En varias de sus narraciones Héctor Aguilar Camín ha recuperado, de manera analítica, diferentes momentos históricos importantes en la historia del país. Así lo realizó en obras como Morir en el Golfo (1985), La guerra de Galio (1991), y La conspiración de la fortuna (2005), entre otras. Hace unos días presentó la novela Toda la vida (Literatura Random House Mondadori; México, 2016, 134 pp.), en donde aborda el ambiente social y policíaco de finales de los años setenta a partir de un contacto entrañable.
En Toda la vida el narrador, Serrano, cuenta la historia de amor con Liliana Montoya. Desde muy jóvenes se relacionan como amigos íntimos. Cierto día ella le hace una terrible confidencia: ha mandado matar a un sujeto por profanar a su hermana menor. La revelación le muestra a una mujer despiadada y decide alejarse. Aunque se reencuentran y en algunas ocasiones Liliana le vuelve a hacer la misma confesión, con matices cada vez más truculentos del asesinato.
Con el tiempo Serrano decide investigar su veracidad, así se acerca a los ambientes en los que ella se mueve, y las personas con las que trata, entre otros. El resultado es el conocimiento de medios sórdidos, así como la aceptación de sus afectos hacia Liliana, que lo llevará a buscar otra relación.
Toda la vida trata sobre la permanencia del amor. Los afectos no reconocen circunstancias, actitudes, valores, edades, posiciones sociales… Cuando en una relación se da una imposibilidad, por la moral, puede darse un distanciamiento. Sin embargo, la pulsión amorosa con el tiempo se impone y recrea una situación, en donde las emociones se manifiesten y los actos se realicen.
En la narración Aguilar Camín hace además un acercamiento al oscuro mundo policiaco de los años setenta, donde se podía recurrir a diferentes cuerpos del orden público para comprar protección, amedrentar o aniquilar a un enemigo. Así como a la vida nocturna de la capital, para situar la historia. El resultado es una narración contada en un contexto preciso. No obstante, el personaje Serrano, por su palidez emocional e inseguridades, confunde y no logra transmitir la intensidad del amante. Aun así la novela atrapa al lector, por el buen manejo de las perversiones de Liliana y la recuperación del ambiente citadino de esos años.








