En 2011, dice Alicia Castilla, el sistema capitalista descubrió que la mariguana podía ser un negocio de grandes y rápidas ganancias… pero primero había que autorizar su consumo. Así, por ejemplo, el millonario George Soros alentó los movimientos de algunos países latinoamericanos (Uruguay entre ellos) en pro de la legalización. Pero, advierte la activista, hasta ahora se han hecho experimentos para autorizar su uso pero con muchas limitaciones y trabas, las cuales, finalmente, violan los derechos humanos de los consumidores.
MONTEVIDEO.- “El ser humano siempre ha buscado estados alterados de la conciencia porque es un aventurero que camina por la tierra y por el espíritu”, sentencia Daniel Vidart, antropólogo uruguayo, escritor inagotable (su obra consta de más de 40 títulos) y quien a los 94 años publicó el resultado de una investigación de nueve meses, Marihuana, la flor del cáñamo. Un alegato contra el poder, clave en la discusión reciente sobre la despenalización de la cannabis en su país y en otros de Sudamérica.
Esa obra forma parte también de una nueva oleada de discusiones y políticas públicas que recorre el continente desde 2011. En Uruguay, Argentina, Chile, Brasil, México y Colombia se han ido adoptando distintas políticas y medidas para despenalizar el uso de la mariguana, sea para uso medicinal o recreativo, investigaciones científicas o uso industrial.
Vidart advierte en entrevista que esta nueva oleada constituye “los distintos retornos del hijo pródigo”, porque a lo largo de la historia “la cannabis padeció prohibiciones y restricciones en distintos tiempos y lugares, pero todas ellas fueron de carácter local y temporal. Siempre regresó. Y lo siguió haciendo, subrepticiamente, desafiando a la DEA y su caza de brujas en Estados Unidos y en el mundo”.
La etapa de prohibición contemporánea surgió de la Marihuana Tax Act (Ley de Tasación de la Mariguana), promulgada en 1937 por el entonces presidente estadunidense Franklin Delano Roosevelt; pero “su demonización siguió demostrando que existía un encarnizado infundio en los avisos y prevenciones que los medios masivos sembraron en la credulidad popular”, señala Vidart.
“La mariguana, pese a sus serviciales avisos, no pudo sacarse el sambenito que la mostraba como el enemigo público por excelencia”, destaca Vidart y subraya que ahora se vive una tendencia contraria, aunque no exenta de intentos de control de los usuarios, como argumenta en la misma entrevista Alicia Castilla, esposa de Vidart y promotora de la total despenalización del consumo de la planta.
Para Castilla, lo que está sucediendo en países como Uruguay, Chile o Colombia son intentos de “normalización controlada”, no de legalización ni despenalización plena, porque aún intentan mantener un registro de los usuarios, a quienes se les sigue viendo como “enfermos” que deben ser curados.
En Estados Unidos hay más de 23 entidades federativas que permiten el uso de la mariguana para fines terapéuticos. En Uruguay se adoptó un modelo de registro y control de los consumidores. En Chile comenzó la discusión sobre la despenalización para uso medicinal y Colombia dio un paso adelante frente a la discusión en México, al aprobarse el lunes 21 un decreto del presidente Juan Manuel Santos que reglamenta la tenencia, producción, distribución y exportación de semillas y plantas de cannabis y sustancias derivadas, como aceites, pastillas, jarabes, cremas y extractos.
“La abuela de las plantas”
El 31 de enero de 2011 Alicia Castilla, pionera del movimiento cannábico en Argentina y actual pareja de Vidart, fue detenida en Uruguay por cultivar 29 plantas de mariguana y tener 24 gramos de la sustancia. Los policías allanaron su casa y la acusaron de posesión ilegal de sustancias prohibidas.
Entonces, a sus 66 años, Alicia Castilla se transformó en un caso emblemático en medio de la discusión que había en Uruguay sobre la despenalización de la mariguana. En la cárcel fue aplaudida por las otras detenidas que la llamaron “la abuela de las plantas”.
En un país donde son escasos los escándalos policiacos, el caso de Castilla estuvo en boca de prácticamente todos los uruguayos y aceleró el proceso de aprobación de una nueva ley para regularizar el uso de la mariguana, que entró en vigor en 2013.
Open Society, organización del multimillonario George Soros, apoyó con 12 mil dólares la defensa de Castilla y en mayo de 2011 ella salió de la cárcel; pero lejos de convertirse en una promotora del modelo uruguayo de despenalización, lo criticó severamente por ser uno de control de los usuarios y porque persiste la visión de que el Estado va a “curar” a los “enfermos consumidores”.
