Durante 18 años Joseph Blatter fue una de las personas más poderosas del planeta: como presidente de la FIFA aglutinó a más países que la ONU, asumió funciones diplomáticas y manejó millones de dólares con una libertad que cualquier gobernante habría deseado. Pero el año pasado una investigación de corrupción lo tumbó. Tras la defenestración, el periodista Peter Rothenbühler charló con él. Por primera vez en español, Proceso reproduce el diálogo que aparece en el libro Sepp Blatter: Mission & Passion Football, de Thomas Renggli. La obra, que fue originalmente editada por la suiza Werd & Webber, está por aparecer en México, tanto en español como en inglés.
–Señor Blatter, ¿qué sigue ahora?
–Estoy bien nuevamente y listo para nuevas cosas. Tengo un ocho escrito en la espalda. Ahora me encuentro en la novena década de mi vida, y el nueve es mi número en el futbol. Trae buena suerte.
–Me gustaría hablar de los errores y equivocaciones que cometió como presidente de la FIFA. ¿Cuál es la primera cosa que se le viene a la mente?
–¿Quieres hablar de los pecados veniales? ¿O de los pecados capitales?
–¡De los capitales! Usted ha admitido una equivocación: ha dicho que debió retirarse en 2014, después de la Copa del Mundo de Brasil.
–Sí. Fue inadecuado quedarme. Pero mi equivocación más grande, y que es al mismo tiempo mi actitud ante la vida, es que confío en la gente, como principio. Eso puede ser un objetivo en sí.
–¿Por qué?
–Mientras me desarrollaba en la FIFA podía confiar en la gente; como director técnico fue aún posible. Tan pronto me convertí en secretario general y obtuve un cierto grado de poder, eso se volvió difícil. Nicolás Maquiavelo dice que no es el título el que cuenta, sino el poder que te ofrece. “Además, ¿qué caso tiene el poder si no se puede abusar de éste?”, susurró él probablemente. Tener confianza ciega en la gente fue una equivocación.
–Como presidente usted tuvo mucho poder. Por favor, sea honesto: ¿utilizó inapropiadamente el poder, como lo recomendó Maquiavelo?
–No, no lo hice. Mi padre, que fue un hombre estricto e inteligente que tuvo que trabajar muy duro, me enseñó unas cuantas reglas básicas que yo siempre he conservado. Primero: “No aceptes dinero que no hayas ganado, o de otra forma te volverás dependiente”. Él me dijo eso cuando era joven. En ese momento yo trabajaba como maletero en hoteles y dije: “De acuerdo, ¿pero puedo aceptar propinas?”. “Sí, sí, es algo que te ganaste, sí”. Y segundo: “Nosotros, la familia Blatter, siempre pagamos nuestras deudas. No queremos estar endeudados con nadie”. Y tercero: “Nunca prestes dinero, nunca lo recuperarás”.
–La FIFA reveló su salario: en 2015 usted ganó 3.6 millones de francos. ¿Por qué era secreto?
–Mi política es cumplir con los acuerdos. Y el Comité de Remuneraciones decidió originalmente no revelar los salarios de los directivos de la FIFA. Eso ha cambiado ahora. Y es bueno. No hay nada que ocultar. Espero que esto ponga fin a la curiosidad pública. En cuanto a la cifra que usted menciona, ése es el salario que la FIFA me ofreció. Yo nunca pedí dinero.
–¿Y usted nunca recibió comisión sobre los grandes contratos de publicidad, como fue practicado mucho tiempo por asociaciones y presidentes de otros deportes?
–¿A usted le parece que otras asociaciones deportivas recibieron comisiones? Entonces usted sabe más que yo. Yo sólo puedo hablar por mí. Nunca toqué dinero de alguien más. Nunca toqué honorarios de bróker (agente) o comisiones sobre contratos, y nunca recibí dinero que no haya ganado en forma normal.
–De lo contrario se habría sabido hace mucho tiempo. El FBI ha estado investigando, las autoridades suizas han estado investigando, el Comité de Ética de la FIFA ha estado investigando… Poderosos investigadores han estado trabajando.
–Correcto. Ellos no encontraron nada porque no hay nada que encontrar.
–Usted confió en la gente demasiado. Deme un ejemplo.
–Sólo un gran ejemplo. Cuando se llevó a cabo un gran trabajo de limpia en 2012 en la Concacaf (Confederación de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe de Futbol), el juez especial designado dijo: “Estamos ahora en una situación en la que hemos electo a una especie de rescatista como nuevo presidente, el señor Jeffrey Webb. Usted será el hombre que restaure la confianza en la Concacaf ahora que el antiguo presidente y su secretario general han sido suspendidos”. Jeffrey Webb expresó su agradecimiento con lágrimas en los ojos y fue electo presidente. Lo felicité inmediatamente y le dije: “Confío en ti, te daré la dirección del Grupo de Trabajo contra el Racismo y la Discriminación, obtendrás un comité importante”. Acababa de decirlo cuando llegó el 27 de mayo y el supuesto rescatista fue arrestado y admitió su implicación en sobornos. Me sentí defraudado, traicionado. ¿Cómo puedo ser responsable de la integridad de tales miembros?
