Reporteros exiliados

El más reciente filme del documentalista Everardo González, El Paso, que se estrenará en el festival michoacano en curso, aborda los casos de dos reporteros, Ricardo Chávez Aldana y Alejandro Hernández Pacheco, que pidieron asilo político en Estados Unidos por amenazas de muerte. Sus medios, Radio Cañón de Ciudad Juárez y Televisa de Torreón, los dejaron solos.

Tras sus destacados documentales La canción del pulque (2003), Los ladrones viejos (2007), El cielo abierto (2011) y Cuates de Australia (2011), Everardo González Reyes decidió crear otro, El Paso, “para rendir un homenaje a los reporteros mexicanos, los cuales son voces perseguidas, silenciadas, exiliadas y asesinadas, que en ocasiones han sido desprotegidos por sus medios, que recibían vulnerabilidad y malos salarios a cambio de amenazas, zozobra y pesadillas”, explica el realizador.

El Paso se estrena y compite en la Sección de Documental Mexicano de la 13 edición del Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM), el cual se inició el viernes 23 y finalizará el 1 de noviembre. La cinta está centrada en tres personajes: dos periodistas del país que pidieron asilo político al gobierno de Estados Unidos por ser amenazados de muerte: Ricardo Chávez Aldana y Alejandro Hernández Pacheco (a quienes abandonaron los medios para los cuales trabajaban, Radio Cañón en Ciudad Juárez y Televisa), así como su abogado, el texano Carlos Spector.

González Reyes, quien ha sido premiado en festivales como el International Documentary Filmfestival Amsterdam (IDFA), Toulousse, Los Ángeles, Locarno, Miami, Montreal, Sarajevo, Rotterdam, Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente, Mar de Plata, Guadalajara y Morelia, entre otros, explica a Proceso que tardó tres años en elaborar el filme de 76 minutos:

“Intenté además efectuar un retrato de cómo viven las familias de esos dos reporteros en El Paso, Texas, uno de los estados más discriminatorios con la inmigración.”

El reconocido cineasta argumenta sobre su filme en la Ciudad de México, antes de que se inicie el FICM:

“No se trata de plumas poderosas, sino de los reporteros que no cuentan con los reflectores y se convierten en los eslabones más frágiles de la cadena noticiosa. Son los reporteros quienes siguen las instrucciones, las órdenes y los criterios informativos de los editores de los medios.”

En la pantalla se ve a Chávez Aldana como mesero en un local de comida rápida, y cuenta que el 10 de diciembre de 2009 fue obligado a pasarse a Estados Unidos sin papeles, con su esposa e hijos, tras recibir por teléfono una serie de amenazas de muerte a su familia. Antes ya habían asesinado a dos de sus sobrinos, Diego y Argenis, de 15 y 17 años. Su familia habla de sus miedos, de que nunca pretendieron vivir en el país vecino y de cómo cambió su vida.

En tanto, Hernández Pacheco, excamarógrafo de Televisa Torreón, también pidió asilo político en Estados Unidos. Llegó a El Paso con visa de turista el 22 de agosto de 2010 y su familia lo siguió cuatro días después. Explica en la cinta que en julio de 2010 fue secuestrado por el Cártel de Sinaloa, junto con otro camarógrafo y reportero, cuando cubría una protesta en el penal de Gómez Palacio, Durango. Para liberarlos, le exigieron a Televisa transmitir unos videos donde amenazaban a Los Zetas. Los delincuentes los soltaron, y cuando las autoridades se percataron de su libertad, los transportaron a la Ciudad de México con la promesa de hablar con el presidente Calderón, pero sin pedir su opinión los presentaron en una conferencia de prensa con Genaro García Luna, donde éste montó un show ya que la Policía Federal no los liberó. A Hernández Pacheco Televisa lo dejó solo.

Ahí, Spector comenta que el gobierno mexicano actúo de forma imprudente al exhibir a Hernández Pacheco y a otros colegas como testigos contra el Cártel de Sinaloa, exponiendo su vida al peligro.

–¿Por qué se interesó en abordar el exilio de estos dos periodistas? –se le pregunta al egresado de la carrera de Comunicación Social de la Universidad Autónoma Metropolitana, y de cinematografía del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC).

–Tengo mucho vínculo con la prensa desde hace muchos años, quería dedicarme al periodismo, y después, en el periodo previo a realizar Los ladrones viejos, estuve muy cercano a la fuente policiaca. Creo que el haber convivido con muchos reporteros me sensibilizó con respecto a su trabajo. Entre las primeras situaciones que me molestaron y llamaron mi atención fue ver los bajos sueldos que recibían los fotógrafos y los reporteros, que son los que salen a cubrir la nota diaria, y en mi opinión son los más vulnerables de toda la cadena informativa en un escenario como el México actual. Entonces siempre quise laborar algo con los reporteros.

