Los caballos negros

De inicio, en la Liga Profesional de Futbol Americano sobresalen dos jugadores: el primero es Gibrán Mendieta, quien juega para los Condors. Él es policía federal y sobrevivió a uno de los peores ataques que haya sufrido la corporación. Está por titularse de la carrera de criminalística y es el único jugador que no pasó por las ligas tradicionales antes de arribar al profesionalismo. El otro es una leyenda: Miguel Ángel Atilano, el más veterano del torneo y que hoy comparte roster con futbolistas a quienes coacheó cuando eran niños.

Se llama Gibrán Karín Mendieta Rivera. Tiene 29 años y se desempeña en actividades tan dispares como el futbol americano profesional y la seguridad pública. Es elemento de la Policía Federal (PF) y además es el primer jugador de futbol americano en la liga profesional de México que no pasó por las ligas Mayor e Intermedia.

En 2012, Gibrán Karín salió ileso de una emboscada de Los Caballeros Templarios en Michoacán. El ataque se perpetró en el municipio de Buenavista, cuando el convoy de la PF volvía a su base de operaciones, en La Ruana.

“Regresábamos del pueblo después de realizar un recorrido y de pronto se escucharon disparos. Descendimos de las camionetas y repelimos el ataque. Nuestro grupo estaba conformado por 30 elementos, contra aproximadamente 15 de ellos. En total, fallecieron seis personas del grupo criminal. De nuestro lado no hubo bajas ni heridos. Se decomisaron armas de grueso calibre después del enfrentamiento, que duró cerca de 45 minutos, equivalentes al medio tiempo de un juego de futbol soccer.”

La agresión implicó también quema de vehículos particulares, de transporte público y patrullas de la PF, además de bloqueos en carreteras de Apatzingán, Buenavista y Tomatlán para impedir el acceso a las corporaciones policiacas que iban en apoyo de sus compañeros. En los enfrentamientos fueron abatidos tres agentes federales.

Por esas fechas, Gibrán Karín, en su condición de policía tercero comisionado en Michoacán, suspendió su entrenamiento en la liga de la Comisión Nacional Deportiva Estudiantil de Instituciones Privadas (Conadeip), donde se paga por jugar.

No obstante, mientras permaneció en Michoacán y en otras entidades buscó la manera de practicar alguna actividad deportiva con sus compañeros.

Con siete años en la PF, Mendieta se considera un as en el desarme, el armado y la manipulación de pistolas y fusiles. “En la academia nos dan buen adiestramiento y cada cierto tiempo realizamos prácticas de tiro, que aprovechamos para afinar la puntería”.

En lo deportivo, ha practicado varias disciplinas. Incluso, en la propia PF tomó clases de kickboxing, que combinó con gimnasio y futbol soccer, y hasta participó en el Maratón de la Ciudad de México 2015. Recorrió los 42 kilómetros 195 metros en cuatro horas y 45 minutos. “Por tratarse de mi primer evento de esa naturaleza, el registro no estuvo nada mal”.

El policía siempre quiso ser futbolista, sin importarle si se trataba de soccer o americano. De hecho, tras asistir a unas pruebas técnicas fue admitido por las fuerzas básicas del club Cruz Azul, pero priorizó los estudios por insistencia de su madre.

A pesar de todo, su dedicación al deporte lo convirtió en el primer jugador que ingresa a la naciente Liga Profesional de Futbol Americano (LPFA) sin haber pasado por las tradicionales categorías del país, Intermedia y Mayor, reconoce el director de Operaciones de la LPFA, Juan Carlos Vázquez.

El policía federal llegó a este certamen en calidad de desconocido, al menos para sus propios coaches y compañeros del equipo Cóndors. Empero, su presencia no ha pasado inadvertida para los aficionados, que lo llaman El Jugador del Pueblo por la forma en que irrumpió en el futbol americano profesional.

En dos años más, Gibrán terminará la licenciatura en criminalística, que cursa en el Centro de Estudios Superiores en Ciencias Jurídicas y Criminológicas (Cescijuc). Así, su faceta de estudiante se suma a la de deportista y miembro del Área de Investigación Interna de la PF, donde se desempeña desde que concluyó su misión en Michoacán.

Mendieta se enamoró del futbol americano a los 19 años, hace ya una década, y explica que su participación en la liga de Futbol Americano del Estado de México (Fademac, donde su madre costeaba los gastos para que pudiera jugar), pero sobre todo en la Liga Extrema de Football Arena México (Lexfa), le permitió mantener un nivel aceptable y con ello pudo aprobar los controles físicos en los try-out (selectivos) de la LPFA.

En total, Gibrán Karín acudió a cuatro pruebas de try-out de la naciente LFA. Una de ellas se enfocó en la velocidad. “Para ello se tomó como referencia el tiempo realizado de la yarda 0 a la 40. Me fue muy bien: recorrí la distancia en cuatro segundos y 25 décimas. Fue uno de los ensayos que me dio puntos para ser considerado por la liga profesional”.

Al primer try-out asistieron 200 jugadores, la mayoría de la Liga Mayor. A estos controles se presentó “gente que ya es conocida, e incluso que ha formado parte de la Selección nacional”.

