No pasó siquiera un año antes de que Enrique Maza siguiera a Julio Scherer García en el sueño sin retorno, el mismo en el que ambos se unieron a Vicente Leñero.
En poco más de un año, a partir del 3 de diciembre de 2014, desaparecieron físicamente tres de los fundadores de Proceso.
La noche del miércoles 23 Enrique Maza se encontró con lo que él llamaba una de las realidades insoslayables de la vida: la muerte. Para él se resolvió ya el enigma del más allá.
De este lado quedamos quienes conservamos el recuerdo del sacerdote periodista, que inculcó en sus compañeros de la revista, como nadie, la ética como centro rector de esta profesión.
La pasión de vivir en plenitud, la pasión por la búsqueda de la verdad, la pasión por la confrontación, si necesaria es, forma parte de su legado que Proceso recoge para ponerlo al servicio de los lectores cada semana.
Sacudidos por el dolor, no por repetido menos intenso, asumimos ante las ausencias irreparables el espíritu que emana de una frase bíblica: cuando nos sentimos débiles, entonces somos fuertes.
Una vez más repetimos lo que expresamos con ocasión de la primera de nuestras tres grandes pérdidas: Proceso sigue.








