Una docena de documentales mexicanos atraparon la atención en el 31 Festival Internacional de Cine de Guadalajara. El filme tapatío independiente El charro de Toluquilla obtuvo los premios al Mejor Documental Iberoamericano y el Infinitum del público. Con anécdotas llenas de humor, misterio y fantasía, seis cineastas ganadores narran el proceso para crear sus obras. Dos de ellas abordan figuras históricas: Hernán Cortés, un hombre entre Dios y el diablo, sobre la vida del conquistador de México, y Un buen cristiano, en torno al dictador y general guatemalteco Efraín Ríos Montt.
GUADALAJARA, JAL.- Cada vez se producen más largometrajes documentales mexicanos que son bien recibidos en los encuentros cinematográficos, aunque la mayoría no llega a un estreno comercial.
Por ejemplo, en 2015 se realizaron 50 documentales en el país, la cifra más alta registrada desde 2010 según el Anuario Estadístico de Cine Mexicano que publica el Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine).
Para la 31 edición del Festival Internacional de Cine de Guadalajara (FICG), efectuado aquí del 4 al 13 de marzo, se proyectaron 12 de estas películas mexicanas que en todas sus funciones tuvieron lleno total. De hecho, el premio a Mejor Documental Iberoamericano se lo llevó El charro de Toluquilla, del director José Villalobos Romero, una producción de Guadalajara la cual también obtuvo el Premio Infinitum del público.
En entrevista, su creador Villalobos Romero resalta precisamente que es un documental local e independiente; por ello, lo enorgullecen los dos reconocimientos.
“Que le haya gustado al público indica que los documentales no deben ser aburridos, ni ser un simple análisis social pues pueden generar sensaciones y sentimientos”, comparte.
La cinta se centra en un charro cantor que monta a caballo; es papá y también… portador del virus VIH. El joven realizador cuenta cómo este personaje le llamó la atención por su manera de ver el mundo, mas no sabía de su enfermedad:
“Es muy entusiasta, y paradójicamente, es un cero positivo con actitud muy positiva. Es una persona quien todos los días decide llevar un estilo de vida que le dé paz y al mismo tiempo, ese estilo de vida es muy particular.”
Así, el cineasta siguió cámara en mano a El charro de Toluquilla alrededor de 200 días, y compiló 300 horas de material. Villalobos Romero había sido editor, por lo que ahora intentó con este filme crear su propia expresión cinematográfica, dice satisfecho:
“Antes entendía el lenguaje del cine, lo trabajaba y lo pulía; sin embargo, era de alguien más y en esta cinta intenté elaborar mi propio lenguaje visual, narrativo, y sonoro. Como persona aprendí que puedo admirar a alguien tan diferente a mí y aprenderle muchas cosas, sin juzgarlo.”
“Pies ligeros”
A Juan Carlos Núñez Chavarría, un amigo en Chihuahua le contó sobre un par de corredores nativos quienes alcanzaron la gloria y unos años después, se encontraban en el más completo olvido.
Detalla a Proceso que los rarámuris Victoriano Churo y Cirildo Chacarito hasta vendieron sus trofeos para poder comer:
“¡Fue algo que sonaba fantástico y terrible a la vez! Esta historia me persiguió durante un año. No podía sacarla de mi cabeza y decidí ir a buscarlos para comprobar los hechos. Tardé días en encontrarlos pues son como fantasmas en un lugar muy grande, todos han escuchado de ellos pero pocos saben dónde viven exactamente.
“El primer encuentro con Victoriano Churo fue fundamental, me contó muchas historias, varias muy distantes de lo que cuentan en Internet, tomamos pinole… ¡y nos hicimos amigos!”
Por los años noventa, ambos corredores ganaron trofeos a nivel nacional e internacional.
“Hernán Cortés”
El pasado 16 de marzo, Hernán Cortés, un hombre entre Dios y el diablo, de Fernando González Sitges, obtuvo el Premio Nacional de Periodismo por Mejor Documental de 2015.
Su estreno fue en la 31 edición del FICG, y su director charla con esta revista que a raíz de la exposición sobre Hernán Cortés el año pasado en Madrid (Proceso, 1994), Ernesto Velázquez como director de TV UNAM (y ahora titular del Canal 22) le ofreció dirigir un documental sobre el polémico conquistador de México:
“Para mí fue un reto formidable enfrentarme a un personaje histórico como Cortés, con tantas luces y sombras, con tantas pasiones encontradas. Para realizar un documental destinado principalmente al público mexicano y siendo yo español, sinceramente daba miedo…
“Por suerte, la predisposición y paciencia de Ernesto Velázquez para atender mis infinitas dudas e inseguridades durante la escritura del guión, el cuidado y atención en todo momento de Margarita Flores, mi productora, y la asesoría permanente de José N. Iturriaga, que aguantó infinitas preguntas sin que desfalleciera su entusiasmo, hicieron que pudiera ir ganando confianza. Después, el personaje me atrapó.”
–¿Cómo define a Cortés luego de haber creado esta cinta, donde hay testimonios de los historiadores Miguel León-Portilla, Iturriaga y del antropólogo Eduardo Matos Moctezuma, entre otros?