–Sí, pero usted sabía que en las asociaciones que pertenecen a la FIFA, en la mayoría de los países del mundo, las únicas personas que llegan a la cima son aquellas que conocen la corrupción y no sólo de oídas. Pensar otra cosa sería ingenuo, ¿no es así?
–Los 26 que han sido arrestados hasta el momento a petición de las autoridades de Estados Unidos han sido norteamericanos o sudamericanos. Y están acusados de haber cometido delitos en conexión con actividades de sus confederaciones, y no en conexión con competencias de la FIFA.
–Pero seguramente usted debió haber escuchado cosas si algo no estaba bien. ¿Quizás usted no hizo nada porque tener esa información también le daba poder?
–Usted utiliza la palabra “quizás”. Eso dice todo. Lo que usted está sugiriendo sobre mí es completamente falso.
Diplomacia futbolística
–¿La Copa del Mundo nunca fue comprada?
–En mi opinión la Copa del Mundo no puede ser comprada. Se trata de política de alto nivel. Quienes ganan son aquéllos que tienen más influencia a nivel político y diplomático.
–Pero en relación con la doble decisión para las copas del mundo de 2018 y 2022 no todo fue acorde con sus ideas. ¿Apostó a las personas equivocadas?
–No aposté a nadie. La decisión fue tomada por un comité (el comité ejecutivo) y no tuve influencia sobre la composición del mismo. Fueron las asociaciones continentales las que eligieron a sus miembros para el comité ejecutivo de la FIFA.
–Hábleme de otra equivocación suya.
–Hay una distinción de matiz entre equivocación y error. No siempre elegí bien al personal de más alto nivel. Usted puede llamar a eso decisiones erróneas. Y eso también aplica a la posición de secretario general.
–¿Por qué es tan difícil elegir al miembro más importante del personal de la FIFA?
–Mi predecesor como presidente, Joao Havelange, una vez dijo: “Tú nunca serás el presidente que yo fui”.
–¿Puede explicar eso?
–Le dije a Havelange: “Claro, tú eres un patriarca, un verdadero presidente…”. “No, no, eso no es lo que quiero decir”, me respondió, “tú nunca tendrás el secretario general que yo tuve”.
–Pero hay muchísimas compañías que no han tenido tanta desgracia con el nombramiento de sus CEO (directores ejecutivos), y un secretario general (de la FIFA) es algo así como un CEO.
–Sí, pero en mi caso no siempre tomé la buena dirección.
–Ésa es su verdadera debilidad.
–Como lo dije, cometí ocasionalmente errores en relación con la gente que seleccioné. Pero dígame quién no comete equivocaciones en su vida.
–¿Alguna vez intentó usar su poder con un interés distinto al futbol? ¿Cómo por ejemplo mediador en conflictos políticos?
–Sí, con base en una investigación de los estadunidenses el secretario de Estado Yves Rossier, del Departamento suizo de Relaciones Exteriores, me pidió que hablara con el presidente de Burundi, Pierre Nkurunziza, quien estaba determinado a ir por un tercer mandato cuando ya había muchos muertos en conexión con eso. En presencia de testigos sugerí al presidente de Estado, que es un gran fanático del futbol, que si era benéfico para el país y para él, FIFA podría utilizarlo en África o en todo el mundo como embajador del futbol. Desafortunadamente no ocurrió. El desarrollo de la situación en Medio Oriente es lo mejor para eso. Palestina e Israel se han comprometido en un diálogo gracias al futbol. En el Congreso de Zúrich de 2015, ambos presidentes de sus asociaciones se apretaron las manos a pesar de que Palestina había solicitado previamente la exclusión de Israel. Eso fue la diplomacia real en acción. También en Chipre las dos regiones rivales juegan futbol entre ellas.
–¿Qué más le dio esta inusual posición?
–Bueno, el poder significa que donde quiera que vaya soy recibido por primeros ministros, jefes de Estado y reyes. El futbol tiene tal nivel de importancia. Hace un año fui el único que visitó en Teherán al presidente iraní, Hassan Rouhani.
–¿De qué hablaron?
–Hablamos de las mujeres en el futbol.
–¿También habló de que a las mujeres se les permita jugar en Irán en uniformes normales?
–No, ellas ya juegan. El punto fue que se permitiera a las mujeres ir a los estadios como espectadoras. Nuestra iniciativa está ahora rindiendo frutos. También fui el primero en ir a Myanmar. Recibí fuertes críticas por eso de la ONU y del Secretariado de Asuntos Económicos de Suiza porque iniciamos un programa de desarrollo en ese Estado totalitario.