“Tantos años de demonización contra la mariguana… es difícil cambiar de repente”, admite Castilla, a cuatro años de aquellos hechos. Sin embargo, agrega, “la mayoría de los políticos aún están regidos por la concepción de Napoleón contra el hachís”. El general francés, en su campaña en Egipto, prohibió en 1800 el uso “de una bebida que los musulmanes hacen con el hachís y asimismo inhala el humo de las semillas del hachís.
“Aquí en Uruguay no se ha legalizado nada. Te vas preso como cualquiera si cultivas la mariguana. Es una regularización del consumo”, subraya.
Castilla es una mujer informada, que mantiene contacto con las demás organizaciones de América Latina y España dedicadas a la liberalización del uso, consumo y cultivo de la mariguana.
Ahora en Chile, afirma, se da un nuevo intento de “normalización controlada” al permitir la elaboración de medicamentos derivados de la planta y un consumo máximo de dos gramos por persona. Lo mismo sucede en México, con la reciente decisión de la Suprema Corte de Justicia de autorizar el autocultivo para cuatro promotores de un amparo.
“De repente al sistema capitalista le interesó este tema. En 2011 vi un documental que hablaba de una nueva forma de cultivo de la mariguana y que se podía volver un commodity. En Wall Street analizaron que la cannabis es el cultivo que en un periodo más corto de tiempo produce más réditos.
“En Wall Street llegaron a una conclusión: ‘Es un gran negocio, pero necesitamos que se legalice’. Esto fue en 2011.
“¿Por qué los políticos promotores de la legalización no lo hicieron cuando fueron presidentes, como Fernando Enrique Cardoso o Ernesto Zedillo?”, se pregunta. “Me parece que este nuevo movimiento a favor de la mariguana viene de arriba para abajo, pero no pensé que esto fuera algo que interesara al gran capital. Podrá ser para los remedios (uso medicinal), pero tenían que sacarse de encima a los usuarios incómodos, entonces decidieron limitarla a 40 gramos.
–¿Por qué este intento de control?
–Es todo el miedo que tienen a los consumidores tradicionales porque somos rebeldes. Napoleón tuvo esa lucidez de entenderlo. Por eso lo prohibió –afirma riéndose.
El experimento uruguayo
Con el apoyo de Open Society, Uruguay se volvió una especie de “laboratorio” para la despenalización de la mariguana en América Latina.
Las mismas organizaciones de Soros apoyaron financieramente a la Drug Policy Alliance, que impulsó la despenalización en Colorado y Washington. En Uruguay apoyaron a la coalición Regulación Responsable.
En 2013 se aprobaron cambios legales tendentes “al control y regulación del cannabis psicoactivo y sus derivados, así como aquellas que buscan educar, concientizar y prevenir a la sociedad de los riesgos para la salud del uso del cannabis”.
Se aprobó la creación de un Instituto de Regulación y Control del Cannabis (IRCC) que es el responsable de regular “la plantación, cultivo, cosecha, producción, elaboración, acopio, distribución y dispensación” de la planta.
Se autorizó en una primera fase el cultivo doméstico que “no supere las seis plantas de cannabis psicoactivo hembras por cada casa-habitación” y la producción no puede superar los 480 gramos anuales, es decir, 40 gramos mensuales.
La segunda fase es la constitución de clubes de membresía que deberán contar con entre 15 y 45 socios. En estos clubes la producción está limitada a 99 plantas y no debe superar los 480 gramos anuales por socio.
Tanto los cultivadores como los miembros de los clubes deben registrarse ante el IRCC, con sus huellas digitales. Según la ley, la identidad de los integrantes está protegida por la Ley de Protección de Datos Personales 18331, pero la mayoría de los usuarios se sienten a disgusto con este registro, punto central de la crítica de personajes como Alicia Castilla.
La tercera fase se prevé para junio de 2016, que es la venta en farmacias de una especie de “clones” de cannabis producida por dos empresas que acaban de ganar la licitación: Simbiosis e Icccorp. Se iniciará con la venta en sólo 50 a 100 farmacias. Se proveerán 10 gramos por semana o 40 gramos por mes.
El modelo uruguayo prohíbe la venta a terceros o el lucro de la cannabis, pero hay innumerables huecos y zonas oscuras en la ley.
–¿Por qué no se ha pasado a la tercera fase, la de la venta en farmacias? –le pregunto a Castilla.
–Primero porque pretenden que sea una producción en línea. Hace unos días estuvo aquí quien ganó la licitación para cultivar para el Estado. Ganó la licitación, pero todavía no sabe nada. No ha firmado nada. Todo es un misterio.
