“No vamos a dar ni un paso atrás”

RANCHO NUEVO.– Hace dos años y medio los habitantes de esta localidad decidieron tomar las armas para defenderse de los embates de Los Caballeros Templarios, el grupo criminal que mantenía atemorizada la región.

Sus pistoleros se apoderaban de viviendas, mujeres casadas y jovencitas con total impunidad; también exigían derecho de piso a los pobladores que en su mayoría se dedican al cultivo del limón. Por eso, dicen, tomaron las armas. Desde entonces viven a la expectativa, pues temen nuevos ataques.

Saben que están solos. En los alrededores no se ven policías municipales ni estatales ni fuerzas federales, aun cuando el gobierno de Enrique Peña Nieto habla con insistencia de las bondades del Mando Único en otras regiones del país.

La localidad tiene 900 habitantes, pues en los últimos meses alrededor de 150 migraron o fueron víctimas de los narcotraficantes que operan en la región. Para llegar a ella es necesario cruzar por territorio michoacano, específicamente por el libramiento de Tepalcatepec, lugar donde los lugareños celebraron el miércoles 24 el tercer aniversario del surgimiento de las autodefensas.

La carretera 120 –que va de Tepalcatepec a Apatzingán y es la única que lleva a Rancho Nuevo–, comunica también a Jalisco con Michoacán y, a diferencia de la solitaria carretera de Jilotlán de los Dolores, por la 120 circulan todo tipo de vehículos, desde autos ordinarios de modelos atrasados hasta camionetas de lujo con vidrios polarizados. Desde el asfalto se pueden observar los campos de cultivo y algunas viviendas.

Para llegar a Rancho Nuevo es necesario desviarse por una brecha, desplazarse un buen trecho por territorio michoacano para tomar la carretera jalisciense que conduce a esa localidad y contar con un buen guía local, pues no hay señales que orienten al viajero.

Rancho Nuevo se distingue por sus amplias calles sin asfalto ni empedrado, con excepción de la que conduce al kiosco del pueblo, donde suelen reunirse los lugareños. Para llegar a ese sitio los vehículos circulan a vuelta de rueda.

Y decidimos organizarnos

Arnoldo Miranda recibe a la reportera y al fotógrafo de Proceso Jalisco en su domicilio. Es integrante de la Fuerza Rural de Michoacán, no obstante que Rancho Nuevo pertenece a Jalisco.

Hace dos años y medio se unió a los autodefensas, cansado de los abusos de los criminales. Ellos estaban cobrando cinco pesos por kilo de carne de ganado y habían fijado el precio de la tortilla en 16 pesos –cuando en otros lados se vende a 12– y exigían una cuota a los tortilleros; también cobraban 10% del valor catastral de las fincas como derecho de piso, dice.

Los engordadores de ganado también le entraban con su cuota, mientras los agricultores de maíz estaban obligados a vender sus cosechas a Los Caballeros Templarios; si se negaban, les quitaban el dinero que recaudaban durante la comercialización del grano.

Arnoldo lleva un radiotransmisor y una pistola en la cintura. Por lo general viste pantalón de mezclilla, playera de algodón y usa una gorra con visera. Las paredes de su sala están tapizadas con fotografías familiares, incluidos dos de sus hermanos, quienes fueron asesinados por los narcos; además, el esposo de su hermana desapareció.

–¿Cuándo surgió el grupo de autodefensas y por qué?

–Nosotros surgimos hace dos años y medio. Lo hicimos por tanta extorsión que había. Llegaban Los Caballeros Templarios. Si les gustaba tu casa, te la quitaban; si les gustaba tu hija, te la quitaban; si les gustaba tu vieja, te la quitaban… y cobraban mucha cuota. Aquí la mayoría somos limoneros. Al campesino que trabajaba el limón le quitaban dos pesos por caja de limón. Por eso nos organizamos.

Recuerda que un conocido de Tepalcatepec lo motivó a entrar a la lucha contra los delincuentes. Fue en esa localidad michoacana donde irrumpieron los primeros autodefensas. Hoy, ese cuerpo está conformado por un comité de 16 líderes.

