En abril de 2008 la actriz Angélica Rivera y el gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto, se conocieron e iniciaron una relación íntima que desembocó en un noviazgo, admitido públicamente por el mandatario estatal el 12 de noviembre de 2008, en el programa Shalalá, de TV Azteca.
Los planes y proyectos para que “mamá Gaviota” –como tituló la revista Quién a Angélica Rivera– contrajera matrimonio católico con Peña Nieto se aceleraron desde principios de 2009.
El 19 de mayo de ese año, la Arquidiócesis de México declaró “nulo e inválido” el matrimonio entre Rivera y José Alberto Castro por “defecto de forma canónica”, tanto en la ceremonia del 2 de diciembre de 2004, en la Iglesia de Nuestra Señora de Fátima, como en “el que pretendieron contraer el día 11 de diciembre de 2004, en Acapulco, Guerrero”.
Ahí radicó el centro de la trama: la anulación de dos supuestas “bodas”, cuando en realidad sólo se trataba de una.
Angélica Rivera insistió que su matrimonio “no tuvo validez porque no llevamos las formas como la Iglesia lo quiere; fue un error de parte de nosotros. La Iglesia no lo tomó así”.
Contra esa misma versión declararon tanto la actriz Verónica Castro, cuñada y exjefa de Angélica Rivera, como el propio José Alberto El Güero Castro. La primera ofreció una polémica entrevista para la revista Hola!, el 8 de julio de 2009:
“–¿Sabía su hermano que su matrimonio con Angélica no era válido? –preguntó Maru Ruiz de Icaza, reportera de Hola!
“–¡Por supuesto que no! Es otra de las cosas que me extrañan muchísimo. Mi hermano hizo las cosas como tenían que ser y pensó que todo era verdad, y hasta donde nosotros sabemos todo fue muy real, ¡pero, bueno!
“–¿Cómo se enteró de que su matrimonio no tenía validez?
“–Por las declaraciones que ha hecho Angélica a la prensa, pero ¿te digo algo? José Alberto estudió siempre con los Legionarios de Cristo e iba a ser sacerdote…
“–¿Con esto quieres decir que sabía perfectamente qué se necesitaba para casarse por la Iglesia?
“–Definitivamente”, sentenció Verónica Castro.
La entrevista cayó como bomba en Televisa y en Toluca. Desde entonces se afianzó el veto de la televisora contra Verónica Castro.
Consultada por Proceso y Aristegui Noticias para este reportaje, Verónica Castro señala que sostiene lo publicado en julio de 2009 por la revista Hola!
La versión de “El Güero”
A su vez, José Alberto Castro escribió, en octubre de 2010, una carta “a quien corresponda” a favor de José Luis Salinas Aranda, en la cual aclara que tanto él como Angélica Rivera estaban de acuerdo en lo que sucedió y no fueron manipulados por el sacerdote.
“En el año 2004, tanto yo como la señora Angélica Rivera Hurtado por mutuo acuerdo manifestamos al P. Salinas, amigo nuestro, el deseo de que fuera testigo de nuestro matrimonio eclesiástico.
“Al referirle nuestro deseo de que dicho matrimonio se celebrara en la Playa Pichilingue de Acapulco, Guerrero, el padre fue muy explícito con nosotros al explicarnos muy claramente que la celebración no era posible realizarse en ese lugar porque sería irregular hacerlo y no tendría validez alguna.
“Nos recomendó entonces que tramitáramos la celebración en una iglesia de la Ciudad de México con un sacerdote debidamente delegado y de esta manera el matrimonio, sacramentalmente, tuviera la validez canónica debida, y que una vez así hecho se celebrara en Acapulco una misa en que reuniéndonos con familiares y amigos renováramos el compromiso matrimonial ya previamente, legítima y canónicamente establecido…
“En todo momento fuimos conscientes de que el acto sacramental se realizaba allí (en la Iglesia de Fátima de la Ciudad de México), como queda constancia en el acta matrimonial recibida, con las firmas de los contrayentes y del sacerdote, así como de los testigos que nos acompañaron.”
Pese a eso, el Tribunal Eclesiástico de la Arquidiócesis de México emitió la resolución del 10 de junio de 2009 acusando a Salinas Aranda de haber manipulado las bodas.
“Consta por declaraciones de la mencionada Angélica y de tres de los cuatro testigos que suscribieron un acta de matrimonio eclesiástico en la iglesia de Nuestra Señora de Fátima que el padre José Luis Salinas les pidió que firmaran esa acta para poder casarlos ocho días después en una playa de Acapulco como era el deseo de los contrayentes. Esa acta se firmó estando presente el mencionado clérigo Salinas, cuando ni la contrayente ni los tres testigos que firmaron entendían que ahí se estuviera celebrando un matrimonio, el cual efectivamente se celebró el 11 de diciembre del mismo año.”
Boda en Toluca
Anulado el matrimonio de Rivera y Castro y castigado el sacerdote Salinas, la actriz de Televisa y el gobernador del Estado de México viajaron del 14 al 19 de noviembre de 2009 al Vaticano, con el pretexto de inaugurar una exposición de artesanías mexiquenses.
Durante ese viaje, Peña Nieto saludó al papa Benedicto XVI y presentó a Angélica Rivera como su futura esposa. El Vaticano se convirtió en un set televisivo para transmitir el anuncio de la próxima boda del gobernador con la actriz, con el pontífice como testigo.
“Casualmente”, Peña Nieto y Rivera posaron ante las cámaras de televisión, el 16 de noviembre, para saludar al Papa, poco después de donar el nacimiento y las artesanías mexiquenses que formaban parte de la exposición Arte y Espíritu en El Vaticano.
Cuando saludó a Benedicto XVI, Peña Nieto le presentó a Angélica Rivera, ataviada con vestido y mantilla negros. Los noticiarios de Televisa transmitieron el momento en que el mandatario le dijo al Papa: “Pronto me casaré”.
Al ser cuestionado por utilizar una visita oficial para promover su boda, Peña Nieto se disculpó diciendo que “no sabía que el micrófono estaba abierto” (Proceso 1729).
Casi un año después de la visita al Vaticano, el sábado 27 de noviembre de 2010, justo antes de que se iniciara la precampaña a la Presidencia de la República de Enrique Peña Nieto, la boda tuvo lugar en la catedral de Toluca.
El despliegue publicitario de la revista Caras, de Televisa, incluyó la promoción de los novios Peña y Rivera en todos los canales del consorcio, pero sin imágenes en vivo de toda la ceremonia.
Pese a ser considerada “la boda del año” por los publicistas de actos sociales y políticos, la ceremonia no contó con la euforia de la jerarquía eclesiástica y tampoco fue televisada. Sólo los periódicos, revistas y redes sociales desplegaron sus imágenes.
El sacerdote José de Jesús Cuevas Aguilar, de la Arquidiócesis de México, justificó la ausencia de varios obispos, incluyendo la del cardenal Norberto Rivera, diciendo que el Vaticano ordena que no debe haber “fastuosidad” en una boda cuando hay una anulación matrimonial previa.
“Cuando hay una nulidad matrimonial, el decreto solicita que en caso de que la persona vuelva a casarse, lo haga con una celebración más sencilla y discreta posible”, afirmó Cuevas Aguilar (Proceso 1818).
Por supuesto en ese momento pocos sabían que Salinas ya le había advertido a Peña Nieto de las “implicaciones muy graves” que tenía su boda con La Gaviota y que el máximo tribunal del Vaticano analizaba el caso de una anulación “al vapor” con un responsable injustamente castigado. l