“Y Bertha Navarro me invitó a trabajar un documental sobre la persecución a la libertad de expresión, a la libertad de prensa. Y teníamos visiones distintas, quería que me basara en periodistas de grandes nombres, pero siempre he pensado que los grandes nombres tienen un cierto blindaje, incluso a nivel internacional, aunque por supuesto peligran en ocasiones. Tienen vínculos con el poder, o con los empresarios de los medios, en fin. Y para mí, los reporteros o corresponsales definitivamente sí afectan los intereses inmediatos. El reportero lo que hace es ganarse la vida básicamente, lo poco que gana es para mantener a su familia. Entonces yo estaba haciendo otra película que no se pudo financiar en ese momento, pero que se está financiando ahora. Es un ensayo sobre el miedo en México, y de ahí se desprendieron esas dos historias, las de Ricardo y Alejandro.”

Los productores de El Paso son Roberto Garza y Bertha Navarro. También el Fondo para la Producción Cinematográfica de Calidad.

Problema del que no se habla

–Se aborda poco el tópico del asilo político que varios mexicanos han pedido a otros países por la violencia en el país, ¿verdad? La película empieza con un dato: que en 2014 casi mil 400 mexicanos solicitaron asilo al gobierno estadunidense.

–Difícilmente hablamos de nuestros propios expulsados para el asilo político; yo partí de una imagen que me conmovió mucho, la de Ricardo, quien para medio de ganarse la vida en El Paso había trabajado en la jardinería y que trabajaba como mesero en un changarro de comida rápida, El Chisco’s Tacos. Pero había sido un reportero, fue voz y medio de gente en un periodo muy complejo, cuando Felipe Calderón lanzó el operativo Conjunto Chihuahua al enviar militares y federales para desarticular los cárteles del Golfo y de Los Zetas.

“Por otro lado encontré la historia de Hernández Pacheco, un ejemplo de lo que pasa con muchos reporteros que no necesariamente cubren violencia, pero que por el oficio se ven de repente en una circunstancia desfavorable que los lleva al riesgo. Estaba en deportes, y con su secuestro por primera vez trataron de arrodillar a un medio tan poderoso como lo es Televisa, y esa empresa decide sacrificar a su trabajador. ¡Terrible…!”

–En el documental, llama mucho la atención la presencia de Spector, el abogado defensor. ¿Qué opina de él?

–Él va a estar en la Ciudad de México el próximo 7 de noviembre para una proyección de El Paso en el Centro Cultural España, y hablará sobre el asilo político. Spector es un activista que posee opinión política y entiende lo relevante que es tener opinión política. Su trabajo es lograr el asilo político y evitar la deportación de muchos mexicanos perseguidos, y si no me equivoco sólo ha perdido un caso. Es un hombre muy relevante en un estado muy antimexicano, en donde la detención es prácticamente inmediata si eres mexicano o centroamericano pidiendo asilo político, y a veces te apresan por un año en lo que investigan el caso.

“Imaginemos a las familias que vienen corriendo porque masacraron a sus hijos o a sus hermanos, y en cuanto cruzan van presos por un año, es una doble injusticia, pero es una política de disuasión. No sucede lo mismo con el exiliado cubano ni con el exiliado venezolano, prácticamente entran y después averiguan, pero en libertad. Es parte de las complejidades que tenemos con Estado Unidos y parte de los absurdos de no tener una política migratoria que sea de alguna manera correspondiente.”

El Paso también refleja cómo estos reporteros se quedan en la orfandad: ni el gobierno mexicano se ocupa de ellos ni el gremio periodístico:

“Es parte del gran problema, y a muchos no les va a gustar, pero el gremio periodístico es muy poco solidario, no encuentro la razón de por qué frente al problema de persecución a la libertad de prensa y al oficio de periodista no se ha convocado a un paro nacional para presionar al Estado para que haga algo por la defensa de su trabajo de base. La imagen de la película es que todos viven en un limbo. El limbo es el aislamiento, es la soledad, es la desesperación, es el deseo de volver al país natal.

“Los tres personajes de alguna manera son un ejemplo de lo que sucede en México.”

Ricardo Chávez Aldana y Alejandro Hernández Pacheco ya obtuvieron su asilo político, aunque el primero todavía requiere otro año para alcanzar la residencia.

“Todavía está en un limbo, pero tiene posible solución”, expresa González Reyes.

El mayor logro para el documentalista es que dos amenazados de muerte sintieran la confianza de hablar con él:

“Que me dejaran entrar a sus casas y retratar su vida se dice fácil pero es complejo, es una relación compleja, y este proyecto me deja también una mirada de un país que es el horror. Es duro ver al Estado coludido con el crimen, eso es lo terrible porque es una sensación de orfandad para todos. Si el Estado no nos protege, no nos protege nada.”

–¿Qué piensa de que el periodismo sea la profesión más peligrosa en México?

–Eso nos pone en el nivel de África del norte, eso nos hace recordar que seguimos siendo del tercer mundo.

Su deseo es que El Paso sea una película útil, que se vea:

“Ojalá y la usen las organizaciones. Es un retrato de la persecución a la prensa sin esa violencia a cuadro. La violencia es silenciosa, así es estar amenazado de muerte, es siempre una zozobra silenciosa, es algo que difícilmente se comparte, es como el cáncer, porque aunque lo compartas no vas a encontrar eco, entonces eso es un limbo.”

Y finaliza:

“Afortunadamente ya puedo distribuir el documental yo mismo, tengo una compañía de distribución, entonces voy a enjaretarlo para que se vea, si no este año, el próximo.”