Cine y teatro, un vínculo natural en México: Lara Chávez

Investigador de cine y periodista de larga trayectoria, Hugo Lara Chávez se dio a la tarea titánica de rastrear los vínculos en México entre el cine y el teatro, y entrega ahora el volumen Dos amantes furtivos. Cine y teatro mexicanos, donde recopila los trabajos sobre la materia encargados a 10 destacados autores y los suyos propios. El libro de Pararelo 21, que consta de 312 páginas y se acompaña de fotografías de los archivos de Roberto Fiesco y de la Cineteca Nacional, será presentado en la próxima Feria de Minería.

Aunque el cine y el teatro cuentan con sus propias características cada uno, “han mantenido una relación natural”, y en México no es la excepción:
“El inicio de la cinematografía de ficción en el país, hacia 1899, fue con una adaptación de la obra Don Juan Tenorio, del legendario Salvador Toscano”, rememora Hugo Lara Chávez, investigador del séptimo arte con una reconocida trayectoria.
Por ese vínculo desde entonces, el también periodista y autor de los volúmenes Una ciudad inventada por el cine (Cineteca Nacional, 2006), Cine antropológico mexicano (INAH, 2009), con Javier González Rubio, y Luces, cámara, acción: cinefotógrafos del cine mexicano 1931-2011 (Imcine, Cineteca Nacional y Festival de Amiens) ideó un libro sobre el tema desde hace años y lo acogió Paralelo 21, pero debido a la complejidad del tópico propuso que la publicación se elaborara entre varios especialistas de cine.
Así surgió el libro Dos amantes furtivos. Cine y teatro mexicanos (que forma parte de la colección Encuentro de la empresa editorial), coordinado por Lara Chávez, donde se hallan los textos de Eduardo de la Vega (“El teatro en el vértice de la época de oro del cine mexicano. Aportaciones y legado de Juan Bustillo Oro”); Roberto Fiesco (“La irrupción de la ciudad. Los signos del Zodíaco”); Fernán Galíndez (“Del teatro al cine o de cómo la amistad es vocación y trascendencia. El caso de Jorge Fons”); Sergio Huidobro (“Las experiencias recientes. De Sabina Berman a Manolo Caro”), Elisa Lozano (“Las troyanas. Un curioso suceso en el teatro y el cine de los sesenta”).
Raúl Miranda López (“Ruptura. La teatralidad fílmica de Alejandro Jodorowsky)”; Pedro Paunero (“La estética del gran guiñol”); Miguel Ravelo (“Hugo Argüelles. Dramaturgia en la escena y la pantalla”); Víctor Ugalde (“Puentes comunicantes. Teatro y cine de Vicente Leñero”); Álvaro Vázquez Mantecón (“La escena teatral en los inicios del cine experimental en México. La confesión de Stavroguin de Juan José Gurrola”); y el mismo Lara Chávez escribió “Un espectador impertinente. Entre el teatro y el cine” y “Los albañiles: Dos trayectorias y un personaje en común. Ignacio López Tarso y José Carlos Ruiz”.
Dos amantes furtivos. Cine y teatro mexicanos se presentará el próximo 9 de febrero en de Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, y el 27 del mismo mes en el Festival Internacional de Cine UNAM.
Un hallazgo en 2012 reafirmó la necesidad de realizar el libro, escribe Lara Chávez, quien fue director del Fideicomiso de Teatros del IMSS.
“En las bóvedas de la Cineteca Nacional, se encontró la pista de audio del corto Un espectador impertinente, codirigido por el mexicano Raphael J. Sevilla y el ruso Arcady Boytler en 1932. Consistía en un espectáculo entre el teatro y el cine, mediante un sketch cómico en el cual Boytler, quien simulaba ser un borracho entre el público, interactuaba en vivo con lo que sucedía en la pantalla de cine y, en un momento dado, se introducía en la proyección para alternar con Anita Ruanova, quien interpretaba a una pianista a la que importunaba, hacía blanco de sus bromas e incluso hacía bailar. De esta obra sólo se conservó la pista sonora, no se ha hallado la imagen filmada. El rescate estuvo a cargo del historiador Eduardo de la Vega.”
A decir del investigador y director de la página de internet sobre cine CorreCámara.com.mx, con el libro “se quiere contribuir a que se detone una mayor reflexión sobre la rica interacción entre el arte teatral y el arte cinematográfico mexicano”.

“Condenados a encontrarse”

–¿Es realmente una relación oriunda la del cine y el teatro?  –se le pregunta en entrevista.
–En México sí, desde Don Juan Tenorio, y es natural el paso de las obras, la estética, los directores, los actores del teatro al cine, y con los años de ida y vuelta. Es decir, ha habido películas que después se llevan al teatro.
Platica que el título del nuevo libro surgió de las palabras del escritor y crítico Sergio Huidobro:
“Como amantes furtivos, cine y teatro están condenados a encontrarse por la noches y a olvidar sus nombres a la mañana siguiente; a alimentarse mutuamente y a separarse al instante, asediados por su mutua e infranqueable necesidad de independencia.”
–Ahora, ¿cómo es esa relación del cine y el teatro mexicanos?
–La película Aventurera, que filmó Alberto Gout en 1949 y fuera estrenada en 1950, fue llevada a un musical hace poco. Bueno, en Estados Unidos, en Broadway, se da más el fenómeno de que una película se monte para teatro. Aquí sucede poco. En México, muchos desconfían de que una película se lleve para el teatro o viceversa, todavía hay un tabú. Y no todas las películas mexicanas son fáciles de adaptar. Hay algunas que son ideales como Rojo amanecer, de Jorge Fons, la cual tuvo una temporada teatral, y creo que existía un proyecto por relanzarla, pero hay otras que bien podrían llevarse a escena sin ninguna complicación, como Temporada de patos, de Fernando Eimbcke, que se desarrolla en un departamento en Tlatelolco. Y mucho de este cine minimalista mexicano, que acaba de proyectarse en el pasado Festival Internacional de Cine de Morelia, con pocos actores, pocas locaciones, tendría las posibilidades.
–También hay cine muy teatral…
–Por ejemplo, en la película El atentado, de Jorge Fons, había la intención de emular las carpas, porque incluso hay unas escenas de carpa en la cinta. Fue un caso curioso porque además fue una producción muy cara y el filme fue muy criticado, y por lo mismo no del todo afortunado. También está el caso de Jesús Magaña con su película Abolición de la propiedad, basada en la novela de José Agustín… es muy teatral.
“Hay directores de cine que juegan mucho con elementos teatrales, como pocos espacios, a lo mejor no es que su cine le guste a un gran público, pero no necesariamente es que sean malas propuestas, al contrario, lo hacen muchos cineastas franceses, creo que es interesante, es atractivo para un amplio público, y hay otros cineastas que hacen las adaptaciones como más dinámicas. Precisamente en Morelia vimos Almacenados, de Jack Zagha, que se llevó el Premio del Público de este año. Es una obra teatral que tuvo éxito con Héctor y Sergio Bonilla.”
–¿Cómo fue que escogió a estos colaboradores para el libro?
–Varios son amigos míos, por fortuna. También invitamos a personas que están más cercanas al teatro, pero en su momento no pudieron. Y los temas fueron orientados por los perfiles que ya conocemos que trabaja cada quien.
La publicación, de 312 páginas, también cuenta con un espacio de fotos del archivo de Roberto Fiesco y de la Cineteca Nacional.  l