Señor director:
El acueducto Tembleque, terminado en 1560, transporta el agua a través del llano de San Juan Teotihuacán y Otumba, en el Estado de México. Y hace 20 años, el padre Ángel Cerda tomó a su cargo el rescate del monumento, dañado por 400 años de abandono total e intencional. Con este fin fundó el Patronato Acueducto Tembleque.
En estas dos décadas hizo estudios muy completos de la zona, que de hecho fueron utilizados por la UNESCO para declarar a esa obra de ingeniería colonial como Patrimonio de la Humanidad el 8 de julio de 2015.
Aún se celebraba este nombramiento cuando manos criminales rompieron la mampostería y el depósito de los manantiales de Tecajete.
Por esta razón exigimos que se persiga a los culpables y que se deslinde la responsabilidad de los servidores públicos encargados de cuidar esta obra, pues según el artículo 47 de la Ley Federal de Responsabilidades de los Servidores Públicos, todo funcionario está obligado a “salvaguardar la legalidad, honradez, lealtad, imparcialidad y eficiencia en el desempeño de su empleo, cargo o comisión, y cuyo incumplimiento dará lugar al procedimiento y a las sanciones que corresponden”.
Paralelamente, en la investigación del caso ha prevalecido el burocratismo perjudicial, pues ha pasado por diversas dependencias sin merecer atención.
Es importante recalcar que las barrancas de Tepeyahualco –el terreno en el que se ubica la arquería monumental, con 68 arcos que se suceden a lo largo de un kilómetro– son propiedad de la nación, que debería protegerlas.
Lejos de que así sea, la presidenta municipal, Selena Peña; la Secretaría de Cultura, y la Dirección de Sitios y Monumentos permiten el robo del agua. No sólo eso: con toda impunidad, las autoridades rompieron una fuente del siglo XVI y en su lugar erigieron una de cemento, como si fuera equivalente.
Por estas razones me permito recordar que vivimos en un estado de derecho, donde todos los funcionarios protestan cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes, y donde todo ciudadano está obligado a denunciar los delitos, cuantimás si los perpetra un gobernante. Desafortunadamente, lo que hoy tenemos es silencio y desorden.
Ante mi insistencia formal –y registrada ante notario– de que el licenciado Rafael Tovar y de Teresa, titular de la Secretaría de Cultura, cumpla con sus deberes de funcionario, se me indicó que mis peticiones se pasarían al director de Sitios y Monumentos, Raúl Delgado Lamas; sólo que, según parece, se entregaron junto al consabido “acátese, pero no se cumpla… y archívese”.
Por si esto fuera poco, la inseguridad ha aumentado alrededor de la zona mencionada, con robos a transeúntes y vehículos.
Atentamente
Saúl Uribe, presidente, y Carlos González
Gamio, asesor del Patronato Acueducto Tembleque








