En 1968, momentos antes de volar rumbo a la República Checa para cubrir la Primavera de Praga, el periodista Julio Scherer se reunió con el presidente de México, Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970), digno representante del régimen clientelista y corrupto del Partido Revolucionario Institucional (PRI), que ocupaba el poder desde 1929. A su llegada a la residencia presidencial, en la Ciudad de México, recibió una carta y un sobre atiborrado de billetes de banco. “Gracias, pero el presidente me conoce”, rechazó rotundamente.
Julio Scherer, quien falleció el miércoles 7 de enero en la capital mexicana a los 88 años de edad tras un choque séptico, erigía la independencia periodística como regla de vida y se distinguía entonces como una figura de excepción en el entorno de la prensa mexicana, sometida durante mucho tiempo al PRI, el cual gobernó el país de manera hegemónica durante 71 años, hasta el año 2000. Exdirector del diario Excélsior y fundador del semanario de investigación Proceso, permanecerá en la historia del periodismo en México como el hombre que desafió el autoritarismo del PRI apelando al derecho de informar.
“Cazador de exclusivas”
Considerado como uno de los periodistas mexicanos más importantes del siglo XX, este hombre discreto y refinado inspiró una nueva generación de reporteros, abriendo el camino a la democratización del país. Hijo de un banquero de origen alemán, Julio Scherer García nació en México el 7 de abril de 1926. Aún no cumplía 18 años cuando ingresó como mensajero en Excélsior. “Soñaba con ser un cazador de especies extraordinarias: exclusivas, publicadas en ocho columnas”, narraba el periodista en 2012 en su obra Vivir, uno de los 22 libros que escribió. Durante sus 70 años de carrera, su pluma afilada reveló numerosos escándalos, entre ellos la existencia de una unidad del Ejército dedicada a la lucha contra las guerrillas, o los desvíos de fondos hechos por el hermano del presidente Carlos Salinas de Gortari (1988-1994).
Equipado de su inseparable libreta, entrevistó a la mayoría de los dirigentes del continente americano, de John F. Kennedy a Salvador Allende; de Fidel Castro a Augusto Pinochet. La Primavera de Praga fue su último gran reportaje internacional antes de asumir la dirección de Excélsior, en agosto de 1968. Fue él quien tomó la iniciativa, el 3 de octubre de 1968, el día siguiente de la masacre de Tlatelolco en la Ciudad de México, durante la cual centenares de estudiantes cayeron bajo las balas del Ejército, de publicar en su periódico un recuadro negro con la pregunta: “¿Por qué?”. Tenía la costumbre de comparar su trabajo con la cirugía, y precisaba que “el periodismo tiene que ser exacto, como el bisturí”.
“Amigo de los intelectuales”
Su ética sin falla le llevó el reconocimiento y la amistad de numerosos intelectuales y escritores latinoamericanos, desde Gabriel García Márquez hasta Carlos Fuentes. Después de la masacre de Tlatelolco, Julio Scherer aportó su apoyo a Octavio Paz, quien había renunciado a su cargo de embajador en la India, para el lanzamiento de la revista cultural Plural, que permaneció como una referencia durante los años 70.
Pero la denuncia de la corrupción política molestó al poder establecido. En 1976 el director de Excélsior fue víctima de un golpe perpetrado por miembros del periódico bajo la influencia del presidente Luis Echeverría (1970-1976). No bastó para detener su búsqueda incansable de la verdad. Tres meses más tarde, el filósofo y jurista de formación fundó Proceso, que se convirtió en una revista de referencia en México.
En 1996, el hombre que se decía “reportero eterno” salió de la dirección del semanario, pero siguió realizando entrevistas exclusivas, entre ellas con el subcomandante Marcos (2001). A sus 83 años, viudo y padre de nueve hijos, Julio Scherer tomó el riesgo de reunirse con el poderoso jefe del Cártel de Sinaloa, Ismael Zambada, en un lugar secreto. La fotografía de ambos personajes, hombro con hombro, publicada en la portada de Proceso en 2010, suscitó la polémica. “Si el diablo me propusiera una entrevista, no dudaría en ir al infierno”, contestaba a sus detractores. Mas esta gran voz crítica de México nunca aceptó ser entrevistado, fiel a la idea de que un periodista tiene que permanecer en la sombra.
*Texto publicado el 13 de enero de 2015 en el periódico Le Monde.