–Por encima de todo, como un hombre apasionado por la vida que nunca encontró la paz, fue movido por una inquietud permanente de aventura, descubrimiento, mujeres y conquista. Vivió y sufrió la vida intensamente.
El documental, producido por Amando Carrillo Lavat, Alejandro Carrillo Castro, Gabriel Torres Espinoza y Velázquez Briseño, contiene dramatizaciones de los momentos clave en la vida de Cortés donde actúan Fernando de Retes, Priscila Lepe y Harold Torres.
“Margarita”
En el FICG, Margarita de Bruno Santamaría Razo recibió una Mención Especial por la sección del Premio Mezcal.
Aquí vemos el retrato de una mujer quien vive en las calles de Ciudad de México. El director de la película rememora en entrevista que a su personaje lo conocía desde niño:
“Ella me daba miedo porque se metía a dormir en la azotea. Un día se acercó a mí, platicamos y empecé a conocerla. Resultó ser una señora que conversaba sobre literatura, cine, sabía inglés y eso me sorprendió. Además, hablaba con metáforas y también decía cosas muy locas. En cierta ocasión por el mes de septiembre cuando las fiestas patrias, tuvo miedo por los cuetes; ya llevábamos doce años de relacionarnos y me pidió entrar a mi casa. Me sacó de onda. No sabía si aceptarla o no, pero me pidió con mucha insistencia la dejara pasar al departamento… y lo hice.
“Fue la primera vez en 12 años que ya llevábamos de relacionarnos que sentí estábamos conversando de verdad, de manera transparente, y aquello que años antes le platiqué, ella lo recordaba. Me asombró. Sí me había prestado atención, a pesar de que estaba en sus ondas locas.”
En ese momento, Bruno Santamaría sacó una cámara:
“Ella la reconoció, empezó hablar de cine, me comentó que había sido actriz, y sí… lo fue. Así que me junté con la productora Abril López y empezamos a intentar a desarrollar un proyecto.”
“El buen cristiano”
Izabel Acevedo creó este filme mexicano cuyos productores son Henner Hofmann y Karla Bukantz.
De origen guatemalteco, a ella siempre le ha interesado explorar el tema de la guerra civil en su país. Empezó investigando el golpe de Estado de 1982, cuando José Efraín Ríos Montt se autoproclamó presidente de Guatemala:
“Entonces yo contaba con un año de edad, por lo que todo lo que sucedió a continuación en el país siempre representó para mí un misterio, un silencio a romper… Cuando el Estado guatemalteco decidió llevar a juicio a Ríos Montt por el delito de genocidio en 2013, me di cuenta de que era el momento de filmar el documental. Lo hice sin presupuesto inicial, pero sí con la complicidad de varios amigos egresados del Centro de Capacitación Cinematográfica, como yo: José Stempa, Pamela Albarrán, Ximena Urrutia y Luis Montalvo. Viajamos a Guatemala convencidos de que seríamos testigos de un hecho histórico. Y así fue…”
Ríos Montt renace cuando se convierte en cristiano. Al dar un sermón a dos alumnos, un grupo de soldados irrumpe en su escuela cristiana para pedirle dirigir el golpe de Estado en 1982. La realizadora redondea:
“El buen cristiano recopila una historia que tenemos en común los latinoamericanos y otros países del mundo con parecidos índices de pobreza, corrupción e injusticia”.
“Nueva Venecia”
México, Uruguay y Colombia coprodujeron Nueva Venecia, de Emiliano Mazza de Luca, un pueblo sobre palafitos en medio de la Ciénega de Santa Marta al norte de Colombia, cuyos habitantes sueñan construir sobre el agua una cancha de futbol.
A Mazza de Luca le impresionó encontrar una comunidad lacustre de esa naturaleza “hecho que por sí mismo resulta una particularidad interesante, ¡pero me jaló aún más que ahí habían construido una cancha de futbol!”, resalta. A partir del 2012 empezó la aventura fílmica.
“Fue un proceso largo. Salimos con la productora Martha Orozco mochila al hombro para ver qué historia podíamos contar, qué personaje podíamos conocer y desde un principio nos recibió gente encantadora, con una vibra tremenda generando un enamoramiento que produce vivir en ese tipo de locación tan fuera de lo común. ¡Con gusto quisimos volver para filmar en esa magnífica locación pero… Poco a poco descubrieron cómo el agua está sucia, los peces muertos y hay pobreza.”
El pueblo lacustre sufrió una masacre el 22 de noviembre del 2000. Paramilitares asesinaron a 39 pescadores. Orozco menciona que 15 años más tarde, el 22 de noviembre del 2015, les proyectaron la cinta Nueva Venecia:
“Dijeron que al verse ahí, en la pantalla, les habíamos cambiado el sentimiento del dolor a un poco de alegría.”
También se exhibieron El paso, de Everado González Reyes (premio Guerrero de la Prensa en el FICG) y que formará parte de la onceava gira de documentales en Ambulante, inicia el 31 de marzo; Derecho de playa, de Jorge Díaz Sánchez; El lugar de las flores, de Héctor I. Jiménez; Baño de vida, de Dalia R. Reyes; Alicia más allá del abismo, de Abril Schmucler Íñiguez; La tercera raíz: Buscando el origen del son, de Allen Reed Ricket y Camilo Un, más Sunú, de Teresa Camou.