A la siguiente semana (en diciembre pasado) acudieron unos 500 futbolistas. Y se dieron más recortes hasta quedar en 60 aspirantes. El último filtro redujo la lista a 45 elementos, los que ahora permanecen en el equipo. Mendieta quedó como suplente.

“Las cosas se dieron bien, gracias a Dios, y pude demostrar mis habilidades y las ganas que tengo, sobre todo porque muchas veces las ganas, la actitud y la disposición te sacan avante, más que el mismo futbol. ¿De qué te sirve tener buen futbol si no le echas ganas?”, reflexiona el atleta de 1.78 metros de estatura y 82 kilos de peso.

En la Fademac, Gibrán Karín jugó tres años con Vaqueros de Coapa, al que dejó tras descubrir, asegura, que no era tan bueno como receptor. Paradójicamente, los últimos 13 años ha desempeñado la misma función en equipos de la Lexfa, y ahora también en la LPFA.

Pero el policía tercero –que ahora realiza funciones administrativas en la PF de lunes a viernes y ocupa los fines de semana para los estudios y los juegos de futbol americano– no está plenamente satisfecho con su papel secundario en Cóndors, por más optimista que sea.

“Me gustaría ser un referente del futbol americano en México, y hasta recibir la oportunidad de irme a probar a Estados Unidos, al menos vivir la experiencia de jugar allá… Por desgracia, aquí no se me ha dado la oportunidad que quisiera porque los coaches confían más en su gente, que ya conocen desde años. Los coaches vienen de Pumas, conocen a su gente de Pumas, y no le dan tanto juego a quienes no conocen tanto, como es mi caso. Mis compañeros también han notado de que doy lo máximo en los entrenamientos y no se me ha dado la confianza que quisiera…”

El jugador acepta que no haber incursionado en las tradicionales ligas del futbol americano del país le implica una desventaja. “Principalmente por cuestiones de la convivencia con el grupo. A veces se observa mucho elitismo. No hemos logrado ser un conjunto como tal, como sí lo ha conseguido Mayas. En ese aspecto, me siento en desventaja, pero no en la cuestión futbolística, en habilidades para recibir balones, correr y driblar”.

La veteranía

Miguel Ángel Atilano, linebacker de los Raptors, ha logrado algo que es muy difícil en el americano: a sus 39 años es titular y capitán del equipo. Y junto a Manuel Méndez, de Eagles, es el más veterano de la LPFA.

A diferencia de Gibrán Karín, Atilano hizo todo el recorrido por las distintas ligas del país, hasta aparecer en la LPFA, después de 30 años de practicar este deporte.

Sus contemporáneos todavía se acuerdan de que “hace años” existió un equipo en ligas infantiles y juveniles llamado Venados de la Benito Juárez, en el que jugó un adolescente de nombre Miguel Ángel Atilano.

Recientemente, cuando estaba a punto de iniciar los entrenamientos con los Raptors, se le acercó un joven jugador que también integra el roster (la alineación) a saludarlo: “‘Hola, ¿coach?… ¿ya no se acuerda de mí?’ ‘No’. ‘Acuérdate: me entrenaste en Rabits cuando tú jugabas en Liga Mayor’.

“¡No es cierto!”, reaccionó alarmado Miguel Ángel. “Me di de topes y me dije: creo que estoy ocupando un lugar donde no tendría que estar.”

Miguel Ángel se inició en el futbol americano en 1985 en las categorías infantiles, desde los Rabits. Después de pasar por ligas juveniles e Intermedia jugó sus cinco años de elegibilidad en la Liga Mayor con las Águilas Blancas del IPN, de 1996 al año 2000.

En su último año en Liga Mayor, Atilano, quien pertenece a una de varias generaciones formadas por el headcoach Jacinto Licea, fue galardonado con el Casco de Oro como mejor defensivo del año, la mayor distinción para un jugador de futbol americano en México.

Fue seleccionado nacional y asistió a los try-outs de la Liga NFL Europa, que en junio de 2007 bajó el telón después de 16 años de ensayos. Posteriormente, alcanzó su máximo rendimiento en las recién formadas categorías Masters, donde levantó cuatro títulos con Troyanos, hasta la desaparición de esas categorías.

A finales de diciembre pasado se abrió la convocatoria para la LPFA. A Miguel Ángel le preocupaba la restricción de la edad. Los organizadores lo animaron, le dijeron que eso no era problema, siempre que aprobara las pruebas físicas. “Las realicé y me fue mejor que a muchos jóvenes”.

Pese a la edad, Atilano siempre confió en sus condiciones físicas: es licenciado en educación física, imparte clases de la materia en preescolar; es preparador físico en las ligas infantiles e intermedias, y por ende procura mantenerse en forma. Además es un triatleta con participaciones en Ironman. En ese andar le llegó la posibilidad de sumarse a la Liga de Futbol Americano Profesional de México, “y la alcancé sin problemas. Así llegué al futbol profesional”.

El capitán de los Raptors tiene plaza de maestro en la SEP, factor que influyó más que la edad para continuar en el futbol americano, puesto que el horario laboral se lo permite.

Aunque no se considera “tan lento”, Atilano acepta que en comparación con sus jóvenes compañeros de los Raptors “sí hay una gran diferencia, pero que sé suplir con base en la experiencia de jugar tantos años en el campo, con la prelectura de la jugada, la predisposición de los jugadores, los ojos, los pies”.