Con buenos efectos, el poder suave de la diplomacia ha desplazado al poder de la fuerza militar y económica, infructuosamente utilizado durante más de medio siglo por los Estados Unidos en su relación con Cuba. “He venido a sepultar el último remanente de la guerra fría en las Américas”, aseguró el presidente estadunidense en un brillante discurso transmitido en vivo por la televisión cubana, que seguramente quedará grabado en la mente de quienes lo escucharon. La presencia y la palabra de Barack Obama en La Habana marca el fin a una era y augura una transformación histórica en Cuba, incierta (como todos los procesos históricos), pero irreversible.
Ello no significa que, de un día para otro, los derechos humanos y la libertad de expresión se vayan a respetar en Cuba o que la dictadura de Fidel y Raúl Castro vaya a desplomarse. El propósito de Obama (y del Papa Francisco, que ha sido clave en el proceso) no es aislar o derrocar a los tiranos –esa etapa ya fracasó– sino negociar una transición con miras a cuando ellos falten. Raúl Castro, de 84 años, ha dicho que se retirará en 2018; Fidel, quien nunca apareció durante la vista, está por cumplir los 90. La biología es un aliado del cambio hacia una nueva Cuba. La transformación ya ha comenzado, aunque sin la celeridad que muchos quisiéramos, sobre todo en el terreno de las libertades cívicas y políticas, así como en el de los derechos humanos. Raúl Castro ha emprendido reformas importantes y empieza a haber una apertura que se mostró durante la visita de Obama, lo cual hubiese sido impensable en la época de Fidel. No obstante, a la pregunta del enviado de CNN sobre los presos políticos, Raúl respondió de forma elusiva y hostil, negando que los hubiera.
A partir de la reanudación de relaciones diplomáticas, el pasado 20 de julio, y a consecuencia de las medidas tomadas por los gobiernos de Obama y Raúl Castro, el comercio, el turismo y el envío de dinero a la isla se ha flexibilizado. Los estadunidenses que viajen a Cuba pueden abrir comercios y cuentas bancarias. Durante 2015 el turismo estadunidense tuvo un aumento de 76.7% respecto al año anterior. El envío de remesas alcanzó una cifra de mil 800 millones de dólares en 2015, un monto similar a los mil 940 millones de dólares de ingresos por turismo alcanzados el año pasado, en que más de 3.5 millones de extranjeros visitaron la isla. Asimismo, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos autorizó a la cadena hotelera Starwood, a la que pertenecen Sheraton, Westin y Marriot, a invertir en la isla. Poco a poco empieza a surgir también un incipiente sector privado que suma medio millón de pequeños emprendedores autoempleados, conocidos como cuentapropistas, dedicados principalmente a la venta de alimentos, el transporte, alquiler de vivienda y cobradores de telecomunicaciones, equivalente a 10% de la población económicamente activa (Proceso 2055).
Los grandes obstáculos para la normalización de la relación bilateral y para la transición cubana son, por un lado, la eliminación del embargo comercial y la devolución del territorio ocupado ilegalmente por la base naval de Guantánamo; y, desde la otra perspectiva, la instauración de la democracia y el respeto a los derechos humanos en la isla. Respecto al bloqueo comercial los dos presidentes coinciden en la necesidad de suprimirlo, aunque ello depende del Congreso estadunidense. No obstante, como lo dijo Obama en su discurso, aunque se levantara el embargo, los cubanos no verían sus resultados hasta que no se facilitara la apertura de negocios y se permitiera la contratación directa de trabajadores, así como el acceso sin restricciones a la red en la isla. La gran omisión del presidente norteamericano fue Guantánamo, tema que evitó mencionar en todos sus mensajes.
Obama nació en 1961, año de la fallida invasión estadunidense a Bahía de Cochinos que desembocó en la Crisis de los Misiles, la cual estuvo a punto de provocar una guerra nuclear entre los Estados Unidos y la Unión Soviética. En su discurso, el mandatario calificó los 55 años de aislamiento que han transcurrido de entonces a la fecha “como una aberración”, al tiempo de expresar la urgencia de emprender un cambio con esperanza en Cuba –superando las batallas ideológicas del pasado para no quedar entrampado por la historia– y con respeto a la soberanía de la isla. “El futuro de Cuba tiene que estar en manos del pueblo cubano”, dijo en español.
Dos veces citó a José Martí en su discurso: La primera para ofrecer un saludo de paz al pueblo cubano: “Cultivo una rosa blanca”. La segunda, para introducir la parte medular de su mensaje político: “La libertad es el derecho de cada hombre a ser honesto, a pensar y hablar sin hipocresía”. Ello le permitió expresar sin ambages su defensa de los derechos universales a la libertad de expresión, de organización y de crítica al gobierno; el imperio de la ley sin distinciones, la libertad religiosa, así como el derecho ciudadano de escoger a sus gobernantes en elecciones libres y democráticas. En presencia de Raúl Castro y de la cúpula del Partido Comunista cubano, los asistentes al Teatro Alicia Alonso aplaudieron con entusiasmo, seguramente secundados por la mayoría de quienes escucharon el mensaje por radio y televisión.
El camino en esa dirección ya ha comenzado y, a pesar de los muchos obstáculos que aún falta superar, parece no tener marcha atrás. Además, las negociaciones que tuvieron lugar en La Habana entre el gobierno de Colombia y las FARC, en presencia del secretario de Estado John Kerry, muestra que la normalización de la relación entre Cuba y Estados Unidos trasciende el ámbito bilateral para incluir una nueva agenda hacia el resto de América Latina.
Asimismo, para el gobierno estadunidense Cuba no es sólo un asunto de política exterior sino un tema de primordial importancia doméstica. “La reconciliación del pueblo cubano –los hijos y nietos de la revolución, así como los hijos y nietos del exilio– es fundamental para el futuro de Cuba”. Obama no ocultó que para él Miami es el paradigma, “el monumento de lo que el pueblo cubano puede construir”. Si ello es deseable y posible, el tiempo lo dirá. l