–Una persona puede volverse engreída por la celebridad, obsesionarse con su imagen, una persona puede creer que es más grandiosa que los demás y que la fama está relacionada con él y no con su posición…
–Nunca tuve ese sentimiento. Sólo hice mi trabajo, con corazón, alma y pasión. Presumiblemente no seré condenado por haber disfrutado mi trabajo.
–Pero existe un fenómeno que vemos en mucha gente con poder: creen que son lo que otra gente ve en ellos, una suerte de superhombres que sólo hablan de ellos mismos en tercera persona y creen que merecen el Premio Nobel… ¿La gente que lo rodea alguna vez le dijo: “Sepp, ahora sí ya estás fuera de la realidad”?
–No, nunca me dijeron eso. Ni siquiera en la FIFA. Ni siquiera en Visp (comuna suiza), donde paso el tiempo. Siempre he sido el Sepp que bebe un trago en el bar, cuenta anécdotas y ríe con la gente.
–¿Alguna vez ha poseído un Ferrari, un yate o una casa en Ticino? ¿O cualquier otro símbolo externo de riqueza?
–No, a menos que usted esté hablando de mi yate en Antibes (en la Costa Azul francesa) con helipuerto y una gran caja fuerte… No, ¡nunca en mi vida! Sólo una vez tuve el deseo de un auto deportivo, y no fue un Ferrari o un Porsche, fue un Renault. Pero esto no debe ser visto como una expresión negativa hacia la industria automotriz francesa.
–¿No tiene una casa en Italia?
–Ni casa, ni barco, ni gran casa de vacaciones en Verbier. Tengo un hogar en Visp, pero eso es todo.
–¿Por qué? ¿No tiene suficiente dinero?
–No, no es la razón. Estoy aquí como inquilino en una casa que pertenece a la FIFA. El antiguo secretario general, Urs Linsi, alguna ocasión me visitó en mi departamento de soltero. Miró alrededor y me dijo: “No, no, no puedes hacer esto, el presidente de la FIFA en este departamento. Necesitamos hacer algo”. Ésa fue la única razón por la que me mudé de ahí.
–¿Qué otras equivocaciones cometió?
–Usted habla siempre de equivocaciones. Cuando uno maneja las palancas del poder como presidente de la FIFA, uno… bueno, la palabra alemana macht (poder) proviene de machen (hacer); quien no hace nada no tiene ningún poder. Yo trabajo bajo el principio de que si quieres lograr algo primero debes adquirir conocimientos. Entonces pones ese conocimiento en práctica, dándote habilidad. Y eso te da experiencia. Y fe. Tienes que creer en ti mismo, en tu trabajo y en Dios. Pero hay un quinto punto: suerte. Nada sirve si no tienes suerte. Si enfrentas un problema, debes saber si tomas una decisión o si te das tiempo para tomarla. La decisión intuitiva de decidir ahora o después hace la diferencia entre el éxito y el fracaso.
Difícil sucesión
–Se le acusa de haber fracasado en preparar a un sucesor idóneo…
–No puedo ser acusado de eso. No es posible preparar un sucesor en medio de una situación tan compleja como la que presenta la misma FIFA. Hubo alguien a quien quise preparar: Michel Platini. Pero él no tuvo el coraje para dar el paso adelante y entonces me consideró un enemigo.
–Pero usted lo desalentó…
–No, no lo desalenté, él decidió no querer ser presidente en el otoño de 2014.
–¿Antes de que él supiera que usted quería permanecer en el cargo?
–Desde junio de 2014, en Sao Paulo, el Congreso me pidió quedarme. Pero en ese momento todo estaba aún abierto y no hice ninguna declaración. En otoño vino la decisión de Platini de no querer convertirse en el presidente de la FIFA porque él temía que no llegaría a serlo por sus ideas. Su idea es que la FIFA ya no debería ser una organización con 200 asociaciones, sino una especie de organización holding (conglomerado) con seis confederaciones, y las organizaciones afiliadas serían miembros de las confederaciones y no de la FIFA. Claro, eso produjo conmoción y horror en las otras confederaciones porque pensaron que, si sólo las confederaciones llevaban la voz cantante, entonces la UEFA (la confederación europea) sería excesivamente poderosa. Ella no únicamente tendría las mejores ligas, los clubes más ricos y la mayor parte del dinero de la televisión, sino que también tendría a la propia FIFA bajo su control. Esa restructuración fue rechazada por el Congreso en 1996.