Como vimos que les funcionó, hicimos lo mismo, cuenta Arnoldo. En Rancho Nuevo comenzamos 10 personas, de las cuales hoy sólo quedan él, su papá y un amigo; los demás murieron durante los enfrentamientos con los delincuentes, incluidos dos hermanos suyos y un sobrino.

Luego recomendaron a los demás pueblos que hicieran lo propio. Así se fue levantando el grupo. Y expone: “Queremos que el gobierno vigile otras partes, como Apatzingán, donde está el cochinero, y no venga a molestar aquí. Y aunque las autoridades federales pretenden desarmarnos, no vamos a dejarnos.

“Mucha gente está sufriendo por otras partes. Si el gobierno nos hubiera dejado como íbamos, ya tendríamos todo limpio. Es posible que (las autoridades) estén de acuerdo con los cárteles, con Los Caballeros Templarios, que así se hacen llamar, pero a mí se me hace que son yeguas templarias, porque corrían cuando íbamos por ellos”.

–Pero Los Caballeros Templarios se hacen llamar La Nueva Familia…

–No. Esos son otros. Aquí hubo un cártel que se llamaba La Familia Michoacana, pero esos nunca molestaron a nadie. Tenían sus negocios aparte. Al final, Los Caballeros Templarios, que eran de La Familia Michoacana, se pelearon.

–En Rancho Nuevo había Policía Municipal, ¿por qué no evitaron esos abusos?

–La policía nunca se paró aquí. A los uniformados los mandaban a Jilotlán para que resolvieran problemas pequeños.

–¿Presentaron denuncias por las extorsiones de las que fueron objeto?

–Le voy a decir la verdad. Si mirábamos a los militares y los denunciábamos, al otro día podíamos amanecer muertos.

–¿Los militares estaban coludidos?

–Pienso que no todos.

–¿No acudieron a la Fiscalía General del Estado a denunciarlos?

–Nosotros no podíamos ir a Guadalajara. No confiábamos en nadie. Además, los policías estatales no se metían (a Rancho Nuevo) por miedo. Y cuando lo hicieron, los mataron a todos.

Ahora estamos unidos

Miranda cuenta un incidente ocurrido en octubre de 2010 en los límites de Jalisco con Tepalcatepec, cuando murieron nueve uniformados, 10 resultaron heridos y uno más desapareció.

En esa ocasión, dice, la Secretaría de Seguridad Pública de Jalisco informó que los 20 uniformados recorrían la zona a bordo de cinco patrullas, tras recibir un reporte sobre la presencia de grupos armados. En realidad fueron emboscados por un comando.

–¿Tienen miedo del hampa o de que las autoridades pudieran delatarlos?

–Ahorita ya no nos da miedo nada, ya somos un grupo. Si el gobierno viene a molestarnos, nos unimos todos: Tepalcatepec, Buenavista Tomatlán, Las Lomas, Tazumbos. Quedamos en que si una persona anda mal, la agarran con droga o mata a otra persona, ahí sí no lo apoyamos. Lo que nosotros buscamos es que las cosas sean limpias y tranquilas.

–¿Ninguna autoridad de Jalisco se acercó a ustedes?

–Cuando mataron a mi hermano Eduardo me dio mucho coraje. Incluso declaré a una televisora que si el gobierno nos quitaba las armas, entonces pelearíamos contra el mismo gobierno. Al día siguiente mandaron por mí; se confundieron las cosas.

“Los integrantes del Mando Único de Luis Carlos Nájera me iban a llevar, incluso me esposaron. Pero se juntaron como 200 camionetas con gente y tuvieron que soltarme.”

–¿De qué lo acusaron?

–De que yo dije que iba a pelear al gobierno. Tuve que decirle a los del Mando Único que sólo comenté: Si el gobierno me quiere desarmar, vamos a pelear, porque no podemos quedarnos sin armas. Prefiero estar muerto a que me agarren estos cabrones y me vayan a torturar. Además, yo estaba regularizado como policía rural.

