Malacara y su “ Atlas del jazz en México”

La obra entera del investigador musical Antonio Malacara Palacios culmina con un volumen que empieza a ser recibido como imprescindible en el trazo de esta “primera historia del jazz en México”. Los testimonios recabados de viva voz con músicos, melómanos y promotores del género durante tres años habrán de ampliarse en una versión impresa de varios tomos, y en una digital, en cuatro o cinco meses más.

Documento imprescindible para aquellos que aman el arte musical y las improvisaciones sonoras, Atlas del jazz en México, del historiador, periodista e investigador Antonio Malacara Palacios, es un volumen de alta riqueza no sólo para el género jazzístico en nuestro país sino para la historia de la música nacional a partir de la anterior centuria.

Durante los últimos tres años, Malacara Palacios (Ciudad de México, 1955) recorrió vastos rincones de la República Mexicana recabando información de viva voz con músicos, melómanos y promotores del género. Así, compiló el amplio universo cartográfico que integra este abundante Atlas del jazz en México (Secretaría de Cultura/Cámara de Diputados/Taller de Creación Literaria EN EL BORDE), a lo largo de 400 páginas.

Labor intensa y fructífera con miras a publicarse en tres tomos futuros.

Autor desde los años setenta, cuando publicó en Editorial Era un libro de Elvis Presley, Malacara destaca por los siguientes títulos:

Catálogo subjetivo y segregacionista del rock mexicano (2001), De la libertad en pequeñas dosis: notas del jazz nacional (2002), Catálogo casi razonado del jazz en México (2005), Viaje al fondo del jazz (2008), Sub versión de los hechos. 200 bandas de jazz (2012), las biografías de los tecladistas Juan José Calatayud (1939-2003) Modelo para armar (2007) y Eugenio Toussaint (1954-2011) Las tangentes, el jazz y la academia (2009). El también colaborador de La Jornada refiere en “De cómo nos desbordó y nos sigue desbordando la realidad”, al comienzo del Atlas del jazz en México:

“Desde que empecé a recorrer el país para platicar, conferenciar o debatir alrededor de esta música, los funcionarios culturales y los promotores me preguntaban por algún músico o grupo, mientras que los músicos me pedían el teléfono de algún funcionario o club. Lo extraño era que los músicos de Mazatlán no supieran lo que sucedía con el jazz en Los Cabos… este fenómeno de aislamiento involuntario se repetía en todas partes…

“Supe entonces que era necesario trazar un mapa, o dos. O un atlas. Me di a la tarea de armar un directorio de músicos, uno de festivales, uno de programas de radio, uno más de clubes y varios otros que nos ayudaran a navegar con más facilidad por estas aguas.”

Antonio Malacara (“un ferviente activista del jazz” lo llamó el compositor Eduardo Soto Millán en Proceso) escribe que convocó “a cuates enterados en cada uno de los Estados del país”, y a cada cual le propuso redactar una semblanza de jazz en su localidad con la idea de trazar, a través de 32 relatos, una primera historia general del jazz en México.

“Todos aceptaron participar, aunque no todos quisieron escribir y prefirieron dar su testimonio a través de una entrevista… En cualquier forma, buena parte de las rutas y los datos recopilados en tres años de trabajo quedaron fuera, con la esperanza de una segunda edición. Sólo en lo concerniente a músicos, tuvimos que recortar más de la mitad del contenido.”

El proyecto cristalizó gracias a la escultora Margarita Saldaña, presidenta de la Comisión de Cultura de la LXII Legislatura de la Cámara de Diputados, agrega:

“Por otro lado, pero en este mismo viaje, sabemos bien que la información contenida en este libro se modificará más temprano que tarde, que es necesario estarla revisando y actualizando una y otra vez, por ello estamos trabajando en una versión digital que subiremos al ciberespacio en cuatro o cinco meses.”

Aparte de las 330 páginas documentales sobre los 32 estados, un directorio nacional de sitios para oír jazz, así como de los festivales del ritmo y programas de radio, añade una lista de alrededor de 800 jazzistas con correos electrónicos y 63 fotos en blanco y negro donde aparecen él y seis creadoras femeninas solamente: Carmen Fuerte, Beatriz Torres, Cynthia Calderón, Diana Peña, Ligia Cámara y Sara Valenzuela. Lisa Björk Miranda cuidó la edición e Israel Miranda diseñó la llamativa portada y tipografía.

