Se necesita regular, no criminalizar

Regular y no criminalizar el consumo de la mariguana es la propuesta básica del libro Marihuana y salud, coordinado por el doctor Juan Ramón de la Fuente y coeditado por el FCE y la Academia Nacional de Medicina de la UNAM. El volumen contiene los trabajos del Seminario de Estudios sobre la Globalidad realizado a principios de 2013. El exrector comenta a Proceso que la comunidad científica lleva años debatiendo sobre los usos medicinales de la mariguana, aunque ahora que el Congreso se apresta a abordar el tema deben privilegiarse la salud y los derechos humanos y terminar con la secuencia: primero prohíbo, después criminalizo y luego militarizo.

En su cubículo de la UNAM, donde coordina el diplomado Marihuana y Salud. De la molécula hasta el contexto social, Juan Ramón de la Fuente expone: “Yo empezaría por señalar como primer punto rumbo al debate sobre este tema que hay que regular el consumo de mariguana”.

Para el director del Seminario de Estudios sobre la Globalidad, la prohibición significa: esto es ilegal y, en consecuencia, quien haga algo ilegal va a estar sujeto a la justicia; es decir, se criminaliza la conducta.

“La secuencia es: primero prohíbo, después criminalizo y luego militarizo”, resume el exrector de la Universidad Nacional.

–Se refiere a la guerra contra las drogas, ¿verdad?

–Exacto. Y el enfoque al que yo me adhiero –lo he venido proponiendo desde hace tiempo y queda plasmado en el libro Marihuana y salud, publicado por el Fondo de Cultura Económica– privilegia en primer lugar la salud; en segundo, los derechos humanos, y en tercero, intenta darle al Estado una responsabilidad para que ese mercado lo regule él y no el crimen organizado, como sucede actualmente porque está prohibido (el consumo).

“Considero que como parte del debate y si los legisladores así lo consideran, buena parte de esos recursos que están utilizándose para comprar armamento y equipo militar en la guerra contra las drogas, se usen para generar más centros de atención y de rehabilitación, con programas preventivos y educativos.

“Regular es descriminalizar, y la regulación ya permite hacer algunas distinciones. Por ejemplo, decir: ya que la mariguana es una droga –y ninguna droga es innocua–, no debería ser usada o consumida por menores de edad porque, como se demuestra en nuestro libro, su sistema nervioso central no está suficientemente maduro, es más vulnerable. Yo no estaría a favor de que en un marco regulado los jóvenes menores de 18 años pudieran fumarla.”

El currículum de De la Fuente, doctor honoris causa por varias universidades mundiales, es impresionante. Egresado de la Facultad de Medicina de la UNAM y de la Clínica Mayo de Rochester, Minnesota, ha sido catedrático en la máxima casa de estudios desde 1980, donde fue director de su facultad y coordinador de investigación científica.

También fue secretario de Salud en el gobierno federal y presidente de las academias Nacional de Medicina y Mexicana de Ciencias; asimismo presidió la junta directiva de la ONU contra el sida, la asociación Internacional de Universidades en la UNESCO y el Consejo de la Universidad en las Naciones Unidas. Actualmente se halla al frente del consejo del Aspen Institute México.

De la Fuente abunda:

“En un esquema de regulación podríamos analizar también el potencial medicinal de la mariguana en algunos casos. Entonces, en la regulación yo estaría a favor de que se dijera: para fines medicinales en estas y otras condiciones sí se permite (consumirla, pero) bajo prescripción médica.

“Lo que pasa es que cuando la gente escucha las palabras descriminalizar, despenalizar o legalizar, piensa que lo que se está proponiendo es que todo mundo pueda fumar mariguana a cualquier hora en todos los lugares, sin importar la edad ni las dosis. Y eso, evidentemente, no es lo que quiere decir descriminalizar, despenalizar o legalizar.

“Lo que la legislación nos va a permitir es empezar, en función a los daños que la mariguana causa en la salud, a tener un esquema en el que pueda distinguirse claramente qué se puede, qué no se puede, dónde se puede y dónde no se puede, en lugar de este esquema prohibicionista que nos lleva a la criminalización y cuyo derivado siguiente ha sido la militarización.

