Nacido en Monterrey el 15 de diciembre de 1945, Luis Garza Alejandro, quien desempeñara cargos cupulares en instituciones culturales, y reconocido especialista jurídico en política cultural, falleció el pasado jueves 25 a causa de un cáncer en la próstata, informó su discípulo y asistente desde hace 12 años, Josué Cruz.
Abogado por la UNAM, maestro en legislación cultural para diversas universidades, Garza Alejandro colaboró en las páginas de este semanario con temas de esa materia, que dominaba ampliamente y los cuales abordaba sin dogmatismo alguno.
“Era un apasionado de la lectura, de la ética, de la ópera, de Wagner y Dostoievsky”, señaló Cruz, también abogado, al evocarlo: “La amistad con él fue por el amor a las ideas, y nos gustaba discutir la historia romana y griega, lecturas de Homero y El Quijote.”
El viernes 26, Marcela su esposa y sus tres hijos: Lucía, Luis y David, lo despidieron en el Panteón Francés de San Joaquín.
En cuanto se instituyó la Secretaría de Cultura, a fines del año pasado, Garza Alejandro prometió a Proceso entregar un texto con algunas reflexiones que le preocupaban. Lo había escrito apenas, y es el siguiente, que tituló “Algunas preocupantes respecto del desarrollo de la política cultural”.
1.- En el espacio que hoy se conoce como México se han planteado diversos modelos civilizatorios: a) Uno, al que genéricamente denominamos de origen indígena (una disculpa a los pueblos originarios por la generalización); b) El segundo, de origen español (capitalista plutocrático); y c) Un tercero, al que en la actualidad genéricamente se le denomina “global”.
2.- Son diversas las características de cada uno de ellos (diferentes modos de pensar, de sentir y de interpretar la realidad), que se han impuesto uno sobre otro con la pretensión de dominar y avasallar al previo. Lo incuestionable es que cada modelo ha aportado a la civilización humana y que ninguno ha sido o es estático, todos están siempre en un proceso de cambio.
3.- Hay pensadores que sostienen que la cultura nacional subiste y ha subsistido porque es un proceso de amalgamación y/o hibridación y/o fusión, en el cual el modelo indígena originario y el capitalista español impuesto, han tomado lo que les conviene de cada cual para subsistir, y que su resultado, aunque precario, permite que perduren.
4.- El Estado actualmente ha tomado como rumbo el modelo global (las reformas constitucionales y legales y el discurso gubernamental lo confirman) y empiezan a ser analizadas las características de la globalidad (se vislumbran, entre otras, la comunicación, la rapidez, la indignación, el postulado de los derechos fundamentales, la democracia, el comercio mundial, el incremento de la pobreza, etc.) y aún se desconoce con certeza su impacto en los paradigmas que orientan a los modelos precedentes, y la afirmación, modificación, supervivencia o extinción de los mismos.
5.- En lo que se llama el sector “cultura”, en el cual el 70% de sus trabajadores laboran privados de derechos humanos fundamentales, se vislumbra para su porvenir la subsistencia a través de un trabajo servil (que como se ha expresado, estará mal remunerado y se argumenta como justificante que les permitirá comer) e igualmente la privatización de múltiples servicios (que se brindan mal, o no se brindan) que supuestamente asegurarán la creación de empleos serviles y la obtención de ganancias para la economía global.
6.- Una inquietante generalizada: si éste es el México que deseamos, tomando en consideración que somos un país en constante crecimiento de su población, en aumento de la comunicación, de la inversión extranjera y de la inequitativa distribución de la riqueza, nos preguntamos qué políticas públicas (el Estado en acción) en el llamado sector cultura se aplicarán para obtener una nueva realidad a favor de las siguientes generaciones; si a ellas se les confía construir su destino y que el sistema debe ser únicamente un patrocinador.
7.- Cuál es la realidad cultural deseable para el próximo decenio y cuál es la factible. Quién diseñará las acciones públicas para alcanzarla, quiénes las aplicarán, cuántos recursos son necesarios, cómo y cuándo se evaluarán… esos son algunos de los retos aún no resueltos que se deberán abordar en la nueva y compleja realidad cultural y para los cuales –salvo honrosas excepciones– el sistema institucional no ha mostrado la enjundia y talento indispensables para enfrentarlos. l








