Los retos de 2016

El año que se inicia viene acompañado de problemas en el ámbito internacional que pondrán a prueba las capacidades del gobierno de Peña Nieto para hacerles frente. Y sea cual fuere el resultado, será la herencia que el presente régimen dejará en las relaciones exteriores del país. Hay motivos para dudar de que tal herencia sea positiva.

El primer gran reto, de índole económica, es alcanzar mejores índices de crecimiento en medio de un ambiente de desaceleración económica mundial, en particular en los países de América Latina. Cierto que México está en mejor situación que otros grandes de la región, como Brasil. Mientras éste se encuentra en seria recesión, para México se prevé un crecimiento del orden del 2.6%. Tal comparación no oculta, sin embargo, la insuficiencia de dicha cifra para encarar las carencias del país, como son el alto porcentaje de población en estado de pobreza, el rezago educativo de diversas regiones y el atraso en materia de ciencia y tecnología. Un avance en esos ámbitos requeriría de acciones más efectivas para conseguir índices de crecimiento de al menos 5%. Es poco probable que esto ocurra.

La noticia más perturbadora del entorno económico internacional es la caída en los precios del petróleo. La recuperación de los mismos sigue siendo muy incierta. Tal fenómeno no se advertía hace tres años, cuando se lanzó, en medio de grandes expectativas, la reforma energética. El panorama que se vislumbraba entonces era muy distinto al de ahora. Ni el tamaño de las inversiones será tan elevado como se esperaba, ni el futuro de la industria petrolera será el mismo en época de precios bajos y presiones para ir abandonando los combustibles fósiles por sus efectos en el cambio climático. Ambas circunstancias obligan a definir  nuevas estrategias, así como a buscar  tecnologías más amigables con el medio ambiente. Una tarea que ya están emprendiendo las grandes empresas petroleras, para la cual el capital humano mexicano no está preparado.

En el ámbito político, uno de los mayores desafíos es el manejo de la relación con Estados Unidos, aspecto central para el futuro del que poco se habla en los círculos de la administración pública. Inútil buscar pronunciamientos que permitan identificar las estrategias para acuerdos económicos o diálogo político con el vecino del norte. La mayor integración productiva favorecería una mayor competitividad de los dos países; sin embargo, el camino parece descansar en las posibilidades que, según las voces oficiales, ofrece el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP, por sus siglas en inglés). Poco se reflexiona sobre lo que ocurrirá si éste no es ratificado por el Congreso de Estados Unidos.

Otros campos de la relación, como la migración, son responsabilidad de diversas Secretarías, ninguna de las cuales ha buscado el entendimiento con las autoridades estadunidenses para tratar, por ejemplo, el tema de las deportaciones: más de 1 millón 200 mil durante la administración de Obama. ¿Vienen por igual madres de familia y criminales? ¿Qué acuerdos norman la relación en ese terreno? ¿Cómo se puede remediar la separación de familias? ¿Cómo pueden recuperar a sus hijos los padres que son deportados desde los centros de trabajo?

Las dificultades presentes en la relación se profundizarán con motivo de la campaña electoral en Estados Unidos. La polarización a la que han llegado los miembros del Partido Republicano tiene dimensiones poco vistas en la historia política estadunidense. Llama la atención, sobre todo, la presencia del aspirante Donald Trump, quien ha colocado al centro de sus propuestas la elevación de la barda fronteriza entre Estados Unidos y México y la expulsión de todos los migrantes mexicanos. Es improbable, aunque no imposible, que semejante personaje llegue a ganar la presidencia. Empero, lo inquietante es que sus declaraciones xenófobas elevan su popularidad en las encuestas. Este hecho, así como la persistencia de informaciones negativas sobre México en los medios de comunicación, son  una señal de la mala imagen de México que reina en Estados Unidos. Contrario a lo que se esperaba, las reformas estructurales realizadas en la primera parte del sexenio de Peña Nieto no han sido suficientes para revertirla. Los problemas políticos derivados de la corrupción, las debilidades del sistema de justicia y el crimen organizado ocupan los primeros lugares en las percepciones de la opinión pública de Estados Unidos sobre México.

En el otro extremo, en la frontera sur, las circunstancias son igualmente inquietantes. Durante la segunda mitad de 2015 los medios de comunicación se refirieron casi cotidianamente a las condiciones que allí imperan. Preocupa, entre otros puntos, el tratamiento que se da a los migrantes, provenientes de Centroamérica, deseosos de cruzar el territorio mexicano para llegar a Estados Unidos. El gobierno estadunidense espera la colaboración de México para detenerlos; no obstante, poco o nada ha aportado para contribuir a la solución de las difíciles situaciones económicas y sociales que privan en el llamado Triángulo del Norte (Guatemala, El Salvador y Honduras). Por otra parte, varios meses después de haber tomado posesión de su cargo, el subsecretario de Gobernación para Asuntos Migratorios no se ha pronunciado respecto a la frontera sur.

Otros asuntos de la relación con el exterior, como el trabajo de la diplomacia mexicana en foros multilaterales, presentan rasgos más amables. Fue notable la contribución mexicana al tema de cambio climático en la reunión de París. Su papel en el propósito de definir el mecanismo internacional para dar seguimiento y verificación a los planes nacionales dedicados a la reducción de emisiones contaminantes fue muy importante. En el punto de las drogas, qué será discutido próximamente en una sesión especial de la Asamblea General de la ONU, el trabajo para cohesionar la posición de los países latinoamericanos y dejar huella en el cambio de un esquema esencialmente prohibicionista hacia otro que ponga el acento sobre aspectos de salud, combate a la violencia y defensa de los derechos humanos, también ha sido fundamental. El reto ahora es hacer coincidir las políticas internas con lo que se defiende en los mencionados foros. En todo caso, el profesionalismo tradicional de la diplomacia multilateral de México sigue siendo un factor de certeza en el contexto de omisiones e incapacidad para fijar estrategias con que se ha llegado a 2016.  l