En vísperas de Navidad se crea la Secretaría de Cultura Federal y días después se rebautiza al presidente de Conaculta como secretario. Todo ello sin que hasta la fecha se conozca el proyecto pormenorizado de la reorganización del sector ni de los objetivos a largo plazo. Sabemos, eso sí, que en el presupuesto de 2016 hay merma para la cultura: es de 5 mil 343 millones de pesos, 30% menos de lo aprobado para 2015.
Tovar y de Teresa dijo para justificar la existencia de la nueva entidad:
“Tenemos una infraestructura enorme, cerca de 22 000 bibliotecas; 1 200 museos; más de 1 000 teatros y una herencia extraordinaria de 200 000 vestigios arqueológicos, 135 000 monumentos históricos.”
Y agregó, para darnos una pista de por dónde irá la nueva secretaría: “es importante que a este esfuerzo del gobierno federal se sume la iniciativa privada”.
Canal 22 estaba adscrito a Conaculta, por lo cual suponemos se mantendrá bajo la égida de la nueva dependencia federal. ¿O debemos pensar que se quedará dentro de la SEP, o peor aún, pasará como todos los medios públicos a depender de la Secretaría de Gobernación? No se ha dicho una sola palabra de la emisora, de su estado actual, ni de su futuro. No la menciona Tovar como parte del patrimonio.
La televisora es un instrumento fundamental para difundir arte, costumbres y tradiciones; resulta a la vez el medio contemporáneo creador de piezas que se integran a la sociedad, a su forma de pensar. De la radio y la televisión salen manifestaciones artísticas con lenguaje propio, material informativo o documental que abona al desarrollo, a la vivificación de esa cultura. Sin emisoras públicas se cae la diversidad, lo comercial se enseñorea de conciencias. El valor primordial es el consumo de objetos o servicios.
La situación actual del 22 es precaria: sale de un problema de censura con un presupuesto limitado que seguramente será más bajo en 2016. Si bien se rescató a los trabajadores despedidos, la programación es prácticamente la misma desde hace tres años, ahora con el agravante de que vemos –como en TVUNAM– múltiples repeticiones de series grabadas hace cinco, siete y diez años. Algunas se justifican porque no han perdido vigencia, otras están desfasadas. Con un poco de trabajo de edición, un presentador que dé el contexto y actualice, el canal no se vería tan desmañado. Como lo prueba la historia de televisoras públicas del país, la creatividad es un activo que se impone a la falta de dinero.
Lo más fácil es mantener el mismo esquema y acudir al archivo para los huecos.
Cierto es que los compromisos se pactan a principios de año y deben mantenerse durante esos doce meses, sin embargo ya sería tiempo para que en Canal 22 se sintieran aires de renovación, que su director anunciara algunos cambios, que dijera si tiene ánimo para mantener al canal en la cúspide alcanzada o pretende nadar con la corriente.








