El homenaje en Bellas Artes al compositor mexicano Federico Ibarra por sus 70 años consistió en la puesta en escena de dos de sus óperas, El pequeño príncipe (1988) y Antonieta (2010). Mejor hubiera sido no mencionar lo del septuagésimo aniversario del autor, pues tal parece que por eso se ponen sus obras y no por el valor intrínseco de ellas.
La sala del Palacio de Bellas Artes, llena sólo a la mitad, lo cual se debió en parte a los cierres a la circulación vial por la visita papal, pero también porque la ópera contemporánea no tiene la misma convocatoria que las obras consagradas del repertorio universal.
El principito –así se le conoce de toda la vida a la novela de Antoine de Saint Exupéry publicada en 1943–, es el libro en francés más leído y más traducido de la historia y uno de los más vendidos del mundo. La ópera con música del maestro Ibarra y libreto de Luis de Tavira se estrenó en la Universidad de California, Estados Unidos, en 1988, y es una de las muchísimas adaptaciones que se han hecho de esta novela.
Muy buen libreto del maestro De Tavira, grato y funcional, así como la dirección escénica de Luis Miguel Lombana. Buena la escenografía de Paula Sabina y el vestuario de Nuria Marroquín. En la iluminación tuvimos a un ya probado y elogiado profesional de las luces: Víctor Zapatero. El director orquestal, el cubano Iván del Prado, nos ofreció una coherente y lúcida lectura de la obra.
En cuanto a la música, se trata de una partitura gozosa con la ligereza que requiere el caso; el autor refiere: “He buscado aprovechar el idioma español como vehículo para expresarme, y el reto que supone el hacer comprensible este idioma al ser cantado, y ofrecer argumentos y temas novedosos que no se hubieran utilizado antes en la ópera.”
Sin duda el maestro Ibarra ha cumplido cabalmente estos cometidos. En cuanto al argumento, no tenemos noticias de ninguna ópera sobre El principito anterior a la suya, pero sí al menos una posterior, de 2014, del francés Michael Levinas (1949).
Elogiables todos los cantantes, en especial Nadia Ortega (Principito), Enrique Ángeles (Piloto) y Héctor Valle (Víbora). Aunque estrictamente hablando El principito es una ópera contemporánea, su música no es lo que se suele llamar música nueva o de vanguardia; es un tanto conservadora y se agradece, ya que resulta fácilmente digerible para el público.
Después de un interminable intermedio de casi una hora y que perturbó las actividades dominicales de la sala Principal de Bellas Artes, ya que después de la ópera seguía una función del Ballet Folclórico, vino Antonieta, una ópera no tan lograda como la anterior, cuyo asunto, los últimos meses de la vida de Antonieta Rivas Mercado, resulta tedioso, teatralmente fallido.
El libreto es de Verónica Masulén. En la primera escena –lo mejor de la obra–, Antonieta se quita la vida en el interior de la catedral de Notre Dame en París mientras un coro masculino entona fragmentos del officium defunctorum. A partir de ahí, que es el clímax de la obra, el interés dramático decae, se levanta levemente cuando la mezzosoprano protagónica Grace Echauri canta acompañándose ella misma al piano, magnífica intérprete. Sigue el declive a pesar de un número bailable, un vals que no logró entusiasmar al público.
Fatal la dirección escénica de Josefo Morales así como el diseño escenográfico de él mismo y Rosa Blanes Rex, pero con un libreto así no había mucho que hacer. Muy acertada la musicalización de Federico Ibarra, sobre una obra teatral de escasos méritos. Muy elogiable el canto de Gerardo Reynoso, Jesús Ibarra y Zaira Soria.
Otra ópera de Ibarra, El juego de los insectos (2009), se pondrá pronto, declaró Lourdes Ambriz, nueva directora de Ópera de Bellas Artes.








