Un mago bajo sospecha

Según su palmarés, el maratonista keniano Hillary Kipchirchir Kimaiyo es un superdotado de proporciones épicas. Es capaz de correr 10 maratones en 12 meses, ganar cuatro y seguir con ese ritmo el siguiente año. Pero según sus críticos atrás de sus triunfos no hay genialidad, sino dopaje. El corredor se ríe de sus detractores y asegura que pese a no tener médico ni nutriólogo, su éxito se debe a la disciplina y a su dieta. Eso sí, admite que él compite por dinero y que en México son contadas las carreras en las que se hacen exámenes contra el uso de sustancias prohibidas.

Hillary Kipchirchir Kimaiyo, corredor habitual de maratones y medios maratones, es considerado el atleta keniano más exitoso que ha venido a México, adonde llegó en 2007. Desde entonces acumula más de 100 carreras en diversas modalidades, y ha triunfado en la mayoría, entre las que destaca el tradicional maratón de la Ciudad de México, que ha ganado en tres ocasiones, con récords incluidos.

Kimaiyo ha estado en 30 medios maratones y ha triunfado en 16, aunados a los 25 triunfos en 50 apariciones en carreras de 10 mil metros.

Sólo participa en carreras en las que hay bolsas económicas de por medio: “Siempre he corrido para ganar dinero: si no me ofrecen dinero, no corro; ésa es mi manera de vivir”.

Ahora, Kimaiyo es un hombre rico en su país, donde es propietario de un par de residencias y de un edificio que construyó con las ganancias obtenidas en México. A este inmueble, que consta de cinco pisos y 35 departamentos para renta, le puso el nombre de Mexico City Plaza.

Con lo que ha ingresado cubrió una deuda equivalente a 2 millones de pesos, contraída con un banco de Kenia, para la construcción del edificio.

En 2014, Kipchirchir Kimaiyo (quien cumplirá 35 años el 30 de abril) corrió 10 maratones. Ganó cuatro. Argumenta que lo hizo por la necesidad de reunir el dinero suficiente para su inmueble.

Pero esos logros lo han puesto bajo las sospechas de atletas mexicanos, e incluso entre sus compatriotas, quienes creen que ha hecho trampas para ganar. No es normal, argumentan, salir airoso de tantas carreras extenuantes.

Sus detractores no sólo ponen en evidencia a Hillary, sino a buena parte de los alrededor de 100 atletas kenianos radicados en México, que incluso utilizan eritropoyetina por la falta de controles antidopajes rigurosos.

Con ese motivo, Proceso entrevistó a Hillary Kipchirchir Kimaiyo en Toluca, la ciudad en la que reside desde 2011.

El hombre ríe con sarcasmo y niega las acusaciones. Asegura que no se dopa, que su secreto es entrenar todos los días durante las mañanas y las tardes. Y para demostrar su presumible inocencia, se dice dispuesto a someterse a los controles antidóping que sean necesarios, pues según él ni siquiera ingiere vitaminas. Tampoco cuenta con médico ni nutriólogo que lo asistan: “Me acusan de hacer trampas porque gano las carreras. Ya muchas veces me han realizado controles antidopaje, y se los juro: nunca me metí nada”.

Kimaiyo insiste que el éxito deportivo lo acompaña por tratarse de un atleta disciplinado en el ejercicio y en la dieta. “Si quiero vitaminas, prefiero tomar leche, jugo, proteínas y comer espinacas, pero nunca me inyecto para sacar ventaja. Sin embargo, ellos (sus detractores) quieren que yo quede en segundo, tercero o cuarto lugar”.

A Kimaiyo, que sólo come dos veces al día, estas acusaciones le tienen sin cuidado, y justifica que por tratarse del corredor de Kenia más exitoso en México su carrera deportiva ha ocasionado celos profesionales entre sus compatriotas, quienes al igual que él llegaron a México con el único interés de las bolsas económicas que se reparten en las pruebas. “Es envidia porque ellos quieren ser mejores que yo y no pueden”.

El atleta recuerda que cuando corrió maratones entre 2007 y 2008 algunos colegas mexicanos y kenianos solían reclamarle: “¡Por qué quieres todo y no dejas nada!”