–Su estilo de comunicar es con frecuencia inapropiado, mal concebido, demasiado improvisado…
–La comunicación siempre fue muy difícil para mí y fue difícil para todos mis jefes de comunicación, porque yo mismo soy un comunicador. Mucha gente me ha dicho con razón que yo no puedo ser mi propio comunicador porque un dentista no puede extraerse sus propios dientes.
–Entonces, ¿por qué lo hace siempre usted mismo? Cualquier otro presidente siempre tendría al menos a su abogado y a un colega con él…
–Mientras fui presidente, el secretario general o el director financiero estuvieron en la delantera junto conmigo. Después, cuando fui suspendido, la comunicación no fue buena, usted tiene razón en ese punto.
–También es de aficionado la manera en que da sus entrevistas, primero al periódico Obersee Nachrichten, Radio Rottu, en Valais, un medio insignificante, no necesariamente el camino correcto para una figura internacional. Eso no es de ninguna utilidad…
–Usted está mirando las cosas desde su estrecho punto de vista. Al mismo tiempo yo hablaba con el Financial Times, el Spiegel, el Libération, el Gazetta dello Sport y la agencia rusa de noticias TASS. Un poco después, The Times, de Londres, L’Équipe de París y el Frankfurter Allgemeine Zeitung estaban hablando conmigo. En ese tiempo podía haber dado 20 entrevistas por día. ¿Y por qué no debería incluir a los medios regionales suizos? Yo siempre fui un presidente para todos…
–Y actualmente, ¿qué fue lo peor cuando usted mira hacia atrás? ¿Qué fue lo que más le molestó personalmente?
–El hecho de que la Comisión de Ética de la FIFA se comportara de una forma que no resiste de cara a cualquier escrutinio legal.
–¿De quién fue la idea de suspenderlo?
–Yo me pregunto lo mismo. Probablemente del presidente de la Comisión de Ética, Hans-Joachim Eckert.
–En círculos empresariales se dice que tal actuación, tal humillación por un pago de 2 millones a Platini, es desproporcionado. Que se haya hecho el pago correctamente o sólo de manera verbal no se trata de un delito serio…
–Incluso quienes no son mis amigos dicen eso. Es ridículo hacer ese gran alboroto por un pago de 2 millones cuando usted considera la escala del negocio del futbol. Yo le dije al tribunal que en algún lado debe estar escrito que había un adeudo con Platini desde 1998. No soy contador. Y esto no tiene nada que ver con la ética. Es simplemente un asunto de finanzas y contabilidad.
–Pero la gente se imagina que Platini quería ser presidente. Cuando él vio que Sepp Blatter iba nuevamente por el cargo, le dijo a su expareja que usted le debía honorarios acordados hace 10 años…Y entonces Sepp Blatter le dio 2 millones para prevenir cualquier oposición de su parte.
–Es precisamente eso lo que la corte rechaza, que ese dinero fue por la elección, porque él ya había declinado la candidatura. La corte también niega que se haya tratado de un tipo de soborno. La corte declaró que fue una especie de regalo. Y eso estaba dentro de mi esfera de competencia: yo tenía el derecho de disponer de más de 3 millones. Si yo hubiera dado un regalo, ésa no sería una razón para suspenderme por ocho o nueve años. Pero simplemente no fue un regalo, fueron honorarios acordados por un trabajo llevado a cabo. No he robado, nunca saqué provecho del dinero, y nunca asalté un banco. Imponer tal castigo es realmente desproporcionado.
–¿Es posible crear una FIFA donde haya solamente gente con un historial limpio en la Comisión de Ética?
–Sí, claro, eso es lo que tiene que suceder. Pero usted puede ver lo que sucede en otras asociaciones. La asociación de atletismo tiene a Sebastian Coe como su gran salvador, pero él tiene un contrato como consultor con Nike y estaba comprometido cuando la ciudad de Eugene (en Oregon, Estados Unidos) fue elegida sede de la Copa Mundial (de atletismo en 2021). Sin competencia. Él estaba también ahí cuando sucedió la gran falta de honradez con los atletas rusos y otros. Él no está denunciado, de todos modos él es lord, una señoría…
–¿Es posible ser absolutamente limpio en el mundo del deporte, donde hay tanto dinero en juego?
–Definitivamente, pero tiene que organizarse de forma diferente.
–¿Y desde cuándo está usted consciente de esto?
–Por muchos años he sido consciente de que se necesita incorporar pruebas de integridad. No lo hemos hecho a causa de los europeos. Dijimos que lo haríamos en la siguiente fase. Eso no sucedió porque los estadunidenses intervinieron judicialmente.
–¿Usted insiste en que no ha hecho nada mal?
–Yo no he hecho nada mal tratándose de transacciones financieras. Nada.
–Está determinado a luchar.
–Sí, lo debo hacer. Estoy en deuda conmigo mismo, con la FIFA y con mi padre. Él no entendería si yo me diera por vencido. l








