Fallecido el pasado 5 de enero en Baden-Baden, Alemania, el compositor y pedagogo francés Pierre Boulez fue asimismo uno de los directores de orquesta más sobresalientes de su generación.
De la Ópera de París a Covent Garden y Bayreuth, del Domaine Musical al Ensemble InterContemporain (EIC), Boulez condujo orquestas muy prestigiosas como la de la BBC, la London Symphony Orchestra, o las de Los Ángeles, Berlín, Cleveland, Chicago, Viena y Nueva York, entre otras. A comienzos del nuevo siglo, la pianista, musicóloga y profesora del Conservatorio Nacional de Gennevilliers, Cécile Gilly, sostuvo con él las entrevistas que condensó L’écriture du geste (Christian Bourgois Éditeur, 2002), traducidas al castellano por Ferran Esteve en La escritura del gesto (Gedisa, Barcelona, 2003, 174 p).
“Mis inicios fueron muy modestos. Ni se me había pasado por la cabeza ser director de orquesta. Es algo que se añadió a mi vida y que acabó invadiéndola… Al principio, mi torpeza era notable…”
–¿Recuerda su primera experiencia lírica?
–No se me olvida mi primera experiencia lírica, fue el Wozzeck de Berg, una obra que no es precisamente de las más sencillas de dirigir, en París, en 1963, con dirección escénica de Jean-Louis Barrault… con quien había trabajado entre 1946 y 1956… El año 1963 fue decisivo.
“La ópera Wozzeck cautivó a Bayreuth: en la primavera de 1966, dirigí Wozzeck con Wieland Wagner como director escénico en la Ópera de Frankfurt y posteriormente trabajé para Bayreuth ese mismo verano dirigiendo Parsifal.”
–¿Supo que revolucionaría la Tetralogía Wagner al llegar a Bayreuth?
–Ni mucho menos, no era mi intención… Para mí, escuchar una partitura es “leerla”: el oído debe ser la transcripción fiel de la vista, el sonido real debe sobreponerse al sonido imaginado de la manera más exacta posible.
Para Boulez era mejor enseñar dirección de orquesta que composición y gustaba de la pedagogía, “pero en pequeñas dosis”. Sobre los objetivos que guiaron la fundación del EIC, sostuvo:
“El primero consistía en empaparse del repertorio de la primera mitad del siglo XX. Me parece algo importante: es imposible tocar bien las nuevas composiciones si no conoces a la perfección el lenguaje que las ha precedido. No se pasa impunemente de Hayden a Stockhausen sin haberse familiarizado antes con Schönberg o Webern, por ejemplo.”
–Usted abordó el repertorio contemporáneo antes del clásico…
–Si quiero resumir por qué he dirigido la música del siglo XX y la de mi época, diría que lo he hecho para doblegarme a la disciplina de un profesionalismo exigente. Me he dedicado a la dirección de orquesta con una exigencia casi diría intolerante con las obras que se espera escuchar…
“El repertorio del siglo XX no suele aparecer en muchos programas, una de las razones de la hostilidad que suscita en ocasiones la música actual… También es culpa de los directores de orquesta, que siempre dirigen el mismo repertorio. Me parece lamentable que para muchos, el repertorio se detenga en Mahler. ¡Hace treinta años, nadie conocía a Mahler!” l