“Él va a cultivar en invernaderos, pero resulta que no va a usar semillas; el Estado en unos laboratorios está produciendo clones de cannabis (una con 3%, otra con 5% o 10%). Es producir mariguana descafeinada.”
–¿Es muy puritano eso?
–Es lo que te digo: te damos, pero te controlamos.
“Sostengo que el prejuicio aumenta. Esta ley se dio para legalizar el estigma. En el momento en que precisan registrarte, ahí te controlan. Como feminista he luchado mucho para tener un registro de violadores, pero nos dijeron que no se puede porque eso es violar su dignidad, los estigmatiza a ellos y a su familia. Pero en el caso de los usuarios de cannabis, ¡vas a registrar a los usuarios que no joden a nadie!
“La derecha, el Partido Nacional, elaboró un proyecto más racional: la persona puede tener las plantas que quiera dentro de la zona crítica. Es decir, producir para autoconsumo, sin vender.”
–¿Está metido Soros en esto?
–Te cuento: Soros pagó 12 mil dólares por la defensa de mis abogados. Soros tiene la Open Society. Me hicieron un documental en la WOLA (la ONG Washington Office on Latin America) sobre mi caso. Nobleza obliga: ellos me ayudaron, yo acepté participar en el documental. Hasta ahí todo bien. Al mes, el gobierno de Mujica elabora este proyecto que estaba contra las expectativas. Salto diciendo: ‘¿Cómo es posible que nos vayan a registrar?’ Open Society me mandó un correo y me preguntó qué opinaba de la ley. Dije lo que pensaba y me borraron de todo.
–¿Estás vetada?
–Exacto. Me encanta, porque no tengo ningún compromiso con ellos.
–¿Hay una gran oleada de legalización?
–Se trata de usar países pequeños, como Uruguay, como laboratorio. El otro es Chile, que es un país bastante tranquilo.
“Coincidentemente, cuando se aprobó la nueva ley en Uruguay, George Soros declaró: ‘No sabemos cuál es el mejor tratamiento. Tenemos que experimentar’. Y Uruguay es uno de los países experimentando.”
“Un vuelo chamánico”
Antes de escribir Marihuana, la flor del cáñamo, Vidart presentó dos obras sobre las plantas prohibidas: Coca, cocales y coqueros en América Andina, publicado en 1991 que va para su quinta edición, y el relato de una experiencia personal en Mongolia que le dejó profunda huella: Un vuelo chamánico, en 1999, título ya agotado.
–¿Había un planteamiento en usted sobre la política de prohibición hacia las drogas cuando emprendió esta investigación? –se le pregunta a Vidart.
–A partir de mi viaje a Mongolia me interesaron las sustancias que alteran o transforman la conciencia. Cuando llegué, estudiaba de qué manera los pueblos nómadas del desierto de Gobi estaban siendo asentados por China.
“Mi guía, un hombre muy amable, era subdirector de los cantores populares de Mongolia.
“Una noche, cuando íbamos a volver a Pekín, estábamos en una mesa redonda. Los chinos se fueron a dormir. Bebíamos un aguardiente similar al sake. Mi guía me pidió que esperara. De pronto me invitó a beber de una botellita. Y ahí lo cuento, en Un vuelo chamánico, de repente fue a una pequeña alacena y trajo otra bebida. La otra bebida no era de origen vegetal, era de origen animal. A través de la leche fermentada sacan una bebida destilada.
“La tomamos. Siguió el tirangolirero. De pronto para. Sacó de dentro de su saco un frasquito y me dijo:
‘Tome un trago grande’. Tenía un gusto muy feo. Al ratito comenzó mi vuelo.
“En mi vuelo se produjo un fenómeno que se da en la vida normal, que es la comunicación de espíritus. Entre mi guía y yo comenzó un grado de entendimiento pleno.”
–¿Era una interacción?
–Es una comunicación de espíritus. Entonces comenzamos a hablar sin parar. Él era un budista tántrico. En el budismo se da la tetrapartición del universo. Me explicó que íbamos a hacer un relato, un intercambio de recuerdos de su niñez, su adolescencia, su juventud y su edad madura. Él me fue contando y yo también.
“En ese momento no sólo había comunicación sino algo muy particular, una identificación. Cuando escribí esto en Montevideo, le dije a un amigo que quería contarlo. ‘Por favor, en este país van a decir que sos un loco, un chiflado’. Ese amigo, que ya murió, era Eduardo Galeano. No quería que lo contara.”
–¿Cuál era el brebaje que le habían dado?
–Él había comido en los montes un hongo y al incorporarse al organismo, los chamanes lo llevan durante tres o cuatro días en el orín, potenciado. Es más poderoso. Eso produjo el fenómeno que te digo. Aquí lo cuento.
