ACAPULCO, GRO.- Una tarjeta que guía sobre qué hacer en caso de un intento de extorsión telefónica es como la bienvenida para los turistas en los hoteles de este puerto: se deja en el buró de cada habitación y es una muestra de cómo el crimen organizado y la violencia han dañado más que los huracanes Ingrid y Manuel al turismo y el comercio.
Sólo en los primeros cuatro meses de este año han cerrado 300 negocios por las extorsiones, que el crimen organizado cobra en cuotas semanales de entre 250 y 20 mil pesos mensuales por derecho de piso a los propietarios de tiendas, tortillerías y restaurantes, pero también a taxistas, hoteleros y hasta los taqueros.
Por esa inseguridad, desde hace nueve años Acapulco ha perdido 85% de la afluencia de turistas extranjeros. Según la Dirección General de Aeronáutica Civil, los pasajeros que llegaron en vuelos internacionales a Acapulco el año pasado fueron 52 mil 684; es decir 85.2% menos que los 355 mil 760 que arribaron en 2006.
Acapulco vive una de sus peores crisis en décadas. A pesar de que en temporada de vacaciones puede tener completamente ocupados sus hoteles, principalmente por el turismo nacional, su economía naufraga por las actividades delictivas de las bandas que se disputan esta zona, conocida por ser el paso de cargamentos de goma de opio y mariguana provenientes de la región de La Montaña.
En 2013, tras el desastroso paso de Ingrid y Manuel, la Secretaría de Hacienda otorgó préstamos a los empresarios locales a través de un fondo de Nacional Financiera. Pero el manejo de las deudas está en manos de la banca privada, que ahora amenaza embargar 480 propiedades de quienes se acercaron a ese programa de crédito.
Aun así, el presidente de la Federación de Cámaras de Comercio en Guerrero, Alejandro Martínez Sidney, precisa que si bien los huracanes causaron pérdidas millonarias por la desocupación de 90% de las 18 mil habitaciones del puerto, no provocaron tantos daños como la violencia de las organizaciones criminales, pues no sólo se disputan el control del mercado de drogas, sino también las extorsiones al comercio establecido e informal, tanto de la zona turística como en las colonias populares del puerto.
“Son grupos que se organizan por sectores y tratan de cobrar el derecho de piso, fenómeno que ha ido creciendo en los últimos años y se deriva primero del comercio informal, que siempre ha sido controlado por líderes que ahora son rebasados por las organizaciones criminales. Éstas se quedaron al frente del negocio y se pelean el pastel por sectores, lo que ha originado enfrentamientos entre ellas”, dice el empresario.
Agrega que dichos grupos también pugnan por controlar los giros negros y específicamente la prostitución.
Para los empresarios, comerciantes y turistas uno de los principales problemas es la extorsión. Algunos “empresarios se han opuesto, se han negado a pagar y se han peleado con ellos (los delincuentes)… algunos han perdido la vida”, revela Martínez Sidney.
De acuerdo a sus registros, en lo que va del año, 300 negocios han cerrado en Acapulco por la inseguridad y se prevé que otros 500 lo hagan antes de que termine 2016. Especifica que 80 se habían establecido en la zona costera y los otros 220 en la avenida Cuauhtémoc, el bulevar Vicente Guerrero y la zona poniente del puerto.
La Federación de Cámaras de Comercio estima que, de los 8 mil 500 agremiados que tiene en Guerrero, aproximadamente mil 800 y sus familias han sido afectados por el cierre de sus negocios a causa de las extorsiones, la violencia y las bajas ventas.
Advierte que todos los operativos realizados hasta ahora han fracasado porque no hay coordinación entre las corporaciones policiacas y los militares, como ocurrió el 24 de abril al estallar una balacera en la costera Miguel Alemán.
“Creo que eso pasó el domingo 24 porque la Gendarmería, la Policía Federal y la Municipal no se coordinaron , y eso originó esta percepción de inseguridad en Acapulco, que al día siguiente provocó el cierre de 35 mil comercios y una pérdida de más de 200 millones de pesos”, precisa el dirigente de la federación del comercio estatal.
“Nunca había visto un cierre de comercios como el del lunes 25. Habíamos hecho huelga de pagos, cierre por dos horas, manifestaciones… pero nunca vi un cierre masivo como el que se dio el lunes. Para mí fue espeluznante salir a las nueve de la noche y pensar que eran como las cuatro de la mañana: no había nadie caminando en la calle, ningún comercio abierto ni siquiera transporte. Lo único que encontrabas era Ejército, Gendarmería, Marina, policías haciendo rondines. Y decían: ‘¿Qué haces aquí?, vete a tu casa’. Si les decías ‘tengo que salir a trabajar’, te contestaban: ‘Váyase mejor a su casa’.”
Mezcla fatal
El dirigente de comerciantes asegura que hasta ahora ninguna autoridad garantiza la seguridad a los acapulqueños, y que los empresarios y comerciantes locales son como una especie en extinción:
“Vivimos con miedo, con amenazas de que nos van a matar o que el gobierno nos va a presionar. Ser comerciante o empresario en Acapulco es un gran reto. Nadie mantiene la seguridad. Ni el Ejército ni la Gendarmería ni la policía me garantizan la vida.”
Sostiene que la estrategia del gobierno para abatir la violencia en Acapulco ha fallado, sobre todo desde el caso de Ayotzinapa, que condujo a la caída del gobernador Ángel Aguirre Rivero. De igual forma lamenta la incapacidad del gobierno de transición de Rogelio Ortega y que tras la llegada del priista Héctor Astudillo sigan sin funcionar las acciones contra el crimen organizado.
Todo ello, dice, en el contexto de la crisis provocada por la recesión económica, el alza del dólar y la amenaza de los bancos de embargar mil 800 negocios, a los cuales ya se les están aplicando auditorías.
Tras el paso de Ingrid y Manuel, el entonces secretario de Economía, Idelfonso Guajardo, les propuso a los empresarios guerrerenses de la zona afectada un esquema de financiamiento de entre 1 y 8 millones de pesos a través de la banca, con amortizaciones bajas.
Eso les sirvió a los empresarios y comerciantes para salir del atolladero, pero llegaron la ola de violencia, la recesión económica y el encarecimiento del dólar. Ahora los deudores no pueden pagar las mensualidades a los bancos privados que obtuvieron de Nacional Financiera el manejo de los créditos.
“Pero ahora esos bancos nos están cobrando con toda esa política ejecutoria, nos están embargando las propiedades porque confiamos en un programa de apoyo gubernamental. Eso no es justo”, manifiesta Martínez Sidney.
Para él, Acapulco “es el lugar más lindo del mundo: el clima, la gente, las playas, sus bellezas naturales son privilegiadas. El problema es la anarquía de un crecimiento no controlado y que organizaciones criminales vinieron a depositar esos huevecillos de maldad que posteriormente reventaron y contaminaron a muchos hombres de aquí, que se dedican a eso. Aprendieron lo que otros del norte y el centro del país vinieron a fomentar aquí; nuestros jóvenes aprendieron y les gustó. La mayor parte de los integrantes de grupos delictivos son jóvenes.
“El gobierno debe entender que ese tejido social se descompuso y eso afecta a las familias. Al no dar oportunidades a los jóvenes, ni empleos, estudio ni espacios para deportes, se refugiaron en la delincuencia organizada. Lamentablemente hoy tenemos jóvenes contaminados y con ellos tenemos que trabajar.”
Martínez Sidney pide que el presidente Enrique Peña Nieto se ponga en el lugar de los empresarios del puerto y los apoye con medidas de emergencia. l