El pasado 14 de marzo, el periódico Mural publicó las acusaciones del corredor zacatecano Juan Carlos Romero: “En toda la República Mexicana, algunos extranjeros cuando saben que va a haber antidóping, no van (a las carreras). La prueba está en el Medio Maratón de Guadalajara, donde Juan Luis (Barrios) ganó caminando porque no había forma de que (los competidores) se doparan”.

El reportero del diario le preguntó a Romero, medallista en los Juegos Panamericanos Guadalajara 2011, si los atletas extranjeros ingieren sustancias indebidas para ayudarse en las competencias: “Sí, claro, sin dudarlo”.

En la víspera, Juan Carlos cruzó en cuarto lugar la meta del medio maratón de Zapopan, en una hora con cinco minutos y 13 segundos. La prueba fue dominada por corredores kenianos.

Mural evidenció que más de 30 corredores africanos se inscribieron después de que el municipio de Zapopan, Jalisco, informó que no contrataría el control antidopaje, que habría costado unos 40 mil pesos.

El ganador en la rama varonil fue Julius Kipyego Keter, con una hora, cuatro minutos y 46 segundos, seguido por Nixon Kiplagat Cherutich, quien en 2013 fue inha­bilitado dos años por dopaje, y en tercero llegó otro keniano, Geoffrey Kenisi Bundi.

En la rama femenil, la triunfadora fue Risper Gesabwa, de Kenia, quien recorrió la distancia en una hora, 16 minutos y 37 segundos. La mexicana Mayra Sánchez llegó 12 segundos después. Fue superada en el último kilómetro por la ganadora.

Hillary, o Hilario para sus allegados en México, afirma que sólo en algunas competencias que ha corrido en el país le han realizado controles antidopaje y que en ninguna dio un resultado analítico adverso. También reconoce que no en todas las carreras se practica un examen así.

El maratonista dice desconocer las razones por las que en algunas pruebas sí se efectúan controles antidopaje y en otras no. Por lo general, precisa, los organizadores anuncian por internet si efectuarán o no los análisis antidoping.

Según Hillary, en los nueve años que lleva en México nunca le hicieron análisis de sangre –sólo de orina.

Hilario está de acuerdo en que se realicen análisis en todas las carreras donde haya premios económicos de por medio. “Prefiero que sea así para que se demuestre quién está limpio de sustancias y qué otros recurren a las trampas. Hay atletas que sólo corren pruebas chiquitas, no carreras grandes. No sé por qué.

“Aquí realizan controles antidopaje, pero los mandan a California o a España. Los médicos extraen dos botellas con las pruebas, una se queda en México y otra la envían a Estados Unidos”, relata el maratonista.

–Los dos frascos contienen las muestras A y B, y ambas se tienen que quedar aquí –se le refiere.

–No es así. Una botella la llevan a Estados Unidos y la otra se queda en México. Se lo escuché a una persona, pero como no es mi trabajo nunca puse atención. A mí sólo me interesa la carrera, la competencia.

–¿Quién les realiza los controles en México?

–Los doctores siempre acuden con batas con el nombre de la Conade.

Según Kimaiyo, no dispone de información de compatriotas que hayan dado positivo en México, pero acepta estar enterado del caso de un corredor que, pese a utilizar sustancias prohibidas, no fue requerido para el control antidopaje. “No le puse demasiada atención porque cada quien su vida. Yo no me meto, porque ni es mi mamá ni mi hermana”.

El origen

En Kenia, Hillary cuidaba cerdos, trabajó en el campo y en la albañilería. En este último oficio, que desempeñó entre 1999 y 2004, ganaba el equivalente a 15 pesos diarios en una jornada de ocho horas. Su familia está integrada por ocho hermanos; cuatro mujeres y cuatro hombres, todos ellos estudiantes, excepto Hillary.

En su modesta morada, de piso y paredes de tierra y techo de pasto, escaseaba lo necesario. En ocasiones no había ni para comer. Por lo general, se alimentaban de leche y pan, sólo una vez al mes se comía alguna porción de carne, y cuando la ocasión lo permitía se vestían con ropa usada que compraban en los mercados.

