El PRD, hacia la socialdemocracia (según Basave)

Agustín Basave Benítez expone en entrevista su intención de conducir al PRD hacia la socialdemocracia. Lo intentó antes con el PRI, pero no tuvo éxito. Ahora, dice, logrará el cambio reforzando la unidad, la identidad y la integridad de la militancia perredista. Pero ese propósito puede frustrarse si no consigue elevar el porcentaje de votos de ese partido en las 13 elecciones del próximo año.

La llegada de Agustín Basave Benítez a la presidencia del PRD no fue una sorpresa. Antes del Consejo Nacional del 7 de noviembre pasado, en el cual obtuvo 295 de los 304 votos, se sabía que él estaba perfilado para el cargo, en un intento de las corrientes de ese partido para frenar su debacle electoral y política.

Propuesto por el diputado federal Guadalupe Acosta Naranjo, Basave resume su aspiración en entrevista: “Soy el presidente nacional del PRD y lo que me interesa es el renacimiento del partido”.

En su oficina, en el octavo piso de la sede perredista, reconoce que no ha sido fácil lidiar con las corrientes internas, sus distintas ideologías, sus usos y costumbres:­

“Es el partido más complejo de México, es más difícil de dirigir que el PRI y el PAN. El PRD es un partido horizontal donde hay corrientes, subcorrientes y ya casi subsubcorrientes. Todo lo debes platicar, debatir y aprobar en órganos colegiados.”

Añade que de por sí la tradición perredista es de lucha y confrontación, pero esto se agudiza con el permanente roce entre las posturas radicales y las moderadas.

–¿Por qué aceptó dirigir al PRD?

–Porque yo soy socialdemócrata y el partido más cercano a la socialdemocracia es el PRD. Digamos que es el más susceptible de convertirse en un partido socialdemócrata. Ésa es una. Otra, porque creo que el país necesita una izquierda de oposición firme.

Niega tener problemas con dialogar con el gobierno federal, pero dice que su partido nunca suscribiría un pacto. “Al menos conmigo no”, enfatiza.

–¿El PRD va a retomar la bandera de la oposición?

–Por supuesto.

El político nacido en Monterrey comenta que hasta el momento las corrientes internas lo han tratado bien, no lo han impugnado ni desmentido.

Diferencias con Morena

Basave lamenta la escisión del PRD que derivó en la creación de Morena. Y aunque apunta que son dos proyectos distintos de izquierda, admite que la separación debilitó al perredismo.

Señala que el problema de las escisiones es que se agudizan con el tiempo. Cuando Andrés Manuel López Obrador era perredista, tenía pugnas con algunas corrientes, principalmente Nueva Izquierda. Trataron de conciliar, pero hoy sus diferencias están exacerbadas.

“Ya se habló de la ‘esquizofrenia del PRD’ porque había un ala radical y una moderada. Se criticaba que había diferentes visiones, pero ahora esa división, esa separación, se hace más grande porque se compite, las facciones se convierten en adversarias, se generan heridas de guerra”, explica.

Reitera Basave que su visión difiere de la de López Obrador, pues el dirigente perredista cree en una izquierda democrática, propositiva, pero de firme oposición al gobierno priista, que califica de “corrupto e inepto”.

Otra diferencia con Morena, apunta, es que él como socialdemócrata cree que el cambio del país debe ser institucional y comenzar por una nueva Constitución, lo cual se plantea en los documentos básicos del PRD. No le parece atinada la idea, expresada por integrantes de Morena, de regresar a la Constitución de 1917, “donde por cierto no votaban las mujeres, dicho sea de paso”.

El partido “más difícil” de dirigir

El nuevo presidente del PRD encontró a la base perredista enojada con su antecesor, Carlos Navarrete, de Nueva Izquierda, por los resultados electorales del 7 de junio pasado. Está consciente de que, además de transformar internamente al partido, tiene enfrente el mismo reto que Navarrete: alcanzar buenos resultados en las 13 elecciones de 2016.