–Si usted vive y protege territorio de Jalisco, ¿por qué le dan credencial en Michoacán?

–Estamos trabajando allá en Michoacán. Pertenecemos a la comandancia de Buenavista Tomatlán, porque en La Ruana hay un grupo de Fuerza Rural; mejor dicho, de policía de Michoacán. Ahí hay un comandante, en Buenavista y en Tepalcatepec hay otros, también en Aguililla.

–¿Cuenta con el equipo necesario para su labor policiaca?

–Ahorita tenemos un armamento regular. El mismo gobierno nos lo facilitó, supuestamente para apoyarnos.

–La delincuencia organizada siempre cuentan con mejores armas…

–Así es, pero aun así los hemos topado. Lo que cuenta es el valor de la persona. Puedo traer una bazuca o cualquier cosa, pero si a la hora de la hora me da miedo, pues no sirve. Nosotros le quitamos muchas armas buenas (a los narcotraficantes). Cuando murió mi hermano, a mí me tocó tumbar un cabrón y todos me decían que recogiera el arma, pero yo sólo quería llevar a mi hermano al doctor.

–¿Recibieron alguna capacitación?

–Nosotros, los rancheros, no la necesitamos porque vamos mucho de cacería. El mismo gobierno ha dicho que somos mejor para pegar porque ellos (los delincuentes) son pura gente de ciudad.

“En un enfrentamiento en La Ruana, Michoacán, por ejemplo, los delincuentes llegaron con camionetas blindadas que de nada les sirvieron. Al final sólo cayó uno de los pobladores, mientras que los contrarios tuvieron 150 bajas.”

–¿Cómo se organizan para vigilar en Rancho Nuevo?

–Cuando vemos un carro desconocido, nos juntamos para pararlo. Si trae familia, no lo paramos, si viene una sola persona, le pedimos que baje el vidrio y le preguntamos de dónde es y con quién va.

“Nos da preocupación cuando entra un carro desconocido. Si vemos que entra mucha gente o sospechamos que es peligroso, nos comunicamos a Tazumbos, Tepalcatepec, Las Lomas por medio del radiotransmisor.”

–¿Le da miedo morir?

–La verdad, ya no. Me da más miedo que nos agarren Los Templarios y nos destrocen; ellos nos traen coraje. A cada rato nos mandan amenazas por medio de narcomantas que dejan en los puentes o en los pueblos. Pero no vamos a dar un paso atrás.

–¿Hasta cuándo va a continuar con su labor como policía?

–Yo quisiera que el gobierno nos explicara por qué nos pararon el avance que llevábamos. En los periódicos leemos con frecuencia que hubo un muerto o descabezados cada tres o cuatro días… Cuando estaba Alfredo Castillo (como comisionado nacional para Michoacán) prometió mucho, pero no cumplió.

Una de las promesas de Castillo fue apoyar económicamente a las familias de los pobladores que fueron abatidos por la delincuencia organizada, apunta Arnoldo Miranda.

–¿Qué le pediría al gobierno de Jalisco?

–Que nos diera protección. En Las Lomas nos está dando protección con el Mando Único, ahí hay un destacamento policiaco.

–Pero no salen a patrullar –le comenta la reportera.

–No salen a patrullar. Que a ellos los mandan a Las Lomas y que ahí tienen que estar. Yo quería que se dieran vueltas y que no pongan horarios para que agarre al maleante. Si el delincuente sabe que están en Las Lomas y quiere pasar armas, pasa a pata, y el carro brinca por otro lado.

“En Tazumbos hay un destacamento militar, ellos sí salen a patrullar. Aquí nos falta una patrulla municipal. Ojalá que el gobierno del estado ya le autorice al alcalde (Juan Carlos Andrade) tener policías municipales.”

Arnoldo asegura que el encargado del orden en Rancho Nuevo es Ramón Corona, quien recibe un sueldo de las autoridades de Jilotlán de los Dolores. l