Estridentismo y mercadotecnia

Antonio Malacara presenta Atlas del jazz en México el miércoles 1 de junio en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de las Bellas Artes, a las 19 horas.

Lo acompañarán Carmen Fuerte (co-coordinadora del área de Jazz en el Conservatorio del Estado de México); Juan González (productor del programa Jazzimientos en Morelos), y Pablo Argüelles (conductor de Sólo jazz para Radio Benemérita Universidad Autónoma de Puebla). Según expone a Malacara en el capítulo décimo la también saxofonista, clarinetista y flautista Carmen Fuerte (Toluca, 1974), el principal problema que enfrentan los jazzistas locales es la falta de difusión:

“De repente se confunde el jazz… desgraciadamente un número considerable de escuchas todavía no tiene ese acercamiento al jazz como tal. A veces confunden el hueso (tocar eventualmente por necesidad para un artista o espectáculo) o el pop puro, con jazz. Es un problema de cultura general, un poco culpa de los medios masivos de comunicación con una difusión de estilos de música muy limitada.”

Juan González (Los Ángeles, California, 1963), a la vez catedrático de Filosofía y Ciencias Cognitivas de la Universidad de Morelos, menciona siete puntos para entender la precaria situación del jazz en su entidad. Apunta la ignorancia de las autoridades en torno a que “el jazz (y la música en general) es una muy buena herramienta psicosocial para reforzar la autoestima y los lazos comunitarios y, por ende, disminuir la violencia… Morelos es el estado que desde 2010 tiene el mayor número de casos de secuestro, robo con violencia y extorsión en el país, siendo el que menos invierte en programas de prevención social de la delincuencia”.

Por su parte, Pablo Argüelles (Puebla, 1964) acusa:

“A veces las autoridades apoyan, a veces no. Dentro de las actividades de jazz en Puebla ya no están los conciertos o el apoyo directo que se tenía del IMAC (Instituto Municipal de Arte y Cultura). En 2014, por ejemplo, dentro del Festival Internacional de Puebla ya no hubo el ciclo de jazz que llevaba dos años en el Teatro de la Ciudad simplemente porque el presupuesto que se le daba lo jaló para sí el Consejo de las Artes… Eso fue un retroceso.”

A su manera de ver, el origen del jazz en Puebla se debe a la vanguardia propuesta por Germán List Arzubide y Arqueles Vela en su Manifiesto Estridentista del 3 de julio de 1924, conforme apuntó Argüelles en Historia de la Música en Puebla (2010):

“La estructuración de las ciudades modernas, lo trepidante de las máquinas, las manifestaciones fonéticas que estas producen obligan al hombre contemporáneo a reproducir en estética un nuevo concepto tonal. De ahí la importancia que tiene para los estridentistas el jazz y la música negra…”

Para Guillermo Cuevas (Xalapa, 1945), pianista, traductor y profesor de jazz de la Universidad Veracruzana de Xalapa, un libro trascendente en los años sesentas para la difusión del jazz en México fue El jazz. Su origen y desarrollo (Fondo de Cultura Económica, Colección Popular/Tiempo Presente; número 39, 1962), “traducido tan oportunamente al español por Jas Reuter”.

En su escrito del capítulo XXX, Memo Cuevas añade una noble post-data personal a Toño Malacara (“aprendiz de cartógrafo”), augurándole “tu Atlas, como la música misma, va a crecer y creo que resultará un excelente estímulo para tantos muchachos que ahora resulta se han enamorado de ella”.

Sobresale la entrevista al viejo zorro promotor jazzero Germán Palomares Oviedo (Ciudad de México, 1952), gerente de Horizonte 107.9 y productor del programa La música que hace la diferencia para Radio UNAM. Colega de Malacara, la pluma de Palomares plasmó hace una década la memorable introducción a su volumen de Calatayud, y hoy lo congratula por este nuevo estudio, en el capítulo XXIX (“Valle de México”, al lado del bajista Roberto Aymes, el crítico Xavier Quirarte y el músico Alain Derbez), con las reservas de todo buen conocedor del jazz hecho aquí:

“Estoy convencido de que el trabajo del Atlas es muy importante y te admiro por esto. Creo que es un paso muy relevante, muy sólido; pero me parece que lo que nos está faltando en México es mercadotecnia. Mientras la música en México no encuentre los canales para divulgar sus propios valores, así tengamos los mejores músicos del mundo, estos no van a trascender.”