“Ojalá que el debate en el Congreso logre esto como un primer punto de acuerdo general, porque es importante que el Estado asuma una responsabilidad y regule el mercado de la mariguana.”

Evidencias científicas

Durante los primeros meses de 2013, la Academia Nacional de Medicina y la Facultad de Medicina de la UNAM, a través del Seminario de Estudios sobre la Globalidad, emprendieron una revisión sistemática sobre la relación entre la mariguana y la salud.

Los resultados aparecen en el libro Marihuana y salud, coordinado por De la Fuente. En él participaron eminentes investigadores de la UNAM, el Instituto Politécnico Nacional, la Universidad Autónoma Metropolitana y otras instituciones: Dení Álvarez Icaza González, Mario Melgar Adalid, Óscar Próspero García, Luciana Ramos Lira, Rodolfo Rodríguez Carranza y Gady Zabicky Sirot.

El volumen, presentado por Enrique Ruelas Barajas e introducción de Juan Ramón de la Fuente, consta de seis partes: Botánica, química y farmacología de la cannabis sativa. El sistema endocannabinoide; magnitud, tendencias y factores asociados al consumo de marihuana; el impacto biológico, psicológico y social del consumo de la marihuana; aspectos socioculturales relacionados con el uso de la marihuana; programas preventivos y manejo terapéutico integral del usuario con consumo problemático de marihuana, y la marihuana medicinal.

Se ofrecen conclusiones al término de cada capítulo, para culminar con una extensa bibliografía y más de 20 páginas con un glosario (que aclara el significado específico a términos como “descriminalización”, “despenalización” y “discriminación”).

“Cuando realizamos este proyecto con la Academia Nacional de Medicina en la UNAM –relata De la Fuente– hace poco más de dos años nos dimos cuenta que había una gran confusión y muy poca información sobre este tema bastante controvertido, polémico; por ello decidimos publicar nuestro libro en lenguaje accesible al lector interesado.

“Es un texto escrito por expertos pero en un lenguaje accesible, que además cubre muchos temas, desde la botánica de la planta. Alguien puede preguntar cuántas sustancias activas tiene y aquí se explica: son más de 400 y al menos 70 son del tipo de las cannabinoides, del tipo delta 9 tetrahidrocannabinol, que es el de efecto más potente sobre el esquema nervioso.

“Para quien se interese en saber si el consumo de mariguana genera violencia, en el capítulo Marihuana y violencia se revisa toda la evidencia de la literatura y se llega a la conclusión, con base en los estudios que se han hecho en el mundo, que no hay ninguna evidencia para vincular el consumo de la mariguana con la conducta violenta.”

–¿Por qué le interesó el tema de la mariguana y decidió asumirlo e impulsarlo como un compromiso social? –se le pregunta.

–En primer lugar, por un genuino interés como psiquiatra desde hace más de dos décadas, pues las drogas han sido mi campo de estudio profesional. A veces me parece un tanto ingenuo cuando alguien dice que le parece bien este debate, cuando nosotros en la comunidad científica llevamos debatiendo esto casi 30 años.

“Ya después, hace unos 12 años empezaron a aparecer estudios de que la mariguana tenía algunos efectos benéficos y que no todo el consumo era dañino. Entonces me interesé más. Luego revisé los datos de lo que estábamos haciendo en México, metiendo a la cárcel a la gente sin que hubiera otra razón más que eran usuarios. Esto me pareció una enorme injusticia derivada de la ignorancia. Uno como universitario, como médico y como científico, también tiene la obligación de asumir compromisos para ayudar a construir una sociedad un poquito mejor a la que tenemos.

“Cuando propusimos por primera vez en 2014 un seminario sobre mariguana y salud en la UNAM con valor curricular, hubo mucha oposición. Finalmente, con el apoyo del entonces director de la Facultad de Medicina y hoy rector Luis Graue Wiechers, fue un éxito.”

Se le pide su opinión en torno a los diversos argumentos esgrimidos en contra de la legalización de la mariguana, como los publicados la semana antepasada por el psiquiatra Luis Mendoza Bolio en Debate sobre la mariguana (Palabra de Lector, Proceso 2037), a raíz de la resolución de la Suprema Corte de Justicia de aprobar el cultivo y el consumo recreativo de la yerba a cuatro ciudadanos.

