“El compositor está muerto”

El compositor está muerto. ¿Murió de muerte natural –según se dice acerca de que todos los músicos y artistas en general son drogadictos– o de una sobredosis? ¿Sería acaso que algún gobernador consideró que no se estaba portando bien y lo mandó a matar? ¿Será una víctima más del crimen organizado vinculado con las esferas del poder? O qué, pues. ¿Por qué el compositor está muerto?

Para tratar de responder es que aparece un detective, uno de esos con gabardina que todos conocemos al que solo le faltó un sombrero de ala gacha para ser el Mike Hammer que los escritores gringos nos han dicho que son todos los detectives. Y sin mayor comedimiento, empieza a acusar y a interrogar al director, luego al concertino y después a cada uno de los miembros de todas las secciones de la orquesta, y es que… perdón, olvidaba decir que aquel medio día el cadáver del compositor estaba a un costado (proscenio derecha, diríamos en teatro) del escenario, en donde se ejecutaba un concierto.

Medio extraño eso de que una sinfónica ofrezca un concierto con un cadáver de quién sabe quién, pero eso es parte del misterio. El caso es que El compositor está muerto…

Y fue así como el investigador fue a la sección de cuerdas, de alientos madera, de metales, de percusiones, y nombrando a cada uno de ellos iba sacando conclusiones para disculpar a su pesar a los sospechosos, lo cual complicaba la cosa.

Y de cómo el investigador llegó a su conclusión final y cual fue ésta, pues no se puede decir… cuando usted vea anunciada con cualquier orquesta esta obra, El compositor está muerto, no vacile en asistir, y lleve a toda la familia y, si son niños, mejor. Y es que se trata de una composición verdaderamente refrescante, alivianada, tipo thriller, del afortunadamente muy bien vivo músico estadunidense Nathaniel Stookey, de 45 años de edad, quien con libreto de Lemony Snicket compuso esta guía musical para orquesta y narrador (detective), por encargo de la Orquesta Sinfónica de San Francisco, estrenada hace 10 años.

La Orquesta Sinfónica Nacional, dirigida por su titular, Carlos Miguel Prieto, llevó al público al disfrute, con la atinada dirección escénica de Aracelia Guerrero (quien está trabajando en el caso de los estudiantes deaparecidos de Ayotzinapa), en uno de esos conciertos llamados “Programa Familiar”, que inició con otra pieza antisolemne, la Danza Macabra de Saint-Saëns, y concluyó con el siempre brillante Huapango de Moncayo.

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Nota: En mi artículo sobre la orquesta Mariinsky publicado la semana pasada,  mencioné  en los encores “el final del Cascanueces. Fue un error, debí decir Lago de los Cisnes. Ofrezco excusas a los lectores.