Kimaiyo siempre confió en su talento, que ya mostraba en su adolescencia. En la escuela pidió ayuda a sus amigos para desarrollar sus cualidades en el atletismo, pero nadie lo escuchó. Pese a todo, el 27 de enero de 2004 compró ropa y tenis usados con los que inició sus entrenamientos en solitario, entre burlas de sus conocidos: “Si te la pasas corriendo, ni pienses que ganarás lo suficiente para construir un edificio”.

En las noches, cuenta Hilario, sólo le pedía a Dios fortaleza y ayuda en los momentos de flaqueza. Una noche, su madre lo encontró temblando a causa de los largos ayunos por falta de dinero para alimentarse. Preocupada, le pidió que se olvidara en definitiva del atletismo.

Desde preescolar, Kimaiyo quiso ser el primero en las carreras de atletismo. Sus comienzos fueron en la caminata, mientras cursaba la primaria. Después, en la universidad compitió en su primera carrera en 2005. Y ganó. Un año después corrió el medio maratón Discovery Kenia 2005, donde terminó en el lugar 14.

En 2006 viajó a España a la media maratón de Palma de Mallorca, donde terminó en segundo lugar. Regresó a su país por una lesión en la rodilla, y al año siguiente corrió el Detroit Marathon. Terminó en cuarto lugar porque llegó apenas dos horas antes del banderazo de salida, porque un amigo en Kenia, en el que confió la madre, lo engañó “comprándole” un boleto de avión que resultó falso. A pesar del cansancio, Hillary registró dos horas y 20 minutos en su primera maratón.

De ahí pasó a México, por recomendación de un amigo. “Y la vida me cambió”, acepta el corredor. En su primera competencia en el país, venció en el medio maratón de San Sebastián, en Concordia, Sinaloa, en 2007. El premio principal fue un auto último modelo que vendió en 120 mil pesos. “Por primera vez en mi vida tuve mucho dinero. Desde ahí le puse mucha atención a esta clase de carreras y me quedé a vivir en México”. También “por primera vez en mi vida pude comprarme unos zapatos nuevos”.

Luego participó en el maratón Lala 2007, donde cruzó la meta en segundo lugar, sólo detrás del mexiquense Pablo Olmedo Castañón. Ese año, Hillary conquistó el maratón de la Ciudad de México y una bolsa de 250 mil pesos. En 2008 revalidó el título, cuya prueba dominó desde el arranque e impuso nueva marca, con un tiempo de dos horas 13 minutos y cuatro segundos, lo que le redituó una ganancia de 450 mil pesos entre premios y montos adicionales por el nuevo récord.

Ese año también ganó el medio maratón del Atlas y cerró 2008 con un triunfo en el maratón de Monterrey, con un tiempo de dos horas, nueve minutos y 54 segundos, para establecer una nueva marca nacional. Además de obtener su tercer maratón del año en el país, el competidor de Kenia sumó otros 700 mil pesos más a su cuenta, entre el premio especial asignado para el nuevo récord (500 mil pesos) y la prima adicional de la carrera (200 mil pesos). “La carrera de Monterrey, donde gané mucho dinero, cambió mi vida para siempre”.

Hillary se ausentó del maratón de la Ciudad de México 2009, inconforme con la bolsa económica. Sin embargo, regresó en 2010 para ganarlo e imponer nueva plusmarca: dos horas, 12 minutos y 10 segundos. Con ello quebró el récord que él mismo estableció en 2008. La victoria le redituó otro medio millón de pesos.

Kimaiyo, quien da 14% de sus ganancias a la Federación Mexicana de Asociaciones de Atletismo y 10% a su representante, está en el país como residente permanente. Y no paga impuestos. En una carrera, lo mínimo que suele ganar son 20 mil pesos.

–¿Por qué si hay tantos corredores kenianos en México eres el mayor ganador?, ¿qué te hace diferente? –se le pregunta.

–La clave es entrenar, ser disciplinado y olvidarse de los paseos. Cuando hay tiempo para vacaciones, por lo general nunca me tomo más de dos semanas, y siempre cargo mi ropa para entrenar.