Porque la crisis del partido no data de los citados comicios intermedios, sino que derivó de la firma del Pacto por México en 2012 junto con el PAN y el PRI, de la incursión del crimen organizado en el partido que se descubrió tras la desaparición forzada de los normalistas de Ayotzinapa, de la conducción de Jesús Zambrano y posteriormente de Carlos Navarrete (ambos de la misma corriente política) y su acercamiento con el gobierno de Enrique Peña Nieto (Proceso 2030).

El PRD aún no se recuperaba de la feroz pugna que se desató entre sus facciones por su dirigencia en 2008. En noviembre de ese año el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación le dio el triunfo a Jesús Ortega, cabeza de Nueva Izquierda.

En las elecciones intermedias de 2009, el PRD sólo obtuvo 12% de los votos, y seis años después, en las de 2015, ganó casi 100 mil sufragios más, pero su porcentaje se redujo de 12.1 a 10.8%. En el Distrito Federal, que fue su principal bastión, perdió 106 mil 777 votos y pasó de 24.9% a 19.8% en el mismo periodo.

Escenario de sus mayores triunfos, la capital del país fue también el de la peor derrota del PRD en su historia. Ahora Morena es la primera fuerza política del Distrito Federal, con 22 diputados contra 19 del PRD en la Asamblea Legislativa, y cinco delegaciones. Sin embargo, el PRD tiene 56 diputados federales y Morena 35.

La militancia, de por sí molesta con Navarrete por la conducción del partido, se hartó. Durante sus 10 meses de gestión renunciaron los exjefes de Gobierno del Distrito Federal Cuauhtémoc Cárdenas, Alejandro Encinas y Marcelo Ebrard. Ya en 2012 lo había hecho López Obrador con militantes de base. Navarrete se jactó de que, según él, no eran más de 30.

Por lo anterior, la militancia pidió la cabeza de Carlos Navarrete y de Héctor Bautista, entonces presidente y secretario general respectivamente. En respuesta, Navarrete embaucó al Comité Ejecutivo Nacional (CEN): si se iba él, se iban todos. Ese fue el primer problema para Basave, el cual, señala, resolvió “en media hora”: el pasado 21 de noviembre se renovó ese órgano partidista.

Además, reconoce el dirigente, “mucha gente no sabe muy bien qué representa el PRD”. Dice, por ejemplo, que en la elección del pasado 7 de junio obtuvieron poco más de 4 millones de votos, cuando el partido tiene 4 millones y medio de militantes.

“¿Qué nos dice eso? Pues que muy poca gente, fuera de los perredistas, votó por el PRD. ¿Qué más nos dice? Que mucha gente, fuera del PRD, no sabe lo que representa el PRD. Por eso hablo de redibujar el perfil del partido”, reflexiona Basave.

Su apuesta de lograr el cambio, dice, implica tres desafíos: uno de unidad, otro de identidad y el de la integridad.

Frente al primero, Basave plantea terminar con las divisiones internas, en las que algunos perredistas caen al anteponer la lealtad a su corriente por sobre la que deben al partido.

El segundo se lograría respondiendo qué es el PRD, qué defiende, qué izquierda es, para decirlo a la sociedad con claridad.

Y admite que el tercero, el desafío de la integridad ética, es “quizás el más difícil”.

El negocio de las corrientes

“Acuerdo mata estatuto” era una máxima de los dirigentes del PRD cuando pactaban la repartición de cargos y candidaturas. Actualmente los acuerdos son instrumentos para hacer buenos negocios, afirman fuentes del partido consultadas por este semanario, que aceptaron hablar a condición de no exponerse a represalias.

Desde 1999, con Jesús Ortega como secretario general del partido, Nueva Izquierda controla los pactos mencionados. En el Consejo Nacional del 21 de noviembre se aprobó, a propuesta de esa corriente, crear la Secretaría de Estrategia Comunicacional porque Foro Nuevo Sol no quería “soltar” la de Comunicación, donde estaba la diputada federal Amalia García Medina.

La nueva cartera se le asignó a Cristian Israel Valiente Delgado, diputado suplente de José de Jesús Zambrano Grijalva, también líder de Nueva Izquierda y actual presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados.