“Lo que habría que aclarar a este amable lector y a cualquier otro –ni siquiera lo personalizaría, porque insisto en reconocer que todas las opiniones son respetables– es ¿por qué no revisan con todo cuidado la evidencia?”

Y añade: “Se ha dicho tantas veces que la mariguana produce esquizofrenia. Pues aquí está en el libro toda la evidencia según el último estudio de investigadores de Harvard, donde contundentemente se dice: la mariguana no produce esquizofrenia”.

–¿Es la mariguana puerta de entrada para otras drogas?

–Los estudios que se han hecho no le dan la razón a esa tesis. ¿Cómo se hacen esos estudios, que son complicados? Tomas una población grande de gente que use cocaína, metanfetaminas o heroína. Después clasificas estos grupos para ver cuántos de esos usuarios o usuarias previamente habían consumido mariguana y cuántos no.

“Comparas si un grupo es mayor que el otro. La respuesta es que no es mayor… Esa es una evidencia bastante clara que la ciencia acepta.

–El sexto capítulo de Marihuana y salud investiga los usos medicinales de la cannabis sativa y sus beneficios a la salud.

–Son de los temas que precisamente estamos tratando de aclarar con base en la evidencia científica de la que se dispone. Lo que se ha logrado comprobar es que hay ciertas condiciones en que el uso médico de la mariguana resulta altamente benéfico. Por ejemplo, en niños con epilepsia y estados convulsivos, que son resistentes a los tratamientos tradicionales.

“No es uno, sino ya muchos los casos en los que se ha visto que el uso de los derivados cannabinoides controlan –no estoy diciendo que curen– convulsiones en niños que otras sustancias no son capaces de controlar.

“En Gran Bretaña ya existe un compuesto en el mercado específicamente autorizado para el control de espasmos musculares en una enfermedad terrible como es la esclerosis múltiple.

“Cuando decimos que la mariguana medicinal tiene un lugar en los derechos humanos y en la salud pública, estamos hablando de preparaciones que se presentan en cápsulas, en gotas, en pastillas. Nadie que yo conozca, cuando hablamos de mariguana medicinal y que le entienda al tema, piensa que un médico le va a decir a un enfermo: ‘Fúmese usted unos churritos de mota’.

“En todo caso, si padece alguna condición de éstas le va a decir: ‘Aquí hay unas pastillas que se tiene que tomar; le voy a mandar a hacer unos análisis. No debe ingerir más de la dosis indicada, tómelas antes o después de los alimentos, según el caso, y me viene a ver en dos semanas más’. Es decir, lo que ocurre es que hay derivados de la planta que se procesan química y farmacológicamente y se convierten en pastillas o cápsulas, para crear la mariguana medicinal.

“A pacientes con cáncer, que tenían náusea y vómito muy severos por tratamientos de quimioterapia, se les han quitado. No en balde muchos estados de la Unión Americana han aprobado la mariguana medicinal. ¿No es acaso un derecho que estos pacientes puedan acceder a sustancias que les controlen sus síntomas?

“¿No tienen derecho los papás de la niña Grey, quienes se ampararon con un juez de distrito para que les permitieran importar ese tipo de medicinas para controlar las convulsiones de su niña? Pues yo pregunto si alguno de nuestros amables lectores tuviera una niñita, una hijita con un problema de esta naturaleza, iría y se ampararía para poder resolver el problema.”

Por lo mismo, insiste, “ahí es donde el Estado tiene que regular, porque militarizando el tema va a seguir habiendo muertos, desaparecidos. Peor aún, para rematar, continuará una corrupción que me parece es imbatible.

“Muchas de esas dudas ahora podrían resolverse y eso va a permitir que el debate sea mucho más rico. Ojalá que las y los legisladores o sus asesores le den una revisada al texto del libro para que el debate pueda ser más rico. Mi posición es convencer para un debate en base a las evidencias científicas, no imponer mi punto de vista.”

En abril de 2016 se llevará a cabo una nueva sesión especial de la Asamblea General de Naciones Unidas sobre drogas. Y aunque la participación de México no será determinante, “sería oportuno que se pudiera explicar por qué fue nuestro país el que, junto con Guatemala y Colombia, solicitó la realización de una reunión de esta naturaleza al organismo internacional”, concluye De la Fuente.