Madrigalistas: inicio con música mexicana

Con un concierto que ofreció algunas novedades en lo formal y buena y grata música mexicana en el contenido, inició el 2016 una de las dos buenas agrupaciones corales que dependen directamente de Bellas Artes, el Coro de Madrigalistas.

Con la dirección huésped del maestro Salvador Guízar, los Madrigalistas ofrecieron el pasado viernes en la Sala Ponce de Bellas Artes y el domingo en el Museo Nacional de Arte, un programa compuesto por, entre otros, Carlos Jiménez Mabarak como homenaje al primer centenario de su nacimiento (Tacuba, 31 de enero).

La primera novedad se dio al iniciar el concierto, dedicado a música coral religiosa del siglo XIX, compuesta por Cenobio Paniagua (1821-1882) y Felipe Villanueva (1862-1893), más conocidos por su producción profana aunque, debo agregar, el primero escribió la friolera de setenta misas y un Réquiem que, aunque también es misa, recibe esta denominación especial por ser dedicada a algún difunto. De Paniagua se escuchó “Ave María Stella”, y de Villanueva se cantaron tres motetes dedicados a coro femenino (otra de las novedades), “Tres virtudes teologales”.

De allí se dio un avance cronológico y todo lo que siguió fue del siglo XX sin nada del XXI, que de alguna manera era de esperar.

El siglo pasado (todavía se siente raro decir así), lo iniciaron los Madrigalistas con la interpretación a piano solo, lo que no es usual en este tipo de conciertos, de una “gavota” del infaltable Manuel M. Ponce (1882-1948), a cargo del pianista de la agrupación, Héctor Cruz. A continuación el coro interpretó, también de Ponce, “Bendita seas pureza” y su conocida y gustada “Marchita el alma” y es que, estando en la Sala Ponce, haciendo música mexicana y empezando el año, don Manuel María no podía dejar de cantarse.

Siguió otro imprescindible, el gran Silvestre Revueltas (1899-1940), de quien los Madrigalistas interpretaron su conocida “Canción de cuna” que, transido de dolor, compuso con letra de Federico García Lorca al enterarse de la muerte de este poeta.

Vino luego Alfonso de Elías (1902-1984), de quien pudimos escuchar “A un ruiseñor”; una nueva intervención a piano solo, “vals” y, justamente, “Madrigal”, tipo de composición que inspiró el nombre del grupo. Continuó con “Se busca la armonía”, de Blas Galindo (1910-1993), y su grato y conocido “Arrullo”, así como “Corazón despierto”. Tocó turno al imprescindible José Pablo Moncayo (1912-1958), y como no era instrumental sino coral el concierto, no oímos el infaltable Huapango sino su “Canción del mar”.

El Coro de Madrigalistas cerró con el recordatorio-homenaje al maestro Jiménez Mabarak (1916-1994) y su gratísima “Nana de capirucho”.  l