“Se trataba de su propio orín después de consumir un hongo mucho más alucinógeno. El chamanismo mongólico es muy fuerte.”
–¿Es similar al chamanismo mexicano o al de otras partes indígenas de América Latina?
–Es distinto. Son hongos, son raíces. A partir de ese momento, tomé un enorme interés en el asunto. El verdadero chamanismo es asiático. Lo que pasa en Perú, en México con María Sabina, es parte de esta cultura ancestral.
El conocimiento ancestral
–¿Cómo surgió su interés por la hoja de coca?
–Estando en una investigación de campo en Colombia, por la montaña, comencé a frecuentar a campesinos de Bolivia, Perú. Todos coqueaban. Me documenté bien. Leí mucho los antecedentes históricos de la coca.
Lo que ha sobrevivido de la crónica es que las clases altas no les permitían coquear a los del pueblo.
“En Colombia trabajé entonces en la universidad y en ese tiempo me hice amigo de un personaje que luego fue candidato presidencial, Antanas Mockus, un matemático deslumbrante.
“Se articuló un triángulo: aquí estaba la Facultad de Ciencias, con Antanas y un muchacho que sabía mucho del Renacimiento, dos de la Facultad de Química y dos antropólogos, incluyéndome. Todos los sábados nos fumábamos unos porritos. Ellos eran ingenieros que les interesaba la ingeniería ambiental. Yo daba antropología ambiental en ese entonces.
“Un joven, William Rodríguez, me dijo: ‘Mire, yo soy muy pobre, pero le traje un regalito’. Era una servilleta. Con unos hongos. ‘Tómese un caldito tibio y se come estos hongos. Se dan en un solo lugar de Colombia’.
“Me los preparé y me invadió un sentimiento de que ya sé todo lo que hay en el mundo. La omnisciencia y la paz más grande que el hombre pueda tener, sobrevinieron. Fue una media hora o una hora en la que me sentí en la plenitud. Esta sabiduría viene del fondo de los tiempos.
“Investigaciones sobre restos humanos de la era Neanderthal descubrieron que junto a los cuerpos había ocho montoncitos grises. Los palinólogos se dieron cuenta de que eran restos de flores. De los ocho, cuatro eran flores alucinógenas. Quiere decir que el hombre de Neanderthal, hace 60 mil años, ya conocía las plantas alucinógenas.
“El hombre de la aurora tenía un conocimiento extraordinario sobre estas plantas. El cáñamo fue el primer vegetal utilizado para hacer tejidos.
“Pienso que cuando las mujeres –las que recolectaban– trajeron esas flores tan olorosas, de pronto las quemaron y ese humo les provocaba el estado de euforia, se reían.
“Quiero decir que el hombre ha buscado estados alternos de conciencia porque es un aventurero que camina por la tierra y por el espíritu.”
La flor del cáñamo
En la entrevista, Vidart relata que el libro sobre la mariguana fue fruto de nueve meses de trabajo de campo en la cordillera de la costa de Chile, en el delta del Paraná, en la costa de Uruguay, en Paraguay.
“Con Alicia nos fuimos a la cordillera de la costa en Chile y ahí nos encontramos que había unos plantíos de mariguana y me contaron el proceso, cómo se habían instalado. Después nos fuimos al delta del Paraná. Las islas tienen plantíos llamados ‘a la guerrillera’ y quedan ahí restos de los antiguos hippies. Nos reunimos con antiguos hippies que utilizaban aún los viejos métodos.”
–¿Cómo fue la preparación de libro?
–Algo accidentado. Me robaron 130 páginas del manuscrito. Volví a empezar. Lo dividí en cinco partes: la industrial, todo lo que a la industria le ha dado; la medicinal, la ritual, mágica, religiosa, etc.; la alimenticia y finalmente la lúdica o recreativa.
–¿Usted discutió con el expresidente Pepe Mujica sobre este trabajo, antes de que se adoptara la despenalización?
–Mujica tiene una posición muy distinta. Ha tenido fuertes discusiones con Alicia.
“La verdad es que la presión de Alicia es lo que detonó la legalización. La tuvieron encadenada, la acusaron de narcotráfico, por tener unas plantitas personales, y fue tan injusta su detención que eso aceleró la despenalización en Uruguay.
“Pepe tiene muy poca información sobre el asunto. Cuando hablaba de ponerles chips a los consumidores, estaba diciendo barbaridades. Sin embargo, tuvo buena intención en el sentido de liberalizar a quienes tienen el autocultivo.”








