Espléndida por las obras que contiene y muy sugerente como proyecto curatorial, la exposición Deus ex machina. Boris Viskin, que presenta la Galería Le Laboratoire, nos recuerda que en México todavía hay artistas y promotores que le apuestan al arte y no a la espectacularidad del evento, del tumulto o de la resonancia mediática.
Concebida entre el galerista Julien Cuisset y el pintor conceptualista Boris Viskin, la muestra presenta un territorio temático que ha acompañado la creación del artista desde la pasada década de los años noventa: el alejamiento de Dios que generan los fanatismos o imposiciones de religiones como la católica y la judía.
Nacido en 1960 en la Ciudad de México, educado en la tradición judía y residente en Israel de los 11 a los 22 años, Boris Viskin ha desarrollado un pensamiento artístico que fusiona convenciones pictóricas, sígnicas y objetuales de referencia religiosa: la sensación de lo divino inconmesurable a través de atmósferas lumínicas o espacios monocromáticos, la imposición de creencias y conductas fanáticas a través de símbolos, y la identidad bicultural del artista develada en el uso de ornamentos virreinales y referencias visuales modernistas.
Sin temor a recurrir al humor, a la afectividad o a iconografías de creadores tan críticamente político-religiosos como el conceptualista alemán Joseph Beuys, Viskin expone una narrativa visual que seduce por la pictoricidad de poéticas abstractas, la expresión gráfica de símbolos y el encuentro de objetos que remiten a estéticas artísticas, ornamentales y populares. Con monocromos negros que sin referirse directamente al modernista Kazimir Malevich evocan la luminosidad de la deidad con el fuego de una vela, con pizarrones que no sólo recuerdan a Beuys sino también a la divinidad con la palabra Dios y el tetragrama Yaweh, y con ensamblados que homologan la resurrección con la transformación de la materia –el pie de un estofado virreinal en un polín de madera de futuro infinito–, las obras de Boris Viskin establecen un extraño y atractivo vínculo entre el arte, la crítica religiosa y la experiencia –o deseo– de lo divino.
Sin temor a deconstruir visualmente convenciones y tradiciones, Viskin homologa signos que inciden en la destrucción de la humanidad: cruces, dinero, suásticas, soldados de juguete.
Con una estética que magistralmente vincula el lenguaje pictórico con el conceptual, Deus ex machina –título inspirado en el contexto teatral de la tragedia griega y que en la tradición moderna remite a que la solución creativa puede encontrarse en lo imprevisto–, recuerda los planteamientos del teórico de la religión Rudolf Otto quien ubicaba en lo misterioso y fascinante el origen de la experiencia religiosa.
Acompañada de un sugerente catálogo que a manera de misal recorre el vínculo entre Boris Viskin y la deconstrucción de su religiosidad, la muestra puede visitarse tanto en la galería como en https://lelaboratoire.mx/index.php/15-expos/88-expo2015-06.








