecho él quiso salir conmigo”, dijo Cedeño a la cadena MSNBC, “pero yo lo bloqueé porque el tipo era creepy (atemorizante, desagradable). Ahora veo que no estaba equivocado”.

Para el psiquiatra cubano Sergio Pérez Barrero, este caso lejos de ser complicado es de libro de texto: Mateen podría encarnar el desarrollo de tendencias sociopáticas como última consecuencia de una lucha contra la propia identidad.

“Ese muchacho sufría horriblemente. Y ese sufrimiento, que pudo originarse en su adolescencia, puede haber tenido en su familia a una posible causante de la represión. Es común en las conductas sociopáticas”, explica.

Cuando oscurece en Fort Pierce es como si las poco más de 40 mil personas que lo habitan acordaran callar. El poblado enmudece. Si se afina el oído puede escucharse el romper de las olas en su costa magníficamente conservada. Es un verano de proverbial calor en la Florida.

“Fort Pierce es una ciudad tranquila, sin pretensiones, es una ciudad noble”, dice Rebecca McKinney, otra vecina de Mateen que durante todos estos días de coberturas mediáticas ha terminado por ser amiga de los periodistas que lo ocupan todo a su alrededor.

A ella le molesta pensar que de ahora en adelante Fort Pierce sea identificada como “la ciudad donde vivía este monstruo”.