“Con la frente en alto”

Huérfano de padre, con una madre histérica y escapista, Malony (Rod Paradot) parece empeñado en cumplir su destino de delincuente.

Desde los seis años la asistencia social intenta rescatarlo a toda costa, la juez Blaque (Catherine Deneuve) y el tutor asignado (Benoit Magimel) mantienen la rienda con pulso firme frente a la provocación y las explosiones de violencia, cada vez más desbordadas con la adolescencia.

La directora Emmanuelle Bercot aborda el tema de la marginalidad económica desde una perspectiva poco común en la tradición del realismo social francés: la del lado de aquellos involucrados en aplicar las instancias legales para apoyar a un cierto número de jóvenes, por mínimo que sea. Los funcionarios que aparecen en Con la frente en alto (La tete haute; Francia, 2016) no son desdeñosas y crueles máquinas de represión de la juventud incomprendida; la burocracia del Estado fundado por Napoleón es laboriosa y complicada, pero su racionalidad no pierde del todo su eficacia.

Si Malony, vital y desbordado, sin sostén familiar, es una versión moderna de Antoine Doinel, Con la frente en alto es, sin embargo, la antítesis de Los 400 golpes en tanto que defiende a aquellos que sí batallan por realizar su labor de rescate social. La postura resultaría exasperante si se apoyara en las fórmulas de superación personal de Hollywood; los personajes de Bercot están perfectamente desarrollados y son siempre verosímiles, la juez ejerce el poder no desde una mampara de privilegio sino desde el riesgo que implica decidir sobre el destino de un ser humano.

La primera secuencia establece un código claro y simple que funciona a lo largo de la cinta; la cámara alterna tomas del rostro de la madre del menor (Sara Forestier), perturbada, con el rostro de Malony, entre inquieto y entretenido con juguetes mientras la voz en off de la juez procura dar coherencia al embrollo. Las elipsis marcan el paso del tiempo; adolescente, Malone es una marmita llena de emociones a punto de que estalle, la voz y la autoridad de la juez funcionan como un vector que dirige y contrarresta el desborde hormonal del joven expuesto a la inconsistencia materna. Cualesquiera que sean las deficiencias de la ley, ésta parece como un cajón de herramientas que hay que utilizar de la mejor manera posible. El talento de Catherine Deneuve, insospechada en su papel de juez autoritaria que se adivina dulce en el fondo, reverbera en cada escena con la dinamita pura de Rod Paradot,

Con la frente en alto se muestra menos eficaz cuando trata, indirectamente, de generalizar. El caso de Malony es uno entre tantos que aparecen en los centros de detención y rehabilitación, pero los demás adolescentes parecen menos reales, más de relleno. Lo que hace único al protagonista es su demanda afectiva, y su furia, una ira que es pura indignación y que aún no ha aprendido a alimentarse de sí misma, como ocurre ya en el caso de la criminalidad. El maestro Donald Winnicott alguna vez dijo que la violencia del adolescente no es otra cosa que una demanda desesperada de ayuda.