“A la larga, la verdad no importa”

Ejercicio de asociación a base de música y recuerdos es A la larga, la verdad no importa, el primer disco del músico y compositor Jacobo Lieberman quien en 15 temas evoca lugares y sentimientos y pinta imágenes del México de las tres últimas décadas del siglo XX.

Al estilo del artista Joe Brainard y su libro de memorias titulado I remember (Yo recuerdo), Lieberman comparte evocaciones personales por la música que compuso para este disco:
“Al principio pensaba que cada tema se lo iba a adjudicar a cada una de las casas donde he vivido, pero al final sólo sobrevivieron dos: Madrid 143, que es la casa donde nací, y Mimosa 45 que fue mi segunda casa pero a la que regresé varias veces en la vida, era una casa grande y rara donde pasaron muchas cosas desde la infancia hasta la adolescencia tardía.”
Acompañado de un librillo en el que Lieberman expone sus recuerdos y comparte fotografías familiares, el disco es un viaje al universo personal del compositor, pues mientras la música pinta sus propias imágenes y podría ser por si sola una experiencia auditiva muy agradable, la asociación con las memorias de su creador le dan un significado mucho más profundo y completo.
“Madrid 143”:
“Me acuerdo de las flores del jardincito de la entrada, eran esas que les soplas y vuelan como algodón.
“Me acuerdo del sillón de la sala, de su olor, era muy setentero. Me acuerdo que cuando no podía dormir mi mamá me arrullaba en el sillón y al rato yo me despertaba solo en la sala.”
“La verdad”, dice Lieberman sobre compartir recuerdos tan personales, “es que cuando lo estaba haciendo estaba tan concentrado en eso que no pensé nada, ya cuando se los mandé a María Minera para que los organizara y me los regresó ahí sí me dio vergüenza pero pues ya estaba hecho.”
Finamente producido, grabado y mezclado por Leo Heiblum y el propio Jacobo, el disco contó con la participación de algunos de los grandes talentos actuales en México como Aarón Cruz, Alejandro Díaz, Rodrigo Garibay, Alexis Ruiz, Sandra Cuevas, Rodrigo Duarte y los propios Heiblum y Lieberman.
Ganador de varios premios por su trabajo como compositor para cine, Jacobo Lieberman fue parte por un breve periodo de Santa Sabina, uno de los grupos más importantes en la historia del rock nacional; así mismo trabaja en teatro y es integrante del grupo Los Shajatos, pero es su paso por aquel grupo de rock el que lo dejó más marcado:
“Siento que el rock es mi verdadera escuela, a los cinco años tocaba el bombo legüero oyendo a Hendrix o a Joplin que eran los dos discos de rock que tenían mis papás, lo demás era clásico. Varios años después vino Santa, eso fue una explosión, corta (para mi) pero muy intensa, cuando estás en medio de algo es difícil darte cuenta de la importancia que tiene, pero después te cae el veinte, entonces en ese sentido Santa Sabina fue una maestra muy importante. Ese momento (finales de los 80 y principios de los 90) me dejó mucho, siento que teníamos la edad perfecta para el momento perfecto.”