Las fuentes perredistas afirman que Valiente es operador de Zambrano y que lo colocaron en esa secretaría para continuar con sus negocios, que consisten en negociar alianzas circunstanciales con el PAN, con el PRI o con determinados aspirantes a cargos de elección.

Durante la gestión de Ortega Martínez, de 2008 a 2011, se creó la Comisión de Afiliación a fin de conducir un procedimiento que costó 52 millones de pesos.

En septiembre pasado, el diario El Universal publicó que el Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas (Sintropía), creado por Jesús Ortega y dirigido por Érick Villanueva Mukul, de Nueva Izquierda, recibió del partido 3 millones 125 mil pesos entre 2014 y 2015 por organizar talleres, cursos de capacitación y congresos. Villanueva respondió que se trataba de una calumnia para afectar su imagen y la de Ortega.

En cuanto a las candidaturas, perredistas guerrerenses señalaron a Jesús Zambrano como el responsable de que José Luis Abarca fuera alcalde de Iguala. Éste difundió que le había pagado 2 millones de pesos a Zambrano; él lo negó (Proceso 2024).

En enero del presente año, el favorito en las encuestas previas a la elección de gobernador en el mismo estado, el senador Armando Ríos Piter, declinó participar en la contienda interna para elegir al candidato del PRD. Reveló que el entonces presidente del partido, Carlos Navarrete, le dio a entender que debía pactar con el exgobernador Ángel Aguirre Rivero, quien renunció al cargo y al PRD tras la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa.

La candidata fue Beatriz Mojica, también de Nueva Izquierda, cercana a Ortega y Zambrano. Tras perder la elección frente al priista Héctor Astudillo, Mojica fue electa secretaria general del PRD en fórmula con Basave, su presidente.

Puentes hacia todas partes

Apenas con tres semanas como dirigente perredista, Basave anunció con optimismo la incorporación de un político “importante” a las filas del PRD. El 13 de noviembre reveló que era René Arce Círigo, exguerrillero y fundador del PRD.

Arce renunció al partido en 2009. En 2011 apoyó la candidatura de Eruviel Ávila Villegas para gobernador del Estado de México y en 2012 a Enrique Peña Nieto para la Presidencia de la República.

En la entrevista, Basave defiende a su asesor reafiliado: “Entiendo las críticas. Las escucho, las respeto. Yo hablé con René antes de su reintegración. Él salió de aquí por problemas internos, discrepancias con diferentes grupos, pleitos. De alguna manera, digamos que lo empujaron.

“Yo hablé con él, particularmente del asunto de su paso, que no formal, pero sí de acercamiento al gobierno. Y él me dijo que eso estaba absolutamente superado, que no tenía nada que ver y no quería nada con este gobierno.”

Además, apunta, “yo necesito a alguien que conozca bien al partido para que me ayude, que lo conozca en la real politik”.

Arce fue diputado, asambleísta y jefe delegacional en Iztapalapa, donde su corriente, Nueva Izquierda (NI), tenía el control. Sin embargo en 2009, cuando era senador, presentó su renuncia a Jesús Ortega, entonces dirigente nacional, y se declaró independiente. En 2011 presentó su renuncia al coordinador de la fracción parlamentaria, Carlos Navarrete, y se unió a la bancada del PRI-PVEM.

El 18 de enero de 2014, Arce se afilió al Partido Nueva Alianza (Panal), fundado por Elba Esther Gordillo Morales, exlíder del magisterio oficialista y encarcelada por malos manejos de recursos sindicales, para buscar la candidatura a jefe delegacional en Iztapalapa por segunda vez. No lo consiguió debido que el Panal se alió con el PRD en el Distrito Federal.

El 12 de noviembre, Lídice Rincón Gallardo, hija de Gilberto Rincón Gallardo, y Heberto Castillo Juárez, vástago de Heberto Castillo Martínez, se reafiliaron también al partido del que sus padres fueron fundadores.

Respecto a los líderes que renunciaron al partido y han ratificado su decisión de no regresar a él, Basave destacó su intención de tender puentes, igual con Cárdenas y Encinas –que formaron la agrupación “Por México, Hoy”–, e incluso deja la puerta abierta para aliarse en 2018 con Morena y su “candidato natural”, López Obrador.