Las bandas de secuestradores que operan en la zona metropolitana y en otros municipios operan con aparente impunidad y obtienen ganancias millonarias. Incluso, a decir del líder de la Unión de Braceros Mexicanos, Sergio Moreno, los delincuentes ya encontraron la forma de lastimar específicamente a las familias de los trabajadores migrantes: plagian a sus familiares en Jalisco y exigen pagar el rescate en Estados Unidos.
Según datos del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP), de 2012 a 2015 se registraron en Jalisco 183 secuestros, lo que representa un promedio de 45 plagios cada año, que generan ganancias ilícitas millonarias a la delincuencia organizada.
Sin embargo, las autoridades estatales afirman que ese delito de alto impacto está controlado, ya que esclarecieron 100% de los casos registrados en lo que va de 2016.
Sergio Moreno, líder de la Unión de Braceros Mexicanos e integrante de la comunidad migrante en el Medio Oeste de Estados Unidos, denuncia que este delito tiene una nueva modalidad: se plagia a la persona en Jalisco y se cobra el rescate en la ciudad estadunidense de Chicago, Illinois.
Y el diario Página 24 publicó el pasado 14 de marzo que tan sólo en febrero anterior se reportaron 17 plagios, siete de ellos en Guadalajara, lo que coloca a la capital del estado como la ciudad más golpeada por las bandas de los secuestradores. Zapopan y Tlaquepaque aparecen en segundo lugar, con cuatro secuestros cada una, y en tercer lugar se ubica a Tonalá, con dos.
En el sistema de Monitoreo de Indicadores del Desarrollo de la Entidad sólo se reconocen cuatro secuestros en el primer trimestre de 2016.
De visita en Guadalajara y en diálogo con Proceso Jalisco, Sergio Moreno, quien laboró con el líder de trabajadores agrícolas César Chávez en California, refiere que los migrantes en Jalisco perciben gran inseguridad en su estado y en el país vecino, ya que los casos que indica demuestran que a los criminales no los detiene la frontera y que tienen suficiente información de sus víctimas para operar en México y en Estados Unidos.
Señala que muchos migrantes optan por no regresar a sus pueblos de origen, tal como ocurría de manera tradicional en vacaciones de verano, en fin de año o en fiestas patronales, pues temen ser secuestrados o levantados:
“Hay casos que conocemos en Chicago y a través de nuestros agremiados, de personas que fueron secuestradas en sus ranchos o en sus labores (en la zona de Los Altos) en Jalisco, por quienes los delincuentes exigen fuertes sumas de dinero y pagos en dólares; los cobros se realizan en Estados Unidos.”
Prosigue Moreno: “Conocemos a una persona de Tepatitlán de Morelos cuyos familiares fueron buscados en Chicago para advertir que tenían a su familiar y si no pagaban una fuerte cantidad de dinero en dólares iban a acabar con la vida de su pariente”.
Sostiene que algunos de los agremiados a la Unión de Braceros se muestran preocupados por el problema de la seguridad y a su vez algunos afectados les relataron de viva voz el secuestro de sus familiares, pero por temor no puede dar nombres o apellidos y menos revelar el monto de los rescates que fueron obligados a pagar.
“Ellos –los secuestradores– exigían miles de dólares por la liberación de personas secuestradas. Piensan que quienes estamos en Estados Unidos barremos los billetes con la escoba y eso es falso. Nosotros somos gente trabajadora y que si ganamos en dólares, también tenemos que pagar en dólares y cubrir nuestros impuestos. La mayoría de los mexicanos en Estados Unidos son asalariados.
“No entienden que la gente allá también está al día. Hace más de 10 años se venía la raza con su camioneta o su carro del año y con su dinero, llegaba al pueblo y contrataban un mariachi para dar vueltas en la plaza. Quizá muchos, a pesar de la crisis, tienen la misma cantidad de ingresos, pero ya no hay confianza.”
Moreno agrega que los migrantes conocen la situación de México: el desbordamiento de la inseguridad y la escasez de trabajos con sueldos dignos, y que los malos sueldos que pagan las empresas en México orillan a las personas en edad productiva a enrolarse en las bandas delictivas.
Para los migrantes provenientes de Guerrero, Michoacán, Puebla, Chiapas, Oaxaca o Jalisco que radican en Estados Unidos “sólo hay de dos sopas: tienen parientes secuestrados o saben que un familiar o un vecino ya se metió a la delincuencia porque en México no hay trabajo o porque los sueldos son miserables”, dice Moreno.
A la misma razón le atribuye que los migrantes opten por sacar a su familia de sus pueblos de origen cuando tienen la posibilidad de apoyarlos económicamente. “Hay lugares en Jalisco y en Michoacán que se están quedando como pueblos fantasmas, porque la gente huye de lo que pasa en México; todo porque Jalisco se ha convertido en un foco rojo de delincuencia”, señala.
Ganancias millonarias
Dentro del estado, el secuestro sigue siendo un problema acuciante. En 2015, en el municipio de Arandas, dos jóvenes fueron privados de su libertad en plena zona urbana, cuando estaban en el trabajo de uno de ellos.
Un conocido, quien prefiere no dar su nombre, asegura que la familia decidió no negociar con los delincuentes. No se volvió a saber de ellos y se teme que hayan sido ejecutados.
El entrevistado desconoce si los padres de las víctimas presentaron denuncia por ese plagio. “Por desgracia, uno de los muchachos presumía que sus padres tenían mucho dinero y tal vez fue uno de los pretextos para que lo levantaran”, aventura.
Hace unas semanas se conoció del secuestro de dos personas por las que se exigía una fuerte cantidad de dinero, también en Arandas.
“Esas bandas de secuestradores se jactan de que en un solo mes se dan el lujo de llevarse de 2 a 3 millones de pesos, sin que nadie los pueda detener. Gozan de plena impunidad, se mueven sin que nadie los moleste”, dice una mujer que tiene familia en ese municipio.
Según la información del SNSP, en 2012, el último de la administración estatal panista encabezada por Emilio González Márquez, Jalisco reportó 72 secuestros. En el primer año del mandatario priista, Aristóteles Sandoval, fueron 69; en 2014 bajó a 22 y en 2015 se registraron 20.
El lunes 11, la Fiscalía General del Estado (FGE) informó que logró desmantelar una de las más peligrosas bandas de secuestradores que operaban en Guadalajara, al capturar a seis de sus integrantes: Mónica Geraldine Morales Becerra, Tanía; Marcos Bogarín García u Omar Bogarín García y Juan Gabriel Arámbula Preciado, El Gordito.
Los otros tres implicados son Aldo Javier Sánchez Ramírez, El Pelón; Francisco Javier Arámbula Preciado, Don Pancho, y Mario Alberto Martínez Raygoza, El Tortugo.
El lunes 4 la banda privó de la libertad a un comerciante, al que ocultaron en una casa de la colonia Oblatos, en Guadalajara, cuyo alcalde, Enrique Alfaro, se queja por la constante liberación de los delincuentes que detiene la Policía Municipal.
Los plagiarios pidieron un rescate de 1 millón de pesos, aunque luego lo redujeron a la mitad. Al no tener respuesta, el viernes 8 enviaron dos dedos de la víctima a su familia para obligarla a entregar el dinero. Al día siguiente la policía consiguió detener a tres presuntos criminales cuando cobraban el rescate, liberar a la víctima y recuperar casi todo el dinero. En el mismo operativo se aseguraron tres fincas, dos vehículos y una motocicleta, además del hacha con que mutilaron al comerciante.
El mismo grupo criminal secuestró a varias personas entre marzo y noviembre del año pasado. Una de sus víctimas es un agricultor de San Ignacio Cerro Gordo, en la zona de Los Altos, a quien los criminales mantuvieron varias semanas en una finca abandonada en la localidad de Los Puestos, municipio de Atotonilco. Sus familiares pagaron 500 mil pesos por su rescate.
La banda también plagió a un mecánico de San Pedro Tlaquepaque, por el que exigía 1 millón de pesos. Finalmente, obtuvo más de 200 mil pesos.
Un delito que ha sido provechoso para la delincuencia organizada es la extorsión. El pasado lunes 18, el alcalde emecista de Tepatitlán, Héctor Hugo Bravo Hernández, publicó en su cuenta de Facebook un comunicado:
“El día de hoy se han estado realizando llamadas de amenaza a ciudadanos de nuestra ciudad, el número (desde el que se realizan) es local y es el siguiente 378 70 72 549. En el caso de recibir llamadas de este número les pedimos haga (sic) caso omiso a la llamada y bloqueen el número para evitar ser molestados, les pedimos que compartan este mensaje”.
Al respecto, el SNSP establece que entre 2012 y 2014 Jalisco subió del lugar 11 al cuatro en extorsiones, al reportarse 7.92 de ellas por cada 100 mil habitantes. l








