De Santiago Cardoso Villegas
Señor director:
El ensayo de Javier Sicilia publicado en Proceso 2044 bajo el título 2016, y la caricatura que lo acompaña, Año Nuevo, de Hernández, me impactaron al grado de trasladarme al vestíbulo del Infierno de Dante en el que me pareció leer: “Es por mí que se va al México del llanto, es por mí que se va al dolor eterno y al lugar donde sufre la raza condenada. Abandonad toda esperanza mexicanos, que ya estáis aquí”.
Este infierno corresponde al espacio-tiempo del México en que opera esa “cosa amorfa” que Javier llama capitalismo, y que “lo mismo alimenta al crimen organizado que a las corporaciones legales que instrumentalizan todo”.
Y acompañado por el poeta recorro los escenarios de un México dantesco sumido en el dolor, la injusticia, la pobreza, el desempleo, la desesperanza, la destrucción del medio ambiente, la violencia, el miedo, las fosas clandestinas, los desaparecidos, los asesinados, etcétera.
Este infierno es el mismo que Svetlana Alexievich describe en su libro Voces de Chernóbil / Crónicas del futuro, cuya desesperación en México ya no es una crónica del futuro, sino noticia de un destino que ya nos alcanzó.
Los “signos de los tiempos” leídos en el “corazón del presente” apuntan a la violencia, en todas sus manifestaciones, como el núcleo del problema, ya que vivimos una brutal violencia en todos los órdenes: tanto la terrible violencia física, como la sutil violencia en la toma silenciosa de las instituciones por los grupos de poder para legitimar sus intereses.
¿Cómo es posible que a la recién nombrada alcaldesa de Temixco, Morelos, la asesinen en su casa, enfrente de su familia, en su primer día como servidora pública?
Lo primero que se violenta es la dignidad de la persona. En este país, las personas somos cosas, bajas colaterales, objetos mutables, secuestrables y prescindibles, violentados por las insensibles políticas neoliberales que se fraguan en el perol llamado “Estamos Moviendo a México”. Los mexicanos somos, como dice René Girard, “víctimas‑sistémicas”.
Este es el México sin esperanza que Javier nos invita a contemplar en el Infierno de Dante, que incluye escenarios de impunidad con cínicas coreografías de la aplicación de la justicia que amparan la corrupción en los más altos niveles del gobierno.
La violencia que experimentamos es signo de que la nación está en guerra. Una guerra que se libra ya no en los campos de batalla, sino en todas nuestras comunidades y ciudades porque el poder, como lo señala Girard, se ha fragmentado. En algunos momentos, sin darnos cuenta, nosotros mismos somos parte de esa maquinaria del poder.
Dice Ryszard Kapuscinski que “la guerra total tiene mil frentes; en tiempos de una guerra así, todo el mundo está en el frente, aunque nunca haya pisado una trinchera ni disparado un solo tiro”.
En mi percepción apocalíptica de este desolador escenario que hoy es México pienso, como Javier, que quizás es el tiempo del fin. Pero quizás asistimos al tiempo último de inicio de un “cambio del cambio”, sin el cual ya no habrá vuelta atrás, pues podríamos encaminarnos finalmente a una sociedad orwelliana donde imperen la manipulación de la información, la vigilancia masiva y la represión política y social.
¿Qué tan lejos estaremos de ese escenario? Tal vez no sea aún tiempo de abandonar la esperanza, sino de una profunda reflexión sobre el proyecto de nación que queremos y de su inteligente implementación. (Carta resumida.)
Atentamente
Santiago Cardoso Villegas
San Luis Potosí, S